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En estos últimos eventos electorales y referéndums efectuados en el país, se hace cada vez más recurrente en el análisis y comentario político el cuestionamiento a un fenómeno electoral denominado Voto Comunitario, el cual consiste en la decisión del conjunto o de la gran mayoría de los miembros de una comunidad para votar por una determinada agrupación política en un evento electoral. Este fenómeno no es reciente, aunque en la actualidad al parecer se muestra más expresivo y está mayormente circunscrito en determinadas regiones del área rural.

El voto comunitario responde a lógicas de decisión y acción colectiva concertadas, lo cual es completamente concordante con los principios y formas de selección de autoridades al interior de la comunidad entre los pueblos indígenas. Obviamente que esta práctica conlleva una contraposición con la lógica occidentalizada donde el voto es una decisión individual, está dotado de la cualidad de voto secreto y consiguientemente responde, al menos en su concepción, a la voluntad personal del individuo.

Esta diferencia cualitativa del comportamiento electoral entre estas dos concepciones respecto a la selección o si se prefiere elección de autoridades realizadas bajo las normas y procedimientos de los unos (sociedad globalizada) y asumida por los otros (pueblos indígenas), forma parte de la condición plurinacional de nuestro país y su aceptación o rechazo constituye el reconocimiento o no de la otredad, también en este tema.

Durante el monopolio de los partidos políticos, posterior a 1952 para no alejarnos tanto en el tiempo histórico, donde el sector indígena, por lo menos en tierras bajas estaba prácticamente excluido de las listas de candidatos diseñadas para cada evento electoral, el voto comunitario constituyó un mecanismo útil de negociación tanto con los gobiernos y autoridades políticas en ejercicio como con los candidatos en fase de campaña, para lograr la atención a determinadas demandas sociales propias de la comunidad, pero también fue utilizado el voto comunitario para castigar a un partido político o a un candidato cuando fueron objeto de engaños o mentiras.

En la cuestión particular de tierras bajas, el voto comunitario no siempre fue por adscripción a una linea política, en muchos casos tuvo más bien una orientación utilitaria, aunque en esta última década se percibe un proceso de ideologización, hecho que probablemente no modificará este comportamiento sociocultural, es decir, el voto comunitario, pero sí cambiará la motivación al momento de concertar al interior de la comunidad la orientación del voto.
En general, en tierras bajas esta forma de ejercer el voto no responde a un acto de mera obediencia de la comunidad a una orden de las élites dirigenciales como se suele indicar, sino responde más bien a la concertación comunal que muchas veces demanda prolongados debates en los que se aborda aspectos sociales, económicos y culturales. Incluso en el caso las excepciones donde el candidato era un líder indígena, la respuesta de la comunidad el apoyo mediante el voto no fue mecánico, aún en casos de mandatos orgánicos supracomunales; prueba de ello es que hubieron candidatos campesinos o indígenas que no lograron votación significativa como es el caso de Marcial Fabricano en el Beni.

En el caso particular del Beni, los pueblos indígenas tradicionalmente sintonizaban su comportamiento electoral al del resto de la población, caracterizado por un voto de tendencia acentuadamente conservadora, y alineados a partidos tradicionales manejados patrimonialmente por familias también tradicionales en la región.

En estos últimos años el movimiento indígena en el Beni, especialmente el mojeño y chimané, paulatinamente; fueron adoptando un comportamiento electoral acorde a una línea política contestataria a la de los partidos políticos tradicionales, situación que de un lado está desestabilizando las estructuras políticas construidas por las élites locales, pero de otro lado también está generando tensiones entre las élites políticas tradicionales y los liderazgos indígenas emergentes. Estas tensiones en algunos casos derivan en relaciones conflictivas entre sectores indígena y no indígena.

En el Beni, la respuesta electoral de las comunidades indígenas en las pasadas elecciones generales de diciembre, en tendencia, se ajustaron a la lógica de la decisión colectiva consensuada. La mejor demostración de esta aseveración es el resultado de la votación ocurrida en la Circunscripción Especial del Beni, donde la disputa del escaño indígena se concentró en dos líderes indígenas (ambos mojeños y con un currículum muy reconocido): Pedro Nuni (en las listas del MAS) y Marcial Fabricano (en las listas del PPB Convergencia), donde la postulación del primero respondió a una selección orgánica, mientras que el segundo se postuló impulsado por la élite política tradicional del departamento. La respuesta fue contundente, Pedro Nuni logró el incuestionable 75% de la votación mientras que el segundo no sobrepasó el 20% y, sintomáticamente, en la gran mayoría de los asientos electorales el voto fue comunitario.


(*) Ismael Guzmán es sociólogo de CIPCA Beni

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