Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural

 

Propuestas Económicas Productivas

Pareciera que ahora es el turno de arremeter con la “intangibilidad”. Otra distorsión más, es decir, otro fantasma más dirigido a perturbar al movimiento indígena.
Quizá intentando escamotear el triunfo de la marcha indígena, tal como antes se buscó empañar su éxito con fantasmas como: “las llamadas de la embajada norteamericana”, “el tráfico de tierras y madera”, “la marcha turista”, etc.

Pero si antes fue a través del desprestigio, ahora lo es a través del miedo. Se llegó al punto de aseverar por boca de reconocidas personalidades políticas, que los indígenas del TIPNIS ya no podrían cazar ni pescar en su territorio, porque este territorio ya no se toca, y se agregó maliciosamente que la actual dirigencia indígena, al incorporar este término en la Ley Corta, se había desenmascarado como la verdadera enemiga de “los hermanos indígenas”. Menos mal que la opinión pública percibe con claridad cuándo hay mala fe en una declaración de esta naturaleza.

A propósito de la intangibilidad y dicho en fácil, tanto en el TIPNIS como en los demás territorios indígenas de tierras bajas, existe naturaleza, existen culturas con rasgos milenarios y existen habitantes con una ascendencia ancentral. También existen en estos mismos espacios territoriales, unas relaciones más o menos armónicas entre esa naturaleza y esos habitantes portadores de cultura propia.

De modo que si hay algo que no debe tocarse de manera arbitraria en este y los demás territorios indígenas, son precisamente estos componentes que hacen a la esencia de la cualidad de territorio indígena. Pretender interferir esta cualidad del territorio imponiendo prohibiciones a patrones de vida sociocultural tradicionalmente existentes en el lugar, sería afectar precisamente su intangibilidad, ahora protegida por la Ley Corta recientemente promulgada. Ya señaló al respecto el dirigente indígena Fernando Vargas, que no se trata de vivir como pajaritos colgados de los árboles, sino de preservar y desarrollar una forma de convivencia armónica.

La intangibilidad es un mecanismo necesario no solo para el TIPNIS, sino para prácticamente todos los territorios indígenas, porque la historia de éstos está marcada por sistemáticas transgresiones a su intangibilidad, efectuada especialmente por agentes externos al territorio, pero en ocasiones también por el mismo Estado a través de sus políticas públicas.

El avasallamiento de tierras al interior de un territorio indígena, tan típico en la región de tierras bajas, es una transgresión a su intangibilidad, tal como lo es el pirateo de recursos naturales, especialmente maderables, realizados a veces con la complicidad de alguna familia del mismo territorio. En el caso del TIPNIS, este tipo de transgresión a su intangibilidad se la realizó al menos desde tres frentes: 1) avasallamiento de tierras realizado por ganaderos asentados en el lugar, 2) avasallamiento de tierras realizado por los interculturales y, 3) avasallamiento de espacios territoriales realizado por actividades hidrocarburíferas.

La implementación de un mega proyecto en el interior de un territorio indígena por ejemplo, en sí implica una transgresión a la intangibilidad del territorio indígena involucrado; tal como hubiese ocurrido con el TIPNIS, en caso que el tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Mojos lo hubiese atravesado. En términos generales, lo que planteaba la marcha indígena fue justamente el respeto a la intangibilidad de los territorios indígenas, eso está expresado de manera explícita en su plataforma de demandas.

Pero también existen otras formas menos tangibles de transgresión a la intangibilidad de un territorio indígena, por ejemplo la incursión de modelos de desarrollo contrapuestos al de las lógicas económicas de los pueblos indígenas. Esta amenaza empieza a hacerse cada vez más constante y muchas veces está alentada desde el mismo Estado a través de programas de incentivo productivo dirigidos al monocultivo o la mono producción. Los cuales si bien buscan garantizar la seguridad alimentaria del país, pero no toman en cuenta los patrones culturales de la población local, ni contemplan las condiciones ecológicas del lugar.

De otro lado, habrá que pensar cuánto respetan la intangibilidad de los territorios indígena los programas de educación y salud ejecutados por el Estado, pero sobre todo la actitud y la mentalidad de los responsables de atender estos servicios al interior de cada una de las comunidades en los territorios indígenas. Sabemos que hay una preocupación en su diseño institucional al respecto, pero aún resta lograr coherencia en su implementación operativa.

Finalmente, la intangibilidad no se restringe a controlar lo que de afuera pueda ingresar al territorio indígena, sino también a fortalecer los mecanismos internos de control y gestión territorial. Potenciando hacia adentro los sistemas redistributivos, el lazo social propio del sistema de comunidad, el vínculo de respeto de las personas con la naturaleza y todo su marco institucional de ejercicio de gobierno autonómico. No hay nada nuevo por descubrir…, la intangibilidad es eso.

 

(*) Ismael Guzmán es sociólogo de CIPCA Beni 

 

CIPCANotas

Suscripción CIPCANotas

Enlaces