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Propuestas Económicas Productivas

Las elecciones generales del pasado 6 de diciembre en el Beni transcurrieron con total regularidad y tuvo como novedad el significativo incremento del 43% (55.006 nuevos empadronados) del padrón electoral, producto entre otras cosas del programa de carnetización ejecutada por el Gobierno entre una población especialmente rural y de condición mayoritariamente indígena que por razones de carácter económico, de falta de conocimiento de los procedimientos de trámites y la poca utilidad cotidiana en comunidades y asentamientos muy alejados, no contaban con su cédula de identidad. Aunque en los hechos esta carencia les significaba un impedimento para el ejercicio de ciudadanía como la participación electoral, la realización de gestiones o trámites personales (títulos de tierra, créditos) y el acceso a beneficios como los distintos bonos.

La participación de la ciudadanía fue masiva, se indica un ausentismo del 6.8% a nivel departamental, se conoce particularmente en Mojos que hubo mesas que debieron funcionar hasta 10 horas continuas e incluso hay denuncias de personas que no pudieron emitir su voto debido a que las mesas se cerraron al término de las ocho horas pese a que aún había fila esperando. Esta situación quizá se deba a que el incremento del padrón electoral no estuvo acompañado del correspondiente aumento de mesas electorales, de modo que las ocho horas no son suficientes para atender a todos sus inscritos, por ejemplo una mesa con 230 inscritos (como tenían muchas mesas) a un ritmo de 3 minutos por persona, necesitará 11.5 horas de atención continua para dar cobertura a todos y más aún si se considera un tiempo de 7 minutos para cada elector.


Por otro lado, estas elecciones de diciembre nos dejan algunas constataciones de carácter sociopolítico que son válidas para Mojos, pero que consideramos puedan ser representativas de otras zonas del departamento. Al respecto destacamos las siguientes constataciones: Un hecho muy destacable es la proscripción de una práctica tan reprochable de los partidos políticos tradicionales en la zona y tan denigrante para el electorado de comunidades indígenas que no cuentan con mesas electorales: estas personas en vísperas de las elecciones eran trasladadas en movilidades hasta San Ignacio donde se las recluían en un recinto cerrado y se les proporcionaba comida y bebida, les retenían sus cédulas de identidad y a la hora de la elección los sacaban en pequeños grupos “acompañados” para en el trayecto al recinto electoral entregarles sus documentos de identidad, bien “recomendados” a no equivocar su voto, porque “su papeleta iría con una marca de control y además de todas maneras las computadoras registrarán si el sujeto cometiera una deslealtad”.


Tradicionalmente el sector indígena fue restringido a su rol de votante y excluido de las listas de candidatos en los distintos comicios electorales, con rarísimas excepciones dirigidas únicamente a la utilización de su nombre o su imagen de liderazgo pero en sitios de las listas prácticamente inalcanzables.


Sin embargo y es otra de las constataciones, a partir de las elecciones municipales del año 2004, donde el movimiento indígena del Beni, amparado en la Ley de Agrupaciones Ciudadanas y Pueblos Indígenas, decide participar de manera directa y con candidatos propios como pueblo indígena en el 84.2% de los municipios del departamento (16 de 19 municipios), y a partir de ahí los candidatos indígenas se han sucedido de manera sostenida tanto en las elecciones generales del año 2005 como en la elección de constituyentes el 2006 y se repiten en estas pasadas elecciones de diciembre del 2009. Además que han ido cerrando filas a un comportamiento político contestatario al orden tradicional.

Los resultados logrados en este emprendimiento de carácter electoral de inicio no fueron de los más óptimos, con contadas excepciones como el alcalde indígena en el municipio de San Ignacio de Mojos el 2004 o como los dos constituyentes indígenas elegidos el 2006. Pero este proceso electoral nos da la pauta de que el movimiento indígena en la región del Beni va consolidando un respaldo electoral que hace prever la continuidad y quizá el incremento de la presencia indígena en las listas de candidatos, con el aditamento de la paulatina convergencia en torno a una línea política coincidente, pero también en cierto modo consensuada de manera orgánica.
Y precisamente el fortalecimiento del voto orgánico por una línea política contestataria a la de los partidos tradicionales, es  otra de las constataciones que deja las pasadas elecciones generales de diciembre. Esta situación se expresa más claramente entre los pueblos mojeños y chimán, pero también se percibe la adopción de un comportamiento similar entre otros pueblos, aunque en un proceso menos dinámico.

Justamente este hecho ha dado pie al éxito electoral alcanzado por candidatos indígenas con representación orgánica (en alianza con el MAS) en la Circunscripción Especial y la derrota por sólo un punto porcentual en la Circunscripción Uninominal Nº 62, además de la candidatura campesina con victoria electoral en la Circunscripción Uninominal Nº 63. Estos resultados son producto del respaldo electoral indígena, sin desconocer la adhesión de otros sectores, puesto que se trata de circunscripciones donde la población indígena es mayoritaria y precisamente coincide con las regiones territoriales de los pueblos mojeño y chimán.

Entre los retos que le corresponde enfrentar al movimiento indígena de la región del Beni es el de fortalecer la articulación orgánica entre las distintas regionales, el de promocionar nuevos liderazgos con visión más regional y nacional, y el de consensuar una visión de desarrollo concertada y un proyecto político común.


(*) Ismael Guzmán es sociólogo de CIPCA Beni

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