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Propuestas Económicas Productivas

Los reportes de organismos internacionales como la FAO, no son nada alentadores respecto a la tendencia de la subida de precios de los alimentos a nivel internacional. El índice de precios de los alimentos (entre ellos el azúcar, aceites y grasas, cereales, productos lácteos y carne) alcanzó a 231 puntos, siendo un 3,4 % más alto que en diciembre 2010 y mucho más alto que los registrados desde 1990 (“Los tiempos” 20/02/11). Según esos mismos datos, este índice registró una elevación sostenida desde mediados del año pasado, teniendo como causas principales los efectos adversos del cambio climático, las restricciones a las exportaciones, el aumento de la demanda tanto de biocombustibles como de alimentos, la depreciación del dólar y el aumento de precios de los combustibles.

Sin duda el panorama que se ha configurado a nivel internacional evidentemente ha influido – sin ser las únicas causas- en la elevación de precios de alimentos en nuestro país, lo cual está generando protestas de diferentes sectores de la población. La pasada semana, los transportistas incrementaron las tarifas de transporte público, esto generó reacciones especialmente por parte de las Centrales Obreras Departamentales, las cuales protagonizaron bloqueos y marchas de protesta. Hay preocupación y disconformidad por lo que sucede y lo cierto es que tiende a haber enfrentamientos entre sectores y actores que no son – para nada- causantes del incremento de los precios de principales productos de la canasta familiar.

Esta situación de preocupación, quizá de desesperación, frente a una eventual crisis alimentaria en nuestro país, nos plantea la urgencia de encontrar soluciones a corto, mediano y largo plazo, sobre todo de cara al sistema de producción de alimentos. Empero, también nos lleva a la necesidad de crear e innovar soluciones, en lo posible en el marco de la solidaridad considerando que el problema afecta a todos, aunque ciertamente hay sectores más vulnerables que otros. Es necesario innovar, valorando experiencias ya existentes, de lo contrario llegaremos a un “sálvese quien pueda”, como tiende a ocurrir actualmente.

En tal sentido, en esta oportunidad quiero hacer mención brevemente a una iniciativa, que se desarrolla en el país vecino de Ecuador, la cual podría constituirse en una alternativa que beneficie tanto al consumidor como al productor de alimentos, especialmente de aquellos que producen en forma agroecológica. Se trata de la experiencia de las “canastas comunitarias”, las cuales son grupos de familias/personas que se ponen de acuerdo para hacer una bolsa común para alcanzar el precio de venta al por mayor que, al final, les resulta más barato, a tiempo de comprar, en algunos casos, en mayor cantidad. Estos grupos pueden estar constituidos por 10, 20, 30, hasta más de 100 familias que, organizadas, pueden comprar mayor variedad de productos de la canasta familiar, mayor calidad y al mismo tiempo lograr ahorrar recursos económicos. La canasta comunitaria de Riobamba (de 150 familias) logró ahorrar 27.000 $us en un solo año (2004-2005) [1].  

En realidad la práctica de comprar de forma mancomunada, gastando menos y, en algunos casos, obteniendo más, no es algo tan nueva, de hecho algunas amas de casa en Bolivia lo hacen; por ejemplo mi madre me contó que algunas veces hacía eso, cuando tenía que comprar una o dos arrobas de papa, convencía a otros compradores para juntar su dinero, comprar una carga de papa y repartirse el producto obteniendo mayor cantidad a menor precio. Veamos el detalle: una arroba de papa de segunda calidad cuesta en promedio 42 Bs, si compro 10 arrobas por separado, se gastaría 420 Bs, pero si se compra una carga costaría 390- 410 Bs (datos de CIPCA Cochabamba) donde, como se ve, se generaría un margen de ahorro. 

Lo interesante de la experiencia de las canastas comunitarias es que no sólo se trata de grupos que buscan el ahorro económico, sino que muchos de ellos logran una relación directa con el productor – visitando sus parcelas productivas - a tiempo de fomentar la producción agroecológica. La madurez de estos grupos les lleva incluso a reflexionar sobre el valor real de los alimentos, más allá del precio: su valor nutritivo, su valor cultural y que el proceso de producción sea amigable con el medio ambiente, la salud de los productores y consumidores. Por ello, en su práctica, muchas de estas organizaciones realizan contactos directos con productores agroecológicos.

En esta relación directa productor-consumidor, se crean lazos de amistad donde también se ponen de acuerdo sobre los precios y la calidad del producto. En cuanto a los precios, las partes acuerdan colectivamente que el mínimo no sea menor al costo de producción y el máximo nunca supere el valor del producto al “menudeo”. Por ejemplo, según relata Roberto Gortaire (de la canasta comunitaria de Riobamba-Ecuador), si el precio promedio de la papa es de 10 $us (la economía del Ecuador está dolarizada), el mínimo es 6 $us (costo de producción) y el máximo de 14 (precio promedio al por menor); si el precio de la papa llega a ser menos que 6, los consumidores se comprometen a pagar los 6 $us, contrariamente, si el precio de la papa llega a costar 15 $us o más, los productores se comprometen a venderles a 14. Así, en situaciones críticas, se minimizan pérdidas saliendo beneficiados tanto productores como consumidores. No se trata de una iniciativa que busca eliminar a los intermediarios – ellos juegan y seguirán jugando un rol importante en la distribución y venta de los productos agropecuarios-, se trata más bien de impulsar iniciativas que lleven a mayor beneficio de productores y consumidores, considerando otros valores de los alimentos en el marco de la solidaridad.

En nuestro país, las experiencias descritas podrían funcionar en organizaciones de barrios periurbanos, en Organizaciones Territoriales de Base (OTBs), en grupos religiosos o sociales cuya dinámica de reuniones y encuentros son periódicos o en grupos familiares. En el área rural, por ejemplo en el valle alto de Cochabamba o en el extremo del Norte Potosí, los grupos de productores, podrían considerar la oferta organizada de sus productos entre ellos papa, trigo, maíz, hortalizas (cebolla, zanahoria, lechuga, etc.) y frutas (durazno), especialmente aquellos que se producen con riego. El contacto directo entre productores y los consumidores, sería una vía válida para impulsar más la producción agroecológica y la recuperación de la agrobiodiversidad, en esto, los consumidores conocerían y valorarían, por ejemplo, diferentes variedades de papa actualmente no producidas en gran cantidad porque no existe demanda. Algunas variedades de papa son más resistentes a la sequía o a determinadas plagas y enfermedades; la demanda de estas papas favorecería mucho al productor campesino.

En este sentido, una iniciativa similar a la descrita, daría lugar al establecimiento de una alianza productores-consumidores para afrontar organizados, en el marco de la solidaridad, esta situación de elevación (sostenida) de precios de los alimentos y la necesidad de fortalecer los sistemas productivos, especialmente de productores campesinos indígenas.

(*) Elizabeth Vargas es Directora de CIPCA Regional Cochabamba.



[1] GORTAIRE, Roberto. “Sistemas de canasta comunitaria: Construyendo organizaciones de consumo agroecológico”. 19 pp.

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