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Propuestas Económicas Productivas

Ojalá esta modesta columna sea leída por las legaciones locales de NN UU y de los EE UU para que sean mediadores calificados ante sus mandantes para explicar la pertinencia de la actual campaña de Bolivia a favor de eliminar la masticación de la hoja de coca dentro de las prohibiciones de la Convención Única de NN UU sobre Estupefacientes de 1961 y su Protocolo de 1972.

Como aclara un comunicado de la Cancillería de enero 2011 este paso mínimo “no implica aceptar ni promover el libre cultivo de la hoja de coca”. Es simplemente hacer justicia frente a una prohibición sin base científica que se coló en aquella Convención en base a la débil información y prejuicios de la época con toques que hoy quizás llamaríamos racistas.

El art. 49-e de dicha Convención dice: “la masticación de la hoja de coca quedará prohibida dentro de los 25 años siguientes a la entrada en vigor de la presente Convención”. Ya pasaron 25 y más años y ahora, si no hay objeciones en contra hasta fines de enero, la prohibición desaparecerá. Hasta ahora sólo hubo objeción de Colombia, Egipto y Macedonia pero la retiraron tras las explicaciones de nuestra Cancillería. Sin embargo Estados Unidos ya ha manifestado su intención de presentar una objeción y buscar aliados en esa su contra campaña.

A esas alturas, tal tipo de contra campaña ya no tendría una base sólida científica ni antropológica. Iría incluso contra los art. 11 y 12 de la Declaración de NN UU sobre Pueblos Indígenas de 2007 sobre la que Estados Unidos ha anunciado revertir su anterior voto negativo en positivo. Ha sido el último en hacerlo. A lo más sería una movida política.

En 1986 el prestigioso antropólogo norteamericano William Carter, posteriormente jefe de la sección latinoamericana de la Library of the Congress en Washington, junto con su colega aymara Mauricio Mamani publicaron un clásico de 530 páginas titulado Coca en Bolivia (La Paz, ed. Juventud) que muestra hasta la saciedad que el masticado de coca (akulliku o pijcheo) tiene muchas virtudes, usos sociales y culturales sin los efectos nocivos que se difundían a mitad del siglo XX.

Poco después, entre 1991 y 1994, el Programa sobre Uso Indebido de Substancias de la Organización Mundial de la Salud (OMS/PSA) en colaboración con UNICRI efectuó el mayor estudio mundial sobre la cocaína hasta la fecha, cubriendo 19 países sobre el uso de la cocaína y de otros productos de la coca, sobre sus usuarios, sobre los efectos en los usuarios y en la comunidad, y sobre la respuesta de los gobiernos ante el problema de la cocaína. Con relación a nuestro tema destacó  de nuevo que el uso tradicional de la coca no parece tener efectos negativos para la salud y tiene en cambio funciones terapéuticas, sagradas y sociales positivas entre los pueblos indígenas de la región andina, así como entre algunos grupos del Brasil. Se esperaba publicar los resultados en 1995 pero el Departamento de Estado de los EE UU lo objetó y hasta ahora sólo son asequibles parcialmente por vías informales. El lector interesado puede encontrar más referencias en el nº 79 de la revista Cuarto Intermedio, pp. 51-75.

Ojalá los EE UU no impongan su poder contra la evidencia.

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita

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