Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural
B-elninio.jpgENCCLICA.jpgalainza.jpgprop.jpgzcoverConvocatoria.jpg

 

Propuestas Económicas Productivas

Tal vez quienes representan hoy a España podrían aprender de la Bolivia plurinacional, una de sus antiguas colonias: la capacidad de poder ser a la vez un Estado unitario y también pluri-nacional. El punto de partida es que el concepto de “nación” tiene una historia mucho más antigua que el de “Estado”, dentro de un amplio margen de maniobra de ambos en su concepción.

 

Tanto la nación como el Estado ya estaban presentes desde antes de la Colonia, aunque con otros nombres. Por ejemplo el Tawa-ntin-suyu (los cuatro suyus unidos). El nombre mismo nos habla de cuatro categorías territoriales “estatales” que confluían en la ciudad capital del Cusco; cada suyu con sus muchas “naciones” (culturales) hasta llegar a cubrir todo el imperio incaico: Qulla y Chinchay, siguiendo las serranías andinas; y de forma perpendicular cruzando esas diversas serranías, hacia la selva amazónica (Anti), y hacia el mar (Kunti). A niveles inferiores había otros suyus (territorios) sean “estatales” o “nacionales”.

Ya en la Colonia, el célebre lingüista Ludovico Bertonio (1612) habla de las numerosas naciones aymaras que confluían en la mita de Potosí, la principal proveedora de plata para el imperio español. En las grandes insurrecciones de 1780-1783, que abarcaron desde el sur de Perú hasta el norte de Chile y Argentina, las tropas indígenas insurrectas venían de numerosas “naciones” quechuas, por el lado de los Amarus; y aymaras por el lado de los Kataris. Y ambos ponían en jaque al Estado colonial español y a sus virreyes de Lima (ya antiguo) y de Buenos Aires, recién creado.

Con la independencia en el siglo XIX, todo se repartió a los vencedores en función del uti possidetis (“tal como lo poseíais antes”). Por eso, la “nación” aymara quedó dividida al norte para el Estado del Perú, incluyendo el departamento (estatal) de Puno, que antes de crearse el virreinato de Buenos Aires era “posesión” del virreinato (estatal) de Lima y de la audiencia (estatal) del Cusco. Y el resto era para el Estado de Bolivia. Fue recién entonces que estos nuevos Estados empezaron a reservar (o usurpar) también para sí la posibilidad de ser también una nación-Estado. Fue un acto fallido, porque, reconózcanlo o no, son muchos los Estados plurinacionales.

Ahora, desde el ascenso del aymara Evo, Bolivia se denomina Estado Plurinacional porque cada grupo étnico es reconocido como “nación”, con sus propias autonomías, que en este caso les vendría desde antes de que Bolivia, Perú, ¿España?, etc. fueran un “Estado”.

Cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) incluye una sección de “naciones sin Estado” se refiere sobre todo a naciones que pretenden ser Estado, como Cataluña. La ONU debería llamarse “de Estados Unidos”, si no existiera una nación-Estado así llamada.

Aterricemos en el actual conflicto entre el Gobierno central de España y los catalanes, que tiene una historia mucho más larga y compleja, sobre la que no puedo ni quiero entrar. Desde mi distante perspectiva boliviana, me parece que un momento clave fue cuando el Tribunal Constitucional de España, después de deliberar cuatro años, rechazó en 2010 el Estatuto catalán, que ya había sido refrendado por todas sus instancias locales con una aprobación del 70% de los electores.

Dijo Rajoy: “No cabe que Cataluña sea una nación, ya que desde el punto de vista constitucional, no hay más nación que la nación española”, y a esa nación “no pueden equipararse las nacionalidades y regiones que integran su indisoluble unidad”. Desde entonces se han multiplicado las voces y banderas catalanas por su independencia. ¿No podría ensayarse también en España lo del Estado plurinacional?

 

 

(*) Xavier Albó es antropólogo lingüista y jesuita

CIPCANotas

Suscripción CIPCANotas

Enlaces