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Propuestas Económicas Productivas

El arroz, al igual que muchos productos básicos de la canasta familiar, ha sido objeto de atención del pueblo boliviano en general en los dos últimos años, por el incremento histórico de su precio que llegó al pico más alto en el 2008, con un alza del 37% en relación al precio del 2007, y es el doble del obtenido en el 2006.

El alza de precios y la amenaza de crisis alimentaría en el país fueron temas centrales para el Gobierno, que pretendió atender la emergencia y el descontento popular a través de diferentes decretos y normas, como la creación de EMAPA, restricción de exportaciones, importaciones directas de algunos productos para ofrecerlos en el mercado interno a precios subsidiados, o apertura de las fronteras a la libre importación. En fin, medidas que pretendían estabilizar los precios de los alimentos y garantizar su normal aprovisionamiento.


En la actualidad, las autoridades nacionales muestran con mucho entusiasmo que la amenaza de crisis alimentaria ha sido superada y el abastecimiento oportuno de alimentos está garantizado, afirmaciones que deben ser tomadas con cautela, por la amenaza de nuevos problemas climáticos de sequías e inundaciones que pueden poner en riesgo otra vez la producción de alimentos en el país por las pérdidas que se podrían generar.


La inmediata reacción de haberse superado el desabastecimiento de alimentos como el arroz, debería ser el retorno de la normalidad en sus precios con beneficios directos para el productor y consumidor, pero, al revisar las estadísticas se puede constatar que la situación no es favorable para ninguno de estos dos actores. En el caso del consumidor, si revisamos las estadísticas del INE,  se observa que la contracción del precio de compra en el año 2009 en relación al 2008, solamente alcanza al 8%; es decir, no se ha logrado una reducción significativa y peor aún su estabilidad, ya que sería necesario que baje un 42% para llegar al obtenido en el  2007 (5,2 Bs/kilo).


Esta situación genera con seguridad que la mayoría de la población boliviana tenga problemas en su aprovisionamiento por la alta sensibilidad del producto, hecho demostrado en un estudio realizado por CIPCA, donde un alza de 0,50 centavos por kilo en el precio, ya marcaba una tendencia de consumo de productos de menor calidad (arroz quebrado, mezclado y otros) o reducción en las cantidades consumidas por la familia.


Ahora bien, si dirigimos la atención al precio al que entrega el productor el arroz en chala se evidencia una situación tan contradictoria con la del consumidor, ya que para los productores el precio sí descendió en un 73% para este año en relación al 2008, y está al mismo nivel que en 2007 (alrededor de 2,68 Bs/kilo).

Estos datos reflejan que las industrias han podido abastecer su demanda de arroz para este año, gracias a la libre importación del producto, el contrabando y la recuperación de la producción (se estima que se produjeron este año 450 mil toneladas y el 2008 283 mil). Esta situación les genera a las industrias la seguridad de cumplir los compromisos con sus clientes y por eso, pueden regatear los precios al productor, quien como vemos, es el más perjudicado. Estos precios bajos para el productor, ya están generando problemas en la recuperación de la inversión realizada en el cultivo, que les origina serios problemas de endeudamiento y con riesgo de quiebre, donde el efecto inmediato es la falta de recursos o motivación para  seguir produciendo arroz. Ello nos lleva otra vez a la situación de incertidumbre sobre la producción para el 2010 y la situación laboral de los productores que se dedican a esta actividad.


Por último, si analizamos la brecha entre el precio que recibe el agricultor y el precio que debe pagar el consumidor final, podemos observar que ésta es la más alta de los últimos cinco años (3,16 Bs/kilo), ya que esta diferencia es un 45% más en relación al 2008 y sube a 82% si se compara con la obtenida en el 2007.


Todos estos datos nos permiten reflejar que el productor no es el causante principal del alza de precios para el consumidor y que tampoco se ha beneficiado con este panorama. Además, con los precios al que entrega su producto en la actualidad ya debería de haberse estabilizado en los mercados el precio al consumidor, al no ser así, la situación de especulación por parte de los intermediarios se hace muy evidente.


La situación descrita evidencia la falta de aplicación de mecanismos de control en el comercio de arroz y otros alimentos; medios más adecuados de regulación que permitan una distribución más equitativa de los beneficios generados por este cereal, evitando la especulación por parte de los distribuidores, como en el presente caso.


(*) Ana Isabel Ortíz es consultora de CIPCA

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