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El trayecto recorrido por la VIII marcha indígena, que el pasado 15 de agosto salió desde la ciudad de Trinidad con rumbo a La Paz.

En defensa del TIPNIS junto a otras 15 demandas de los pueblos indígenas, hasta el momento atravesó al menos tres escenarios socioterritoriales muy diferenciados unos de otros y con fuerte incidencia en el estado anímico colectivo de quienes participan en esta marcha. Estamos haciendo referencia a: 1) espacios urbanos, 2) espacios privados y, 3) espacios territoriales de pueblos indígenas.

El tránsito del contingente de marchistas por los espacios urbanos de su ruta trazada, en este caso la ciudad de Trinidad y San Ignacio de Mojos, estuvo visiblemente marcado por un ambiente de tensión al interior de la marcha, generado sobre todo por la actitud hostil de una parte de la población urbana, especialmente en San Ignacio de Mojos (aunque también hubo muchas muestras de apoyo a la marcha). En el caso de San Ignacio de Mojos, fueron pequeños grupos (comerciantes, ganaderos y autodenominados campesinos), quienes de manera aliada asumieron una actitud beligerante contra la marcha, expresando claras muestras de intolerancia, al punto de mantener durante un día prácticamente secuestrada a la marcha, con el fin de obligarlos a dialogar con el gobierno en condiciones de fuerte presión y en función a intereses propios.

Esta situación, más el hecho mismo de sentir lo urbano como un ambiente ajeno, distinto al que la mayoría de marchistas están acostumbrados, afectó notablemente el estado anímico de la marcha y a ello se debió el cuidado de evitar en lo posible circular por las calles y debieron realizar máxima vigilancia en el sitio donde acamparon, para proteger la integridad física del contingente. Pero a pesar de ello, se dieron casos de agresión física a personas y la ruptura del parabrisas de la camioneta de una de las Subcentrales dueñas de casa en territorio mojeño: la Subcentral del TIPNIS.

El transcurso de la marcha por los espacios privados ubicados a los largo de la carretera, constituidos en su integridad por estancias ganaderas, fue otro de los escenarios en los que los marchistas deben vencer. Pese a tratarse de áreas rurales, estos espacios resultaron ser ambientalmente hostiles, debido especialmente a que están conformados o por pampas naturales, o por ser áreas deforestadas para la expansión de la ganadería. Estos espacios socioterritoriales, resultaron ser los más arduos debido a las condiciones físico climáticas que lo caracterizan: sitios sin sombra para el descanso por ser éstos pampas naturales o áreas deforestadas para la ampliación de la frontera ganadera; sitios generalmente sin agua en esta época de sequía; sitios desprovistas de peces y otros animales de caza de los que se valen los marchistas para su alimentación diaria.

Pero el tránsito de la marcha también atravesó territorios indígenas, en este caso: el Territorio Indígena Mojeño Ignaciano y el Territorio Indígena Multiétnico, ambos dentro de la jurisdicción de la provincia Mojos. Fue completamente visible el cambio tanto del estado anímico como de la actitud de los marchistas cada vez que ingresaron a este escenario territorial, pues el ambiente se torna más distensionado, la circulación al interior de la comunidad en la que deciden pernoctar es más libre y por tanto más fluida, el desplazamiento hacia los alrededores de la comunidad en busca de sitios de pesca y caza es intenso, incluso el contacto al interior de cada pueblo y entre los distintos pueblos participantes de la marcha a través de tertulias y encuentros deportivos es intenso y ameno.

Asimismo, es notorio el cambio de las condiciones de contacto con la población de las comunidades, puesto que los anfitriones proceden dentro su característica hospitalidad, ofreciendo todos los ambientes de propiedad comunal, permitiendo el acceso de los marchista a las frutas generalmente abundantes de la comunidad, además poniendo a disposición sus recursos naturales como peces y animales silvestres. Todo esto en los términos del sistema del don que caracteriza las relaciones dentro de la comunidad y entre comunidades al interior del territorio.

Es precisamente en este panorama de relaciones socioculturales donde radica la importancia del territorio que los pueblos indígenas defienden con esta marcha, porque es solo a partir de este espacio que estos pueblos pueden desarrollarse socioculturalmente, enmarcados en sus propias visiones. Es ahí donde se entiende su preocupación, su lucha, la determinación de llegar incluso a la autoflagelación a través de una marcha con el fin de lograr el respeto a sus territorios, con el fin que sus lógicas sean comprendidas por la sociedad globalizada, porque esa es la base del sentido de sus formas de vida.

Este mapa socioterritorial del trayecto por donde recorrió la marcha indígena hasta la fecha, grafica en toda su dimensión la situación sociocultural de los pueblos indígenas en nuestro país: impactos ambientales causados por actividades de enfoque mercantilistas y altamente degradadores del bosque y los suelos, hostigamiento social a una visión de desarrollo distinta a la nuestra y la renuencia de parte del Estado para comprender y atender las demandas de la marcha indígena.

Sólo en esta dimensión de la plurinacionalidad se entiende la preocupación de los pueblos indígenas ante emprendimientos de fuerte impacto a sus territorios, como la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Mojos u otros planificados o ya en ejecución. Pero también nos sitúa ante la necesidad de un profundo debate sobre el cómo vamos a implementar el mandato constitucional de lo plurinacional.

 

(*) Ismael Guzmán es sociólogo de CIPCA Beni

 

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