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Propuestas Económicas Productivas

En las ciudades capitales de América Latina, el agua se usa para regar jardines y llenar piscinas, la basura y los deshechos urbanos contaminan los campos, y los cultivos de alimentos se reemplazan por flores y césped para la ornamentación de los condominios urbanos.

Las ciudades crecen sobre las áreas rurales  en una dinámica descontrolada que ha encontrado desprevenidos a todos los organismos de planificación y está provocando serios conflictos en el acceso y la gestión de recursos y servicios, advirtió el geógrafo mexicano, Héctor Ávila.

Aseguró que un factor clave en este proceso es el capital inmobiliario que “está desplazando a las zonas rurales para construir alto confort, vulnerando normas de uso de suelo, pasando por alto procedimientos y obtención de licencias municipales, y ocupando espacios que tradicionalmente se destinaban a la actividad agrícola de manera descontrolada”.

En la sesión inaugural del Foro Internacional Andino Amazónico de Desarrollo Rural, Ávila compartió la dramática experiencia del reciente sismo en México e indicó que muchos de los edificios que se desplomaron “son el símbolo de la expansión descontrolada del capital inmobiliario”.

En entrevista con ANF, dijo que los procesos territoriales urbano-rurales en América Latina se caracterizan por una acelerada expansión de las ciudades sobre el campo provocando una cadena de conflictos por el agua, tensiones como consecuencia de la contaminación, resistencia de las comunidades agrarias a ser reservorios de la basura de las ciudades, entre otros.

“Uno de los conflictos más comunes es por el agua, un edificio necesita agua y utiliza la que era usada por las comunidades agrarias. Ocurren cosas tan grotescas que el urbanismo depredador construye piscinas y riega sus jardines a costa de dejar sin agua a las comunidades”, lamentó.

Relató que, entre otros problemas, la zona metropolitana de México, con cerca de 20 millones de habitantes, no puede cubrir los requerimientos de agua con las fuentes de su territorio y “debe transportarla desde una distancia de 250 kilómetros, a un costo exorbitante, pero además a riesgo de agotar los manantiales de las poblaciones rurales”.

Otro motivo de conflicto, afirmó, es la disposición de los deshechos, “hay una permanente lucha por la construcción de rellenos sanitarios, (pero) como las tecnologías son obsoletas y no hay una cobertura que soporte los lixiviados que salen de la basura, las poblaciones rurales se niegan a ser botaderos de las ciudades, lo que genera una situación conflictiva y de confrontación en el tejido social”.

A todo ello se suman los cambios en los patrones productivos de las zonas rurales, “muchas unidades productivas dejan de producir vegetales, hortalizas y otras variedades de alimentos para producir flores y sembrar césped, que son los nuevos productos para la ornamentación de los condominios urbanos”.

La expansión urbana hacia zonas rurales deriva en la generación de nuevos códigos culturales “y siempre hay una especie de predominancia urbana que termina proyectándose hacia la apropiación de los espacios de representación”.

Señaló que el avance de lo urbano hacia lo rural que debiera ser un proceso natural, “está descontrolado como consecuencia de los intereses del capital inmobiliario, de los denominados desarrolladores urbanos cuyo fin último es el usufructo”.

Frente a ese panorama, Ávila planteó que “la única solución es la participación y la organización para la incidencia ciudadana en la planificación de los procesos territoriales urbano-rurales”.

 

Mesa 1: El Debate teórico y político de lo rural-urbano hoy. Expone el geógrafo mexicano, Héctor Ávila

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