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Este domingo se conmemora un aniversario más del asesinato martirial de nuestro queridísimo compañero Luis Espinal, ocurrido la noche del viernes 21 al sábado 22 de marzo de 1980, en medio de las celebraciones por el fallecimiento del héroe del Topáter Eduardo Abaroa, en 1871.

Esta vez me fijaré en otra forma de comunicación alternativa desarrollada por Espinal desde su llegada a Bolivia en 1968: sus tallados en madera frecuentemente ya desechada. En eso se adelantó a lo que el papa Francisco criticó después en su encíclica más innovadora Laudato si (2015) sobre el cuidado del medio ambiente: nuestra incapacidad de reciclar tantas cosas que pronto botamos como inservibles. Espinal, en cambio, reciclaba las maderas y muebles inservibles dándoles nuevos sentidos estéticos e incluso místicos.

Me fijaré en su tallado más controvertido: su propio Cristo de los votos, recibido en 1951. Cambió en él su cruz convencional por otra formada por un martillo, y a sus pies colocó una hoz, símbolos de los obreros y de los campesinos respectivamente, pero adoptados como propios también por los comunistas de todo el mundo. El presidente Evo le regaló una réplica al papa Francisco durante la visita que hizo a Bolivia en 2015, y él hizo un gesto que muchos enseguida interpretaron como de indignación, pero que en la charla con periodistas en su viaje de retorno a Roma interpretó en los siguientes términos: “Curiosamente, yo no conocía esto y ni siquiera sabía que el padre Espinal era escultor y además poeta. Lo he sabido en estos días. Lo vi y para mí fue una sorpresa”.

La alusión como poeta se refiere sin duda a sus Oraciones a quemarropa. El papa Francisco dijo más de lo que entonces le sorprendió, porque efectivamente antes de venir a Bolivia Espinal escribía también poesías en catalán, las que incluso ganaron premios en su patria natal catalana. Pero desde su vuelta a nacer en Bolivia ya no lo hizo más, y en cierta forma los cambió por esos tallados a los que aquí nos referimos.

Prosigue el papa Francisco: “Segundo, lo considero arte protesta, que en algunos casos puede ser ofensivo. Tercero, en este caso concreto, el padre Espinal fue asesinado en el año 80. Era un tiempo en el que la Teología de la Liberación tenía muchas variantes diferentes, una de las cuales era con el análisis marxista de la realidad, y el padre Espinal pertenecía a ésta. Eso sí lo sabía, porque en aquel tiempo yo era rector en la Facultad de Teología y se hablaba mucho de esto, de las diversas variantes y de quiénes eran sus representantes”.

“En el mismo año (en realidad 1981, cuando Espinal ya había sido asesinado), el padre general de la Compañía de Jesús, Padre Arrupe, mandó una carta a toda la compañía sobre el análisis marxista de la realidad en teología, un poco parando esto, que decía: ‘No, no va, son cosas diversas, no va, no es adecuado’. Y cuatro años más tarde, en el 84, la Congregación para la Doctrina de la Fe (entonces presidida por el cardenal Ratzinger, futuro papa Benedicto XIV) publicó el primer documento, pequeño, la primera declaración sobre la Teología de la Liberación, que critica esto. Después vino el segundo (documento), que abrió las perspectivas más cristianas. Estoy simplificando. Hagamos la hermenéutica de aquella época. Espinal era un entusiasta de este análisis marxista de la realidad y también de la teología, usando el marxismo. De ahí surgió esta obra. También las poesías de Espinal son de ese género protesta: era su vida, era su pensamiento, era un hombre especial, con tanta genialidad humana, y que luchaba de buena fe. Haciendo una hermenéutica del género, entiendo esta obra. Para mí no ha sido una ofensa. Pero he tenido que hacer esta hermenéutica y la comparto con ustedes para que no haya opiniones equivocadas”.

Es significativo el hecho de que Francisco reitera tres veces la palabra “hermenéutica”. Podría yapar algo: Lucho mantenía ese Cristo para sí, en su cabecera, no para difundirlo.

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.


Artículo publicado el domingo 25 de marzo de 2018 en La Razón.

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