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Propuestas Económicas Productivas

Las instituciones que trabajamos en desarrollo rural venimos enfrentando el dilema: incorporamos en enfoque de género en nuestras actividades o no, y cómo lo hacemos; puesto que trabajamos con hombres y mujeres campesinas e indígenas con culturas propias y diversas. Situación que nos crea conflictos porque nos plantea la duda de si el enfoque de género choca o no con la visión cultural de los y las actoras sociales sobre las relaciones mujer-hombre en la dimensión política-pública o comunitaria, en la doméstica, en la económica y en la conyugal donde se presenta la problemática de violencia intrafamiliar y es el primer espacio donde empieza a instaurarse y practicarse la democracia, la igualdad y la equidad.

Esto está provocando que seamos timoratas/os a la hora de ejecutar los proyectos y actividades de campo con enfoque de género, lo que a su vez nos cuestiona a la hora de evaluar los resultados.

En un reciente taller del Secretariado Rural -una red que aglutina a una veintena de instituciones de todo el país- se debatió largamente sobre el tema. Por un lado se dijo que es posible incorporar el enfoque de género en el trabajo con campesinas/os e indígenas; testimonio de ello es la experiencia de la Fundación Indígena Amauta (FIA), una organización de campesinos/as de Chuquisaca que transversalizó el enfoque de género desde ellas/os y para ellos/as “sin atropellar” su cultura y más bien contribuyendo a la reflexión y a alcanzar mejores resultados en sus proyectos de desarrollo. Por otro lado, se dijo que no hay recetas para transversalizar en enfoque de género en el trabajo institucional, existen diversas estrategias que las instituciones han venido implementando como por ejemplo contar en la estructura organizacional una unidad de género con poder de decisión, contratar una asesoría externa, tener una especialista en género o combinar cualquiera de estas con una sensibilización y capacitación permanente a los equipos técnicos.

Otro cuello de botella detectado es que algunas instituciones que avanzaron más en la incorporación de enfoque de género lograron hacerlo en el nivel estratégico institucional (políticas internas, de intervención, etc.; teórico discursivo) lo que no se refleja en el nivel de proyectos y actividades que es el nivel operativo y que es el que llega finalmente hasta los y las actoras sociales, producto de lo cual salen los resultados; pero sobre todo, es el escenario donde se encuentran (o desencuentran) el enfoque de género y la variable cultural. La reflexión concluyó con que las instituciones del Secretariado Rural deben trabajar más para afinar una base conceptual acerca de qué entendemos por la incorporación del enfoque de género, de tal manera que, a partir de ello, podamos contar con una serie de opciones metodológicas, obtener luces para la construcción dinámica de indicadores más cualitativos y apropiados y encaminarse mejor al logro de resultados … pero en última, a mejorar la calidad de vida de las mujeres rurales.

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