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Mujeres del Norte Amazónico boliviano y efectos del coronavirus en sus vidas

Mujeres del Norte Amazónico boliviano y efectos del coronavirus en sus vidas

Productora del Norte amazónico con sus hijos en su chaco. Foto: Ximena Humerez

Autor: Iris Arianne Martinez Paredes, técnico área social CIPCA Norte Amazónico.
Fecha: 13/04/2020

El 21 de marzo se declaró cuarentena total en todo el país, desde entonces, han ocurrido hechos sociales que empujan a reflexionar el impacto de la pandemia en nuestra sociedad. En el Caso del Norte amazónico de Bolivia, en el departamento de Pando se destaca el informe del director de SEDES, quien indicó que el 70% de la población cumple las medidas  de emergencia sanitaria decretada por el gobierno nacional, pero, por otro lado se han visto protestas en diferentes barrios del municipio de Cobija y en otras áreas rurales del departamento por la falta de alimentos. A la semana siguiente de haber decretado cuarentena total, en el municipio de Riberalta, del departamento de Beni se produjo una marcha de vecinos, promovida por sindicatos de mototaxistas, exigiendo alimentos y se flexibilice la medida del aislamiento. Entre las voces principales de esta protesta se encontraban mujeres, quienes sumidas en llanto manifestaban no tener para cocinar y alimentar a sus hijos.

Hasta el momento, se presume la cuarentena como la medida más acertada para prevenir la propagación del el COVID-19. Esta medida que implica el aislamiento social, permite reconocer los alcances de lo que se denomina la esfera privada y la esfera pública. La esfera privada es el espacio donde interactúa la familia y se realizan las actividades básicas para mantener la supervivencia, es decir el hogar. La esfera pública en cambio es donde se desarrollan relaciones sociales en base a un interés común, y donde existe una autoridad común para todos, como el gobierno, y, se desenvuelve la capacidad productiva y política del colectivo social. Con la Medida de la cuarentena, las necesidades que antes eran respondidas en la esfera pública, como la educación, el trabajo, etc. y que estaban a cargo del Estado como parte de sus roles, se han detenido o han pasado a ser parte de la esfera privada. En ese plano, nos preguntamos ¿Quién se hace cargo de las actividades básicas de supervivencia en el hogar? ¿Cuál es el rol de las mujeres?

Es importante reflexionar cómo las mujeres desde sus roles dentro el hogar, históricamente impuestos por el patriarcado, encaran la emergencia sanitaria, y qué posibles amenazas pueden sufrir ellas y sus familias después de la cuarentena. Para que así se tome en cuenta el delicado estado en que se encuentran las familias en la Amazonía norte, y las mujeres en general. Pensando en la necesidad de una planificación estratégica que incluya propuestas para mitigar los impactos negativos que las medidas de prevención han producido en la vida cotidiana.

Se ha visto en las redes sociales ¨memes¨ de varones realizando compras con listas y bolsas de mercado para el abastecimiento de alimentos, lo que indica que existe la necesidad de compartir las labores del hogar debido a las restricciones que existe para las salidas fuera del hogar, sin embargo, esto no quiere decir que sea una generalidad. En la esfera privada, es decir el hogar, quien continúa llevando bajo su responsabilidad los cuidados de la familia es la mujer, como se muestra en el siguiente gráfico:

 

Gráfico: Uso del tiempo por sexo, según región

Fuente: María del Carmen Sánchez, en Memoria Foro Nacional ¨Mujeres Rurales, economía y producción campesina indígena, Pág. 47; 2016¨


A diferencia de otras regiones, el Norte Amazónico tiene un porcentaje elevado de mujeres que tienen a su cargo el trabajo del cuidado de la familia, diferente de los varones. Esto se encuentra relacionado a la actividad económica de las familias del Norte Amazónico, donde la mayoría se dedica a la producción agroforestal, y en ello el rol de la mujer es principalmente de cuidadora del hogar.

Usando los anteriores datos como punto de partida. En el contexto del Coronavirus, una de las principales tareas para la supervivencia es la alimentación. Esta tarea en el Norte Amazónico se encuentra amenazada, ya que los alimentos que contienen vitaminas y proteínas como las verduras, son escasas y han subido de precio.  Esto genera preocupación en la mujer: 

“Ya no hay verdura, entonces estoy variando con lo que es castaña molida, para que podamos tener un poco de alimentación más vitaminada. Como se dice, la mujer es una arquitecta en el tema de la alimentación, así que tengo que dar variedad. Así la estamos pasando, pero ya estamos al límite de los que teníamos”. (Doris Domínguez Ecuari, Presidenta de la Coordinadora de Integración de Organizaciones Económicas Campesinas (CIOEC) de Pando.

Las mujeres son las que cargan con el rol de alimentar a la familia, lo que les causa mucha preocupación por que se hace cada vez más difícil acceder a la compra de verduras y otros productos, además lo que tenían de reserva se va terminando. Los hogares de la amazonia Norte, mayormente, están compuestos por una familia extensa, es decir, abuelos, nueras, hijos, nietos, tíos, tías, etc. que viven en un mismo espacio. En donde las condiciones de las casas son precarias. Entonces la alimentación generalmente es compartida y se termina más rápido.

En este contexto, la importancia de la alimentación frente al COVID-19 toma preminencia por la necesidad de una dieta nutritiva para fortalecer el sistema inmunológico y así prevenir el contagio o la mortalidad por virus y/u otras enfermedades:

“La gente se abastece de sus Chacos, tenemos yuca, plátano, arroz y nuestros animales, gallina, pescado, jochi, las verduras es lo que no hay”, destaca Tatiana Galarza, dirigente campesina  del municipio El Sena.

En estas regiones acceder a ese tipo de alimentación amerita realizar gastos mayores, mientras que económicamente la familia campesina se encuentra en un estado crítico, como explica Edimilson Ramirez Navarro, joven campesino del municipio de Puerto Rico

“Sobrevivimos con lo poco que nos dejó este tiempo de zafra. Es preocupante porque no tenemos para comer a diario, para la canasta familiar, Económicamente los más afectados somos el sector más bajo. Con decirle que hace dos días atrás, aquí el vecino de al lado no tenía ni para comer, ni comprar un kilo de carne, nosotros estábamos al borde de pasar eso, y tuvimos que prestarnos un dinero y pasar con eso unos días. Vamos a sufrir las consecuencias muy drásticamente”.

La actividad de la zafra o recolección de castaña es la actividad productiva principal de todo el Norte Amazónico boliviano, familias enteras, mujeres y varones, se dedican completamente a la zafra y su economía depende de la comercialización de la castaña. En el estudio realizado por CIPCA “Ingresos Familiares Anuales (IFA) de campesinos e indígenas en Bolivia” (2018), establece que el ingreso anual de las familias campesinas en el Norte Amazónico es de Bs. 32.404, monto demasiado ajustado, considerando a familias de cinco miembros en promedio, hablamos de un ingreso per cápita anual de Bs. 6,572. Además, el IFA nos brinda los siguientes datos en referencia al grado de pobreza, donde el 54.4% de la población que se encuentra dentro la cobertura territorial de CIPCA Norte Amazónico – en Pando los municipios de Puerto Rico, Bella Flor, Filadelfia, El Sena, San Lorenzo, Puerto Gonzalo Moreno, Villa Nueva, San pedro (conquista); en Beni los municipios Riberalta y Guayaramerín- se encuentran en una situación de pobreza moderada. Con esta población CIPCA ha trabajado los sistemas agroforestales (SAF), que permite una producción variada para las familias y que no dependan solamente de la castaña, lo que en contextos como estos demuestran sus beneficios, pero, es un proceso que se encuentra en pie. Mientras tanto la población mantiene su dependencia económica de la recolección y venta de castaña.



Antes de la llegada de las primeras personas infectadas con el COVID-19 al país, a inicios del presente año se produjo la caída del precio internacional de la castaña, lo que ha originado una crisis a nivel regional, obstaculizando el tráfico de vehículos por el bloqueo de caminos llevado a cabo por las comunidades campesinas e indígenas, demandando un mejor precio por la caja de castaña. Apenas superado este conflicto y haber acordado con el gobierno un precio racional por el producto, se genera la actual crisis del COVID-19, profundizando aún más la comercialización de este producto. En este sentido, la mayor parte de las familias quedaron sin poder venderlo, razón por la cual, están optando por intercambiar por otros productos o vender el mismo por un precio menor al que se había establecido. Ante este panorama complejo, a la mujer no le queda más que administrar la economía familiar para alcancen sus pocos ingresos para sobrevivir el período de cuarentena y para el resto del año. Por ello el costo de algunos alimentos excede de su presupuesto, y la alimentación nutritiva se presenta como un privilegio social y no como un derecho.

Al mismo tiempo, otras tareas de supervivencia que tiene a su cargo la mujer es la salud y la educación.  Actualmente las mujeres informan que, cuando sus hijos enferman deben asumir su atención en el hogar y con sus conocimientos básicos de cuidado calmar algún dolor, además que se encuentran preocupadas ante cualquier síntoma del COVID-19, pues para quienes viven en comunidades lejanas no sabrían cómo actuar. Sumado a ello sobreviene las actividades educativas que en el sistema educativo no se paralizó, y a partir de ¨clases virtuales¨ o tareas encomendadas a los hijos e hijas, las madres también asumes el rol de profesoras. Todas estas tareas que, en cierta medida, estaban a cargo de las instituciones de la esfera pública, al encontrarnos en cuarentena, son desenvueltas en la esfera privada del hogar, y quedan como responsabilidad de la mujer, redoblando su carga doméstica.

Esta dura situación para las mujeres del norte amazónico de nuestro país, resalta que es un problema estructural. La inminente crisis económica mundial y nacional que se avecina como consecuencia del COVID-19, generará mayores complicaciones sociales. El caso de la violencia familiar es el resultado gráfico de los alcances de la crisis estructural en la sociedad. Considerando que los departamentos de Beni y Pando, con menor población, se encuentran entre los departamentos con índices más elevados del país, en relación al número de familias y número de casos de violencia. En el tiempo de la cuarentena se registró 346 víctimas de violencia familiar o doméstica en el país, de los cuales casi un 20% son de Pando y Beni, hay que advertir que esto podría aumentar ante la crisis económica.

Ser mujer en tiempos de cuarentena se torna difícil y ser mujer después de la cuarentena será aún más crítico. CIPCA, como red afiliada a la Coordinadora de la Mujer, a través de la regional CIPCA Norte Amazónico se suscribe a la Carta abierta: “el Coronavirus es un recordatorio de las desigualdades en nuestra sociedad.” Que contiene propuestas iniciales dirigidas a las instituciones de desarrollo y principalmente al Gobierno, para mitigar los efectos negativos del COVID-19 y las medidas de prevención, en la mujer.

Las mujeres no dudarán en luchar por hacer llegar alimento a sus hogares para que sus hijos e hijas no sufran por la escasez de alimentos. A lo largo de la historia las mujeres ha demostrado ser luchadoras. Lo sucedido en Riberalta, como se indicó al inicio de esta nota, se dio a causa del desabastecimiento y paralización del trabajo, y se presenta desde las mujeres, como un grito de auxilio que no se puede ignorar encerrándolas en casa.

 Antes que la situación empeore, es necesario responder a sus necesidades. 


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