
Un total de 166 productoras y productores, entre ellos 88 mujeres y 78 hombres, participaron en seis diagnósticos participativos de agrobiodiversidad realizados del 8 al 12 de octubre de 2026 en comunidades de San Ignacio de Moxos y del Gobierno Indígena Autónomo del Territorio Indígena Multiétnico (GIA TIM). El proceso permitió identificar cultivos, frutales y recursos naturales presentes en sus territorios, además de recuperar conocimientos locales sobre el manejo y la conservación de la diversidad agrícola.
Los diagnósticos se desarrollaron en las comunidades de Santa Rita, Litoral y San Miguel de Matire, del municipio de San Ignacio de Moxos, y en San José de Cabitu, Santa Ana de Museruna y Santa Rosa del Apere, pertenecientes al GIA TIM. Mediante herramientas participativas, las familias compartieron información sobre sus sistemas productivos, las variedades que conservan y aquellas que han dejado de cultivar, así como las principales problemáticas ambientales que afectan a sus territorios.
La iniciativa se enmarca en el proyecto Mejoramiento Participativo de los Recursos Genéticos y Sistemas de Semillas para la Producción Agroecológica (Raíces Agroecológicas), financiado con fondos suplementarios del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), provenientes de la Unión Europea. El proyecto es ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), junto con sus socios CIPCA, PROINPA e INIAF, bajo el liderazgo técnico de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA).
Las comunidades identifican la diversidad de sus sistemas productivos
Durante los encuentros se aplicó la metodología participativa de las cinco celdas, que permitió identificar y registrar cultivos anuales, hortalizas y frutales presentes en las comunidades, incluidos aquellos vinculados a los procesos de mejoramiento genético participativo impulsados por el proyecto Raíces Agroecológicas.
Entre los principales cultivos identificados se encuentran el maíz, arroz, yuca, frejol, maní, plátano, guineo, camote, piña, papaya y diversas hortalizas. En cuanto a los frutales, las familias reportaron especies como cacao nativo, achachairú, sinini, guayaba, pacay, cítricos, mango, palta y maracuyá, entre otras.
Los diagnósticos también permitieron reconocer diferencias entre las comunidades en cuanto a las superficies cultivadas y la cantidad de plantas por especie. Se registraron áreas productivas menores a 1.000 metros cuadrados y otras superiores a 5.000 metros cuadrados, lo que refleja la diversidad de los sistemas agrícolas familiares y las distintas formas de producir, conservar y aprovechar la agrobiodiversidad.
La información recopilada constituye una base para conocer mejor los recursos agrícolas disponibles en cada comunidad y orientar futuras acciones de conservación, recuperación e intercambio de materiales genéticos.
Recuperar variedades locales, un desafío para las familias productoras
Uno de los hallazgos relevantes fue la identificación de variedades locales que las familias aún conservan y de otras que, según sus testimonios, eran cultivadas por sus abuelos, pero que actualmente se encuentran en proceso de pérdida o ya no están disponibles en algunas comunidades.
Entre las variedades reportadas como perdidas o que han dejado de cultivarse destacan los maíces blando blanco, cubano blanco, choclero, gris blando y sangre de toro; los arroces piedrita y palito morado; y las yucas matia y mojita.
Estos testimonios evidencian la importancia de recuperar la memoria agrícola de las comunidades y documentar los conocimientos transmitidos entre generaciones. Asimismo, destacan el papel de las familias guardianas de semillas, que continúan conservando algunas variedades locales y mantienen conocimientos sobre su manejo y reproducción.
Ante esta situación, se identificó el intercambio de semillas entre comunidades como una alternativa para favorecer la recuperación de variedades tradicionales y fortalecer su conservación. Para avanzar en este propósito, será importante reconocer los materiales que todavía se mantienen disponibles, identificar a las familias que los conservan y promover acciones de reproducción e intercambio acordes con las condiciones y necesidades locales.
Los conocimientos locales contribuyen a reconocer los recursos y desafíos del territorio
Como parte del trabajo participativo, las familias elaboraron croquis territoriales que permitieron ubicar áreas productivas, recursos naturales y problemáticas ambientales presentes en sus comunidades. Entre los principales desafíos identificados se encuentran los incendios, las sequías, la escasez de agua y las inundaciones.
El ejercicio también puso de manifiesto la complementariedad de los conocimientos compartidos por mujeres y hombres. Las mujeres aportaron principalmente información sobre la diversidad de cultivos, mientras que los hombres contribuyeron con conocimientos relacionados con el territorio y la ubicación de sus recursos naturales. Estos aportes permitieron reunir distintas perspectivas sobre los sistemas productivos y las condiciones ambientales de cada comunidad.
La información recogida constituye un primer paso para comprender la relación entre la diversidad agrícola, los recursos naturales y los desafíos que enfrentan las familias productoras. También ofrece elementos para orientar futuras acciones de conservación de la agrobiodiversidad y fortalecer la planificación de iniciativas productivas desde las propias comunidades.
Información comunitaria para fortalecer la producción agroecológica
Los seis diagnósticos participativos permitieron reunir información sobre cultivos, frutales, variedades locales, recursos naturales y problemáticas ambientales en las comunidades participantes. Además, contribuyeron a visibilizar los conocimientos de las familias y la importancia de su participación en la conservación de los recursos genéticos agrícolas.
Desde el CIPCA Beni, estos avances, en el marco del proyecto Raíces Agroecológicas, contribuyen a generar una base de información comunitaria para impulsar acciones posteriores de recuperación de variedades, conservación de semillas e intercambio de conocimientos.
Fortalecer la agrobiodiversidad supone no solo conservar las especies y variedades existentes, sino también valorar los saberes locales, promover la participación de mujeres y hombres y generar alternativas productivas que respondan a las condiciones de cada territorio. De esta manera, los diagnósticos aportan a la construcción de sistemas productivos agroecológicos más diversos y sostenibles, capaces de afrontar los desafíos ambientales y climáticos.
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