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Propuestas Económicas Productivas

La construcción de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Mojos, ha suscitado un estado de confrontación política en al menos dos escenarios claramente diferenciados.

En uno de los escenarios se instaló una guerra mediática altamente politizada, cuyos protagonistas son de un lado la oposición partidista que actúa a la ofensiva, paradójicamente tomando la causa indígena como bandera, aunque un giro así de repentino resulta tan inverosímil, Del otro lado, está el oficialismo situado en este caso a la defensiva e intentando demostrar que la construcción de la carretera es más bien una atención a los pueblos indígenas y su desarrollo, a pesar de ellos.

No obstante la vehemencia del debate y el fino rebuscamiento de los argumentos empleados, este escenario confrontacional pareciera ser simplemente el resultado de una construcción utilitarista emprendida por ambos bandos, puesto que la causa indígena constituye solo una oportunidad de réditos políticos que les ofrece la coyuntura. Aunque ambos se esfuercen por alinear en sus filas a los pueblos indígenas, intentando como ocurrió siempre apropiarse y re significar a partir de otros patrones culturales, tanto la voz como la actoría  propia de estos pueblos y el sentido propio de sus reivindicaciones y las lógicas que lo motivan.

El otro escenario, el que realmente refiere al meollo de la situación, lo polarizan de un lado la sociedad oficial del país que lee el hecho en cuestión a partir de sus propios códigos culturales y por antonomasia coloca al gobierno en su representación, y de otro lado están los pueblos indígenas de tierras bajas, con respaldo de originarios de tierras altas, que cierran filas ante una causa común por la que lucharon prácticamente estas dos últimas décadas: el derecho a la consulta, dirigida a proteger los derechos integrales de los pueblos indígenas y el respeto de la autonomía de sus organizaciones.

Vista la situación desde el enfoque desarrollista, propio de la cultura occidental, la construcción de una carretera constituye un componente esencial que debe necesariamente estar inserto en la integralidad de las políticas públicas dirigidas a la idea de desarrollo estructural de un país. En cambio desde las lógicas indígenas, una obra pública de estas características también puede conllevar factores perturbadores, como la intensificación del avasallamiento de tierras indígenas, la facilitación del ingreso de agentes económicos externos interesados en los recursos naturales del territorio por la vía de prácticas de adeudamiento a familias indígenas, la penetración de modelos de desarrollo altamente depredadores de la tierra y el medio ambiente, etc., hechos que además contribuyen a desestructurar el sistema de comunidad.

Obviamente que al tratarse de lógicas en cierta forma contrapuestas, para la sociedad oficial puede resultar incomprensible la oposición de la población del TIPNIS en particular y la actitud solidaria de los pueblos indígenas de tierras bajas en conjunto, a que su territorio sea partido en dos. Es por eso que en parte el Estado y en parte la sociedad civil los sindica de incomprensiblemente opositores al desarrollo, se los estigmatiza de falta de visión al rechazar un componente dinamizador de la economía, e incluso se minimiza la defensa de su hábitat como simple capricho de algunos dirigentes.

Estas sindicaciones son parte de una actitud de intolerancia e incomprensión hacia otras lógicas económicas que también forman parte de la pluralidad del país, intolerancia hacia otra visión de la realidad y otra forma de relacionamiento con su medio ecológico. En definitiva, se trata de un choque de lógicas que se arrastra desde la época colonial y pareciera ser que los pueblos indígenas son nuevamente los llamados a perder.

Para los pueblos indígenas de tierras bajas, el respeto a la madre tierra, se traduce como el respeto al padre territorio, que está compuesto por los árboles que serán derribados no solo durante la construcción de la carretera, sino también y sobre todo, como consecuencia de la penetración al territorio de agentes sociales externos imbuidos de sus lógicas mercantilistas; un padre territorio que está compuesto por una infinidad de lechos fluviales que serán despojados de sus recursos ictícolas y posiblemente contaminados por la agricultura de escala y otras actividades económicas; un padre territorio compuesto por una rica fauna que probablemente será apabullado por furtivos cazadores mercantiles de carne, de pieles, de plumas y animales vivos. Para los pueblos indígenas la defensa ante estas amenazas, constituye la defensa de sus medios de vida.

 (*) Ismael Guzmán es investigador y sociólogo de CIPCA Beni.

 

 

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