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Propuestas Económicas Productivas

No entiendo ni puedo justificar los dos meses largos de forcejeos entre la Gobernación de Chuquisaca, que parece tener prisas inexplicables en medio de tantas tareas mucho más fundamentales y urgentes, y ASUR, que administra un museo único de tejidos únicos, fruto del compromiso, trabajo y dedicación única de Verónica Cereceda. Veámoslo.

La tradición textil andina es antiquísima, bellísima, única. Dentro de ella, los tejidos de los Jalqa y Tarabuco, que son el núcleo de ese museo, son también bellísimos y únicos. Además, lo único, en este caso, es que ya no se trata de carísimas piezas antiguas recuperadas por sofisticados y buen dotados equipos de especialistas en lugares remotos sino de algo muy actual que estaba por morir y desaparecer y ahora ha tomado una nueva vitalidad llena de la creatividad de un pueblo que está emergiendo.

Las creadoras de este arte textil y de la sabiduría y destreza con que se expresa son las mujeres quechuas tejedoras sobre todo de las región jalqa de Maragua y Potolo y de Tarabuco, cada una con su marcada identidad, totalmente distinta. A igual que el Pujllay de Tarabuco son una expresión más de un proceso poco corriente por el que, a partir de las propias raíces, estas mujeres van hilvanando nuevas expresiones de su identidad ancestral con innovaciones llenas de creatividad.

Hace cuatro décadas este arte estaba en un tris de desaparecer porque la tejedoras que lo alimentaban vivían, junto con sus familias, en condiciones rurales muy  pobres y la sociedad poco apreciaba el producto de sus manos. Fue entonces cuando surgió un feliz y fructífero encuentro.

La primera vez que yo escuché de Verónica Cereceda fue por los años 60. Ella trabajaba entonces por Oruro y Charazani, donde creó, de manera pionera, un grupo de teatro quechua. Tras recorrer con su ya finado esposo Gabriel Martínez otros lugares andinos hicieron de Chuquisaca su nuevo hogar, enamorados de la gente de esa tierra.

Si a alguien he conocido yo con una sensibilidad humana fuera de serie es Verónica Cereceda. Sentada junto a la amiga tejedora, sabe escuchar, compartir, animar de persona a persona. Ayuda a crecer. Así nació una red creciente de tejedoras en el campo de Chuquisaca y Potosí que por fin vieron reconocido su trabajo, se entusiasmaron y junto con ella fueron mejorándolo. Lo ven ahora expuesto y reconocido con admiración por propios y extraños y logran venderlo mucho mejor que antes. Así y con ella nació el Museo de Arte Textil Indígena, junto con la organización ASUR que lo sustenta, en la vieja casona de Capellánicas que por años estaba abandonada.

Para Verónica cada pieza, con sus mil detalles y mensajes, es un expresión muy singular de alguna amiga. La mayoría los ignora. Verónica no. Los valora, los sabe interpretar para que todos los sepamos gozar. Y, tras ellos, ella sigue viendo y sientiendo los dedos, el cansancio y el rostro amigo de la compañera que lo tejió, foto incluida. 

¿A qué viene entonces el pleito actual? No bajaré a detalles ya conocidos y me concentraré en mi opinión. No puedo creer que el argumento jurídico sea la razón de las actuales presiones para que se abandone o trasfiera a corto plazo – primero unos días, ahora un mes – esta obra tan funcional, a mitad de un convenio ya suscrito.

A nivel nacional e internacional el trabajo y obra de Verónica, y de la institución ASUR que es su brazo operativo, es uno de los más reconocidos. Por eso el PIEB le dio hace dos años un prestigioso premio por su trayectoria de toda una vida, enfatizando su actitud humilde, silenciosa, persistente, solidaria. En y fuera de Sucre todos sabemos además que Verónica y su gente siempre han estado muy cerca del actual proceso. Cuando tantos precisamente allí se oponían, ellos contra viento y marea lo han defendido y animado. Lo sabe la Federación Campesina, el actual Gobernador. Este Museo es un instrumento excelente para apoyar el modelo Plurinacional e Intercultural de país. Paradójicamente, ahora mismo don parte del equipo técnico que prepara la solicitud que la UNESCO declare patrimonio intangible de la humanidad a las músicas y danzas de la región Yampara.

El que tarde o temprano este complejo pase a un mayor control de los propios productores en sin duda un bello objetivo, deseado también por quien lo fundó. Pero precipitarlo sin ponderar los medios para que realmente se llegue a ello, suena a gato, ambiciones o pasiones encerradas. Y  las autoridades pertinentes deberían tener conciencia de ellas, para no pisar el palito.

Si, por esas prisas irracionales, sale el tiro por la culata y lo que un tiempo después queda del Museo son sólo las ruinas o la caricatura de algo muy trabajoso, bello y funcional que se destruyó, el proceso actual quedará en ridículo. Dentro y fuera del país nos confundirán con ciegos talibanes. Y quienes van contra el proceso, se frotarán las manos.

Las vías más constructivas son siempre pensadas entre muchos. Así empezó el ayni o trabajo en compañía entre Verónica, ASUR y las tejedoras y así podemos avanzar con paso firme hacia esa meta. Nunca mejor aplicado el conocido refrán: Vísteme despacio porque tengo prisa. 

(Versión ampliada por el autor de una columna publicada en IDEAS, de Página 7, el domingo 27-II-2010)

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita

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