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Propuestas Económicas Productivas

La Tierra Comunitaria de Origen (TCO) puesta en la Constitución Política del Estado en 1994 como un derecho de propiedad colectiva materializa sólo parcialmente, la idea de tierra-territorio que surge y se extiende desde las organizaciones indígenas del Beni, con la marcha a La Paz en agosto 1990. En la Nueva Constitución se la denomina Territorio Indígena Originario Campesino (TIOC). Cada TCO se fundamenta en el derecho que tienen los pueblos indígenas de poseer territorio propio, no es una división administrativa, ni una entidad territorial estatal, pero ahora tiene la posibilidad de transitar hacia una cualidad pública con la figura de las autonomías indígenas que según la Constitución tomará como referente de su jurisdicción a cada una de estas propiedades colectivas.

Más que territorio de un pueblo étnico se trata de una posesión en el sentido de derecho propietario de una organización específica que articula y representa a comunidades y grupos familiares.  Porque las TCO actuales en el Beni, y en general en la región amazónica, no son lo mismo que el territorio ocupado por un determinado pueblo, antes o ahora, aunque puede ser su porción o si se quiere, ahora, su residuo.

No todos los pueblos étnicos en el Beni ahora poseen una TCO como un todo, ya que el saneamiento de tierras ha generado en su interior islas, separaciones y desprendimientos. Algunas ya no cuentan con continuidad territorial, lo que dificulta que sus habitantes se piensen,  a la larga, unidos por el territorio,  es decir constituir su  identidad territorial en sentido de “nosotros somos de aquí”. La Ley constitucional hace entender, implícitamente, que la continuidad territorial de una TCO no es un requisito en la posibilidad de pasar a la autonomía indígena y es coherente si se entiende que la  toma como base de una futura delimitación que dará a luz a una entidad territorial de autogobierno. Por eso mismo los nexos de unión y cohesión se sostienen en otros factores que han ido manteniendo e innovando en el contexto de sus procesos de formación de nuevas organizaciones. Justamente, ya  es, en algunos casos, la organización matriz de cada TIOC un factor de articulación, aunque con diferencias de eficacia, alcance y legitimidad en las respectiva comunidades.  

La posibilidad de sentirse unidos puede darse por el uso del idioma ancestral nativo, que es lo mas fuerte en la cohesión étnica. Un idioma es un mundo, cierra y marca la diferencia con los otros hablantes, con los otros idiomas. Pero muchos pueblos en el Beni ya no conservan un uso activo de su idioma, otros ya no tienen hablantes, solo diccionarios de antiguas palabras.  Una de las excepciones destacables es la sociedad chimane, donde el 100 % de sus miembros usan su idioma propio, tanto en las escuelas, las familias, en las reuniones comunales o cuando se encuentran entre ellos durante su visita a la ciudad de San Borja.  

Pero no confundamos, no por la pérdida del idioma propio un pueblo étnico ya no existe o no es tal,   se tiene que entender, más bien, como un cambio cultural debido a varios factores, entre los que cuenta la monocultura estatal a través de las escuelas fiscales. Además se ha encontrado diversas estrategias, donde las sociedades étnicas en el presente vienen creando nuevos nexos y ámbitos de socialización de la identidad que los cohesione como un destino común.
Pensarse unidos por un mismo origen étnico dentro un mismo territorio es otra opción pero varias TCO son en la realidad de su vida multiétnicas (viven una comunidad a lado de otras de origen diferente), pero al mismo tiempo interétnicas, en las mismas comunidades viven como un todo, se comunican con un tercer idioma e incluso se casan entre miembros de un pueblo con los del otro.  De allí que se puede pronosticar la tendencia a configurar nuevos referentes de identificación étnica, mientras otros ven con optimismo la llegada del deseado mestizaje.  
Pero resulta que ahora, es posible prever que ya no emergerán más pueblos indígenas, más allá del listado que presenta la Constitución Política del Estado con nombre y apellido. Entonces quedan “abrogados” los procesos de re etnización como fenómenos de las sociedades del presente. Aunque tiene sus ventajas la posibilidad de dar un lugar a cada pueblo indígena en la comunidad política que es una Constitución, es un cierre que va contra la dialéctica de las culturas humanas, siempre creando y recreando identidades, por eso hay que repensar toda forma de estandarización normativa sobre la cuestión pluricultural y las identidades. Se presupone que los que (re) aparezcan no pueden ser ya contados como tales, esa es la traba de inscribir identidades culturales como un hecho legal, aunque quien sabe sus propias luchas creen la opción de otro ajuste constitucional. Pero ¿y qué tal si los étnicos de ahora llegado el momento se oponen a los emergentes de mañana?

(*) Wilder  Molina  es sociólogo de CIPCA Beni

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