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11/06/2012

Caranavi: Crónica de una recepción anunciada

Edgar F. Izurieta Guayacuma – CIPCA Beni

Desde tempranas horas de la mañana se respiraba cierta inquietud en el ambiente. Los pobladores de Caranavi se disponían a vivir un feriado completamente diferente. A las seis de la mañana la tranquilidad comenzaba a retirarse de las calles de esta población yungueña.

Ante el anuncio de las organizaciones de cocaleros, colonizadores y bartolinas que habían manifestado públicamente que no permitirían el ingreso de los marchistas al pueblo de Caranavi, ni mucho menos que se repetiría el recibimiento tan efusivo y lleno de solidaridad ante  sus demandas como sucedió en la VIII Marcha, algunos vecinos comenzaron a perifonear por las calles a voz en cuello que Caranavi no tenía más dueños que sus propios pobladores, los cuales esperaban a las columnas de la IX Marcha Indígena, y que ante estos anuncios de bloquearles el paso para que desvíen su camino por la circunvalación de esta población  ellos se mantendrían en alerta y se trasladarían para recivirles4 km. antes del ingreso a la capital cafetalera.

Nueve de la mañana y el pueblo realiza sus actividades como olvidando que se vive un feriado a nivel nacional. Se oyen rumores por sus calles: “Ya habrán partido los TIPNIS?” “A qué hora llegaran los TIPNIS?”. Una movilidad mediana con unos vistosos altavoces adornados con los colores de la bandera caranaveña anuncia que muy pronto llegaran los TIPNIS y que hay que salir a recibirlos con las mismas muestras de cariño que el año pasado.

Sorpresivamente alguien hace estallar un  cohete cuando ya son las once de la mañana. Algunos pobladores abandonan presurosos sus quehaceres y se disponen a apoderarse de las veredas de la avenida donde se escuchó el estruendo. Falsa alarma, no hay un sólo marchista que asome aun por sus calles, porque no es fácil caminar contra el frío y en un camino sembrado de lodo. Estos factores aumentan la tensión de los marchistas haciendo más difíciles loskilómetros que flatan por recorrer esta jornada.

La chilchina ya cesó a estas horas pero el sol no se deja ver por nadie, como presagiando que algo raro se trama el destino y él se resiste a ser su testigo. En efecto, a 4 km. de distancia un grupo de personas bloquea el paso de los primeros indígenas que llegan a este punto. A la distancia lo primero que se divisa es una camioneta de apoyo y las primeras columnas de la marcha. Ante el camino bloqueado por enésima vez durante su larga travesía, los indígenas se aprestan a ejecutar el único plan consensuado, detenerse y si el boqueo prosigue acamparean en ese mismo punto.

Al parecer no será tan fácil. Hay gritos que nos advierten que convivir entre distintos es aun una tarea pendiente: “Se marcha sólo una vez cambas de mierda!” “Vuélvanse ahora mismo vende maderas o les pincharemos las llantas de sus movilidades!”. Los gritos aumentan en densidad y en profundos prejuicios raciales que es mejor no reproducir, y para que se sepa que la cosa va en serio los mudos palos en las manos de los violentos comienzan a seguir el coro de las vociferaciones haciendo que lo más prudente a estas alturas sea retroceder unos pasos…

Y cuando todo parece no seguir el rumbo de lo planificado otros gritos les piden no retroceder, éstos vienen del mismo punto del bloqueo para sorpresa de los marchistas. Discusiones van y vienen y de las palabras a los empujones hay una delgada línea que se quiebra cuando los vecinos de Caranavi deciden romper el sitio. Las personas que desean recibir a los marchistas se van incrementando minuto a minuto. En el pueblo se ven camionetas y algunos camiones medianos cargados de vecinos que se van trasladando a los 4 km. que dista el lugar del conflicto. Una caravana de transportistas en sus vagonetas se desplazan también junto a ellos.

Hay policías en la zona, pero sorpresivamente hacen las veces de curiosos espectadores de lo que acontece. En una acción audaz algunos vecinos en sus motos se van incrustando cual flechas en el corazón del bloqueo, y poco a poco se abren paso hasta provocar una seria fisura en el muro de intolerancia en las narices de los guardianes del orden. Reinan los empujones y los amagos de enfrentamiento, pero las relaciones de fuerza cambian a favor de quienes buscan repetir el buen recibimiento dado a los indígenas el año pasado.

A las trece horas la prudencia hace que los colonos y bartolinas primero callen y luego cedan al empuje inevitable de los caranaveños que quieren a los TIPNIS pisando su suelo, entrando a sus calles contagiándoles el coraje con el cual tejen su resistencia y sus demandas de respeto a sus territorios. Es así como a las motos le siguen los grupos de vecinos y vecinas que formando cadenas humanas apartan a los violentos dejando libre la carretera para que los marchistas puedan proseguir sus pasos…

La IX Marcha avanza acompañada del apoyo popular. Hay niños, niñas, mujeres, hombres, ancianos y ancianas que los esperan nuevamente apostados en las calles para brindarles un abrazo, un aplauso y ese apoyo que algunos sectores afines al gobierno quisieron desvirtuar sin suerte. 

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