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Qué difícil paradoja la decisión de las familias participantes en la marcha indígena: dejar su vivienda y su chaco a discreción de la inseguridad, para defender la seguridad de su territorio.

Estas familias, a fin de participar de la defensa de su territorio, dejaron sus cultivos y animales de cría a expensas de las plagas, las enfermedades y las inclemencias climáticas. A su retorno probablemente constatarán las pérdidas que sin embargo serán mitigadas por la bondad de sus respectivos territorios y la reciprocidad de las familias que se quedaron. El territorio es generoso y retribuye con sus frutos y productos cuando se los respeta y defiende.

Qué difícil resulta comprender cómo la plurinacionalidad y la defensa de la madre tierra se hacen cada vez más discurso y menos esencia. Los indígenas asumieron que al fin un gobierno entendía y coincidía en la concepción del vínculo de respeto con la naturaleza y la igualdad entre naciones y pueblos distintos, pero ahora el desencanto los obliga a salir a la carretera para continuar una marcha que ya lleva dos décadas de recorrido.Qué difícil es comprender cómo una gran parte de la plurinacionalidad del país, expresada a través de la marcha indígena, sea sitiada en su tránsito cuando únicamente demanda el cumplimiento de la Constitución y las leyes que le reconocen derechos. Representantes de más de dos tercios de las naciones y pueblos indígenas del país, impedidos en su marcha por menos del tercio restante, en alianza implícita con el gobierno.

Qué difícil resulta para tantas bocas sedientas de la marcha indígena, estar sitiada a tan sólo cien metros del agua, en un Estado donde según la CPE el agua es un derecho humano. No se les estaba negando el acceso a una pileta ajena con medidor tarifario, ni a una botella de agua ajena con valor mercantil, la policía negó al contingente de la marcha indígena, el acceso a un arroyo que atraviesa la geografía de la región, que penetra los territorios indígenas, suministrando vida a los hábitat de los pueblos milenarios. Por eso estos pueblos los cuidan y los defienden, pero esta vez, los empedernidos protectores de la naturaleza fueron inhumanamente impedidos de aquel vínculo ancestral que ahora es un derecho constitucional.Qué frustrante se hace para la marcha indígena, reconocer estar sitiada en un punto del país, cuando el resto de ese mismo país está solidarizado con su causa.

Qué difícil resulta expresarse libremente, cuando hasta las formas de expresión más pacíficas, como la ya tradicional marcha indígena, son interrumpidas por el mismo Estado con la brutalidad más inaceptable.Qué difícil resultan los pasos solicitantes, confluidos en una marcha indígena, cuando sólo se obtiene por respuesta un encontronazo brutal.

La marcha indígena, pareciera haber vivido sus cuarenta días de calvario en su dura travesía, para encontrar un final crucificante, consumado desde el gobierno.Qué difícil son los gritos anhelantes de justicia, cuando la sordera está apoderada del destinatario. Las voces, los llantos, los lamentos de los marchistas, niños y mayores, y hasta el murmullo del viento, son gritos que evocan justicia paso tras paso, kilómetro tras kilómetro, jornada tras jornada.

Qué difícil es soñar cuando cunde el cansancio tras el tramo de la jornada vencida, cuando la incertidumbre campea los pensamientos, cuando los niños enferman y sólo lloran, cuando la intolerancia de otros grupos se atrinchera al frente, cuando las leyes se hacen más papel que nunca, cuando el gobierno da la espalda, y si vuelca es para reprimir.

Qué difícil se hace una sonrisa, cuando ya hay mártires de por medio recordando que el esfuerzo y el sacrificio no pueden ser rifados a la primera curva del largo camino. Para los pueblos indígenas, los difuntos son espíritus que vienen del pasado para acompañar con su aliento a los vivos hacia el futuro.

Qué difícil resulta ser interrumpidos en plena marcha, cuando las ampollas en los pies de los hombres y mujeres caminantes, no hacen otra cosa que recordar que la ruta es hacia adelante, que la motivación es la defensa de los derechos colectivos, que el objetivo es la defensa del territorio para las familias de ahora, para los hijos de mañana.Qué difícil está resultando para los pueblos indígenas, hacer efectivo el derecho a la autodeterminación en el territorio propio…, ¡pero vale la pena!.

 

(*) Ismael Guzmán es sociólogo de CIPCA - Beni

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