
Con una agenda construida desde los territorios y un llamado a convertir las preocupaciones en acciones concretas, concluyó en San Ignacio de Moxos el Foro Nacional “Voces del Territorio por la Gobernanza Hídrica: Cuidar el agua es cuidar la vida”, que reunió durante dos jornadas a organizaciones indígenas y campesinas, autoridades, mujeres, jóvenes y representantes de ocho departamentos del país.
Alrededor de 80 participantes de La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba, Chuquisaca, Santa Cruz, Pando y Beni analizaron los principales desafíos que enfrenta Bolivia para garantizar el acceso, protección y gestión sostenible del agua, desde las distintas realidades del Altiplano, la Amazonía, el Chaco y los Valles Interandinos.
El encuentro permitió poner en común problemáticas, recuperar experiencias territoriales, identificar propuestas y construir una agenda nacional en torno a la gobernanza hídrica, entendiendo el agua no solamente como un recurso natural, sino como un elemento fundamental para la vida, la producción, la cultura, la soberanía alimentaria y el ejercicio de derechos.
Una crisis hídrica con diferentes rostros en los territorios
Durante las mesas de trabajo se evidenció que la crisis hídrica tiene expresiones diferentes según las características de cada región, pero afecta de manera creciente a las comunidades y sistemas productivos.
Entre las principales preocupaciones identificadas estuvieron el retroceso de los glaciares, las sequías prolongadas, las inundaciones, la pérdida de bofedales, la disminución de las zonas de recarga hídrica y el deterioro de fuentes tradicionales de agua.
A estas problemáticas se suman los impactos provocados por determinadas actividades productivas y extractivas, entre ellas la minería aurífera y el uso de mercurio, las hidroeléctricas, los monocultivos de exportación, la deforestación y los procesos de mercantilización del agua.
Las voces de los territorios coincidieron en que la crisis hídrica no puede ser abordada únicamente como una problemática ambiental, porque sus efectos alcanzan directamente los derechos de las poblaciones, la producción agropecuaria, la alimentación, la salud, las culturas y las posibilidades de permanencia de las comunidades en sus territorios.
Desde esta perspectiva, el foro planteó la necesidad de avanzar hacia una justicia hídrica que reconozca las desigualdades existentes en el acceso y gestión del agua y que garantice una participación efectiva de las comunidades en las decisiones que afectan sus fuentes y sistemas de vida.
Saberes territoriales y conocimiento científico para cuidar el agua
Otro de los resultados del encuentro fue el reconocimiento de que las soluciones frente a la crisis hídrica requieren articular saberes ancestrales, conocimientos comunitarios y conocimiento científico.
Las y los participantes destacaron la importancia de recuperar y fortalecer sistemas tradicionales de manejo del agua, como qochas, camellones, bofedales y sistemas comunitarios de riego, adaptándolos a las condiciones actuales y a los nuevos escenarios derivados de la crisis climática.
También se planteó la necesidad de garantizar la participación efectiva de organizaciones indígenas y campesinas, mujeres y jóvenes en la formulación e implementación de políticas públicas relacionadas con el agua.
El encuentro permitió, de esta manera, visibilizar que en los territorios existen conocimientos, prácticas y experiencias que pueden contribuir a mejorar la gestión del agua y fortalecer la capacidad de las comunidades para enfrentar los efectos del cambio climático.
Un Pronunciamiento Nacional para defender el agua
Uno de los principales resultados del Foro Nacional fue la aprobación de un Pronunciamiento Nacional, construido a partir de las reflexiones, demandas y propuestas planteadas durante las dos jornadas de trabajo.
A través de este documento, las organizaciones y sectores participantes declararon la emergencia de sus territorios frente a la escasez, degradación y contaminación de las fuentes de agua y plantearon la necesidad de avanzar hacia una política nacional basada en la justicia hídrica.
Entre las principales demandas se encuentra la protección efectiva de ríos, vertientes, arroyos, bofedales y zonas de recarga hídrica, además de un incremento de las inversiones públicas destinadas a la prevención, adaptación y gestión sostenible del agua frente a los efectos de la crisis climática.
El pronunciamiento también exige mayores controles sobre las actividades mineras y el uso de mercurio, debido a sus impactos sobre los ríos, peces, ecosistemas y comunidades. Asimismo, plantea medidas para reducir la deforestación y promover la restauración de bosques y fuentes de agua.
Agua para la vida, la producción y la soberanía alimentaria
La agenda construida en San Ignacio de Moxos también vinculó la gestión del agua con la necesidad de fortalecer los sistemas productivos de las comunidades.En este ámbito, se propuso impulsar la agricultura familiar y la producción agroecológica, mediante tecnologías sostenibles, capacitación técnica, bancos comunitarios de semillas nativas y criollas y sistemas productivos adaptados a las condiciones específicas de cada territorio.
Una de las propuestas planteadas fue la implementación de un Plan Nacional de Reservorios, Atajados y Represas, bajo un enfoque de manejo integral de cuencas, que permita contribuir a garantizar agua tanto para el consumo humano como para la producción agropecuaria.
Estas propuestas buscan que las políticas de gestión hídrica no se concentren únicamente en responder a las emergencias, sino que permitan fortalecer la capacidad de adaptación de las comunidades y garantizar condiciones para la producción y la soberanía alimentaria.
De las voces territoriales a una agenda nacional
El foro concluyó con un mensaje dirigido al Estado boliviano y a los diferentes niveles de gobierno: las propuestas construidas desde los territorios deben ser incorporadas en las políticas públicas y en los instrumentos de planificación nacional, departamental y municipal, acompañadas de recursos suficientes y mecanismos efectivos de participación social.
El Pronunciamiento Nacional constituye, en este sentido, un resultado concreto del encuentro y una herramienta para continuar articulando las demandas de las organizaciones y comunidades frente a la crisis hídrica.
Desde San Ignacio de Moxos, las voces provenientes de diferentes regiones del país coincidieron en que cuidar el agua implica proteger los territorios, fortalecer la producción, garantizar la alimentación y preservar las culturas y formas de vida de las comunidades.
El desafío ahora es transformar los acuerdos alcanzados en acciones concretas y fortalecer una agenda nacional de gobernanza hídrica que coloque al agua como una prioridad para el presente y las futuras generaciones.
“El agua no es una mercancía; el agua es vida, cultura, soberanía y un derecho humano fundamental. ¡Cuidar el agua es cuidar la vida!”
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