Emilia Varela Laguna (*)
Miércoles, 30 Mayo 2007

En base a la experiencia y conocimiento que tengo sobre los pueblos indígenas de Tierras Bajas, estoy en la obligación de hacer algunas precisiones respecto a la publicación que salió en El Deber en fecha 13 de mayo, con el título “Se extinguen los indígenas Sirionó”.

Debo puntualizar que no son diez los indígenas que sobreviven de esta etnia en Bolivia. Según las cifras que maneja el Centro de Investigación y Documentación para el Desarrollo del Beni (CIDDEBENI), hay 700 Sirionó que están en su territorio (TCO) en el Beni, 50 familias en la provincia Guarayos de Santa Cruz (Santa María, Salvatierra y Cururú) y otro tanto en la provincia Iténes del Beni (El Carmen, Baures, La Embrolla y Bella Vista).

Cuando las tecnologías de información han avanzado tanto, no es correcto que se utilicen fuentes de información desactualizadas para justificar posiciones pre establecidas con relación al tema. Hay suficiente bibliografía dedicada al estudio de esta cultura sobre el estado en que se encuentra, su población y los lugares donde habita.


Es tal la presencia de los Sirionó en el país que por ejemplo, fueron protagonistas de las primeras movilizaciones indígenas en demanda del respeto a sus derechos. En 1990, caminaron rumbo a La Paz en la primera marcha indígena Por el Territorio y la Dignidad que logró el inicio de la incorporación de los derechos indígenas en la legislación nacional.

Por otro lado, tampoco es permisible que, después de haber avanzado tanto en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas a nivel mundial -que implicó cambios en la terminología referida-, todavía en Bolivia se siga utilizando palabras con connotaciones peyorativas como “selvícolas”. Ya en 1991, se puso en vigencia el convenio 169 de la OIT, posteriormente ratificado por el Estado boliviano como Ley No.1257; desde entonces, estos instrumentos reconocen a los pueblos indígenas sus derechos culturales, sociales, económicos y, sobre todo, a sus territorios. Por tanto, en concordancia a los avances jurídicos, también las ciencias sociales han superado hace mucho tiempo la categoría “selvícolas” para referirse a estos pueblos. Lo correcto es usar pueblos indígenas o etnias para no caer en el menosprecio, subestimación o definiciones de tipo ideológico.

Igualmente se debe respetar la autoidentificación de los pueblos, sabiendo que estas denominaciones pueden variar con el tiempo. Por ejemplo, los de Tierras Altas se autodefinen como pueblos originarios, debido a la carga peyorativa que implica el término “indio” y, en Tierras Bajas, se autodefinen como pueblos indígenas.

El colmo de las imprecisiones en la utilización de términos para referirse a los Sirionó, en el mencionado artículo, fue afirmar que “quedan el cruce de sirionó con guarayos, collas y cambas”. “Cruce” es un término que se utiliza para referirse al apareamiento entre animales. En todo caso, el informador que cometió esta infracción lingüística se refería al mestizaje entre sirionó y otras culturas. No parece inocente la utilización de esta terminología, habida cuenta que para algunas visiones “modernas”, ancladas en la época de la conquista, los indígenas no merecen la consideración de seres humanos.

Definitivamente, la heterogeneidad cultural de los 36 pueblos indígenas de nuestro país debe reflejarse con mayor intensidad en la nueva Constitución Política del Estado y profundizarse en la legislación complementaria. Pero, sobre todo, debe socializarse en el nivel ciudadano para que en Tierras Altas dejen de ser denominados “indios” y en Tierras Bajas, no se los llame “selvícolas”; caso contrario seguirá prevaleciendo la mirada del no indígena con menosprecio y subestimación hacia el indígena.

(*) La autora es antropóloga de CIPCA Santa Cruz

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