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Propuestas Económicas Productivas

Cuando recién se empezaba a entender parte de sus potenciales consecuencias en la década de los 80´s, el fenómeno que hoy en día muchos conocemos con el nombre de Cambio Climático fue, entendiblemente, un tema de discusión para y por expertos académicos de las áreas de física y ciencias afines, aunque poco a poco profesionales ambientalistas también fueron ganando espacios hasta establecer la temática como un problema eminentemente ambiental, conscientes de los potenciales impactos que este fenómeno podría tener sobre los ecosistemas globales.

Consecuentemente no pasó mucho tiempo (1992) para que la comunidad científica y los niveles políticos mundiales entendieran la importancia del problema y lo asumieran a nivel global a través de la creación de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC). Habiéndose establecido inicialmente en la CMNUCC que los distintos países del mundo habían contribuido de manera diferenciada al problema y su grado de responsabilidad se reflejaba en la mayor o menor emisión histórica de gases de efecto invernadero, la convención de las Naciones Unidas parecía tener posibilidades de resolver un problema eminentemente político, que involucraba la administración coherente y equitativa de un recurso natural finito que es de todos pero no es de nadie ya que se sobrepone a toda frontera humana existente, el espacio ambiental global.

Sin embargo, este foro exclusivo de las Naciones Unidas para el tratamiento de la problemática del Cambio Climático, pronto extravió sus objetivos en discusiones técnicas inagotables e ininteligibles al común habitante de este planeta, imposibilitando así cualquier oportunidad de considerar las causas de fondo y a partir de estas, las soluciones realistas y definitivas al problema global del Cambio Climático. Evidentemente seriamos ingenuos en pensar que la incapacidad “técnica” de los operadores de la convención fue responsable de los fracasos en cierto grado evidentes aunque no reconocidos del Protocolo de Kyoto y gran parte de los mecanismos propuestos como el Mecanismo de Desarrollo Limpio, duramente criticado por su pobre efectividad y difícil aplicación. Lo cierto es que detrás del tecnicismo “apolítico” de algunos países del mundo desarrollado se esconde hasta el día de hoy una monumental falta de voluntad política. Y esta falta de voluntad desde el primer mundo no es gratuita, si no que es cada vez más un síntoma de una incapacidad de cambio, una miopía civilizatoria que no permite ver opciones a un modelo de desarrollo, un estilo de vida que se aferra a la insostenible realidad que ha creado para si y que es causante, en gran parte, de ésta potencial crisis socioambiental que enfrentamos al inicio de este nuevo milenio.

En este marco, no es extraño si no más bien predecible y deseable que la sociedad civil y sus movimientos sociales a través de sus distintos mecanismos, puedan apropiarse de la temática al verse cada día afectados en mayor o menor escala por un problema que amenaza en empeorar gradualmente sus opciones de vida. Los efectos del cambio climático no se limitan a lo evidenciado afanosamente por nuestros escasos científicos en Bolivia como el derretimiento del Chacaltaya, si no que se suman a una serie de impactos difusos que sencillamente no son conocidos si no por los que los sufren en sus actividades, como ser la reducción promedio de lluvias y cambios en su distribución espacial y temporal, mayor incidencia de plagas nuevas y conocidas, aumento de inundación de cultivos por precipitaciones intensas en áreas altas del oriente boliviano,  acrecentamiento de riesgo de incendios forestales e incremento de enfermedades infecciosas o por vectores.

Más allá de la indiscutible importancia de encaminarnos hacia un manejo racional de nuestros recursos naturales, la adicionalidad de los costos causados por los impactos del Cambio Climático a futuro podría significar un peso insostenible para los escasos recursos nacionales existentes y frustrar las ya modestas ambiciones de desarrollo y de búsqueda de una buena calidad de vida en el país. Razón demás para exigir a la comunidad internacional, no solamente como Gobierno si no como sociedad civil organizada, el tomar las medidas necesarias para que se puedan frenar los peores efectos del Cambio Climático y podamos garantizar un futuro aceptable para todos nosotros los habitantes de este planeta.

(*)Es biólogo y medioambientalista, UAP – CIPCA Dirección General

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