Autor: Xavier Albó (*)
Fecha: 18/10/2010
Colindante con Alaska, Yukón tiene una superficie equivalente a la mitad de Bolivia pero sólo 34.000 habitantes, de los que un 20% son miembros de 14 naciones, entre las más avanzadas de las aproximadamente 630 first nations en todo el Canadá, cuyo 1,2 millón de personas equivalente al 4% del total federal.
Hasta los años 1970 todas ellas seguían funcionando básicamente con el Indian Act de 1876, que buscaba su plena subordinación y asimilación; en 1969 el llamado “Libro Blanco” pretendió culminar ese proceso eliminando de una vez el status especial de esas “bandas aborígenes”, asimilándolas a cualquier otra minoría étnica (chinos, latinos, etc.).
Pero la resistencia fue tal que más bien provocó una notable recuperación de esos pueblos, pronto apoyada por la sección 35 de la Constitución de 1982. Ahora Canadá ya acepta oficialmente ese denominativo de “primeras naciones” y sus autonomías, que varían bastante según lo que cada una ha logrado negociar a través de un complejo y largo proceso de convenios y enmiendas a tres manos: el Estado o “Monarquía” Federal (llamada también “la Corona”, en referencia a la Familia Real Británica), el gobierno provincial, y la nación o naciones originarias implicadas. De ahí resultan miles y miles de páginas, con casuísticas muy detalladas en las que aquí no cabe entrar.
Las 14 naciones de Yukón fueron entonces pioneras. En 1973 lanzaron una especie de Manifiesto que ha marcado sus movidas posteriores (como aquí el Manifiesto de Tiahuanaco también de 1973). Cada nación logró su convenio individual y se firmó otro conjunto llamado “umbrella” (paraguas). Sus territorios históricos abarcan toda la provincia para ciertas competencias; y, en las partes de propiedad colectiva, otras más, a veces incluso para su rico subsuelo (ahí surgió la “fiebre del oro” que inspiró el célebre film de Chaplin).
Esta Conferencia de 2010 ha sido precisamente para celebrar y evaluar lo avanzado en 15 años de self-government (auto-gobierno), junto con otras muchas first nations e interlocutores gubernamentales del resto del país.
De ellos podemos aprender sus eficientes esfuerzos y logros para capacitarse en su auto gobierno, en su relación constructiva con los no indígenas y en el manejo de recursos naturales, contando para ello mejor financiamiento que nosotros. Mantienen su propias “espiritualidades” (así lo llaman también) por mucho que sean a la vez cristianos, pentecostales o bahai. Las expresaron, por ejemplo, en una espectacular ceremonia de reciprocidad (potlatch), en sus elaborados bailes o en las oraciones de los ancianos y los cantos sagrados con que iniciaban y cerraban sus sesiones.
Ellos se han admirado, a su vez, al saber que en Bolivia ya estamos trabajando desde el gobierno en la transformación de todo el Estado Plurinacional. Algunos visitaron Bolivia en los dos últimos años y el presidente de la Asamblea de todas las First Nations del Canadá ha manifestado su deseo de invitar a Evo.
(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.
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