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Propuestas Económicas Productivas

Trabajé más de 8 años en la gestión territorial del TIPNIS, desde que retornaron los marchistas de La Paz, en septiembre de 1990, con el Decreto Supremo Administrativo que determinaba su condición de territorio indígena sin dejar de ser parque nacional, con Marcial Fabricano Noe como presidente de la sub central.

El tema del camino Villa Tunari – San Ignacio ya estaba presente entre las preocupaciones centrales, desde los inicios de esta nueva etapa de las comunidades indígenas,  muy ligado a sus preocupaciones por frenar el avance de la frontera  de asentamientos campesinos productores de coca, por ello mismo, uno de los primeros acuerdos entre indígenas y campesinos fue trazar una “línea roja”, una brecha que marque la frontera límite hasta donde tenía que llegar toda iniciativa de asentamiento campesino no nativo del lugar,  según señalaba el Decreto Supremo (D. S.) que lo declara territorio indígena. En sucesivas reuniones de trabajo se registraron acuerdos con dirigentes campesinos e indígenas que regulen la ocupación poblacional a partir de la nueva doble condición, parque y territorio indígena, en varias de aquellas estuvo presente como representante el actual Presidente de la República, Evo Morales Ayma.

La alternativa de construir el camino en el TIPNIS ha sido objeto de diversos debates y posiciones contradictorias a lo largo de los últimos 10 años; sin embargo se han diversificado las posiciones entre los actores del TIPNIS. Tanto en los Encuentros de Corregidores Comunales como en diversos talleres regionales de planificación estratégica ya no se responde con rechazos radicales al camino, pero tampoco con posiciones claras de aceptación,  por lo que se puede concluir que ya no es tan importante el qué, sino el cómo y por dónde hacerlo. Estas posiciones discursivas han ido reajustándose y tomando nuevas dimensiones a lo  largo de los últimos años, la reorientación del proyecto caminero y el sentido de la obra es también objeto de lucha política entre los diversos actores involucrados, unos justifican invocando el desarrollo del Beni centrado en carreteras, otros por el bien del municipio y los indígenas en nombre de los derechos y la existencia del territorio indígena como unidad cultural-ecológica.

El TIPNIS como territorio indígena es reconocido mediante D. S. 22611 de 1990 como propiedad de las comunidades de origen: los trinitarios, los chimanes y los yuracares,  además en la parte sur, en una extensión aproximada del 10%, se asientan grupos de campesinos  en forma de sindicatos  conformados por familias de origen quechua y aymara.

En el Beni, una de las mayores aspiraciones de desarrollo para  políticos y dirigentes cívicos son las carreteras,  en treinta años se ha logrado construir carreteras precarias que unen la capital Trinidad a todos los centros urbanos del Beni, pero sigue siendo el departamento con menor porcentaje de vías asfaltadas.  La carretera Trinidad – Villa Tunari  es un proyecto de integración física entre la capital cochabambina y la capital beniana,  involucra a una red de caminos interdepartamentales,  intermunicipales y vecinales al interior de los municipios, tanto del Beni como de Cochabamba.  En el caso del Municipio de San Ignacio de Mojos, el solo hecho de proyectar la expectativa de la carretera está dando lugar a demandas de nuevos caminos  desde las comunidades ribereñas que por ahora se transportan por los ríos.

Aunque la idea de una carretera que vincule en forma directa y rápida entre Cochabamba y  Trinidad tiene una historia que proviene de los primeros años de la formación de Bolivia, el intercambio entre estas regiones también es de hace tiempo, a través de conexiones fluviales y terrestres entre el antiguo Todos Santos en el río Chapare y  Trinidad.  Pero más que esto, la idea de llegar en forma directa por carretera hasta Trinidad forma parte de una ideología de desarrollo de Cochabamba que es difundida por personajes cochabambinos, desde la época en que el Sr. Matías Carrasco es nombrado prefecto del Beni, antes del 1870.  

En los últimos seis años,  en San Ignacio de Mojos y Trinidad, las demandas de actores urbanos como los comités cívicos y  gobiernos municipales ponen énfasis en la urgencia de conectar el tramo que resta entre los dos puntos de origen: Santísima Trinidad - Santo Domingo del Sécure. De manera general, se identifica como un argumento el hecho de tener otra opción de conexión a los mercados nacionales, una vía más de integración del Beni que facilite la exportación de la producción ganadera, mientras que en menor medida se pone atención en el transporte de productos forestales o  aportes de los sistemas productivos indígenas. Pero se olvida  que la experiencia de la conexión caminera a Santa Cruz tuvo efectos negativos sobre las economías locales, como por ejemplo el desplazamiento de la producción artesanal de los derivados de azúcar, la provisión de maíz, plátano y arroz locales, por la agroindustria cruceña.  Aquella experiencia  no parece traer preocupaciones a los líderes políticos y empresariales de la región, la expansión de la frontera agrícola cruceña, la conversión de bosques aledaños a las vías en campos ganaderos parecen ser tomados como un destino inevitable como parece inevitable y necesaria la carretera Villa Tunari – San Ignacio para que el Beni y su capital no siga funcionando como un centro dependiente de la industria de Santa Cruz. 

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