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Propuestas Económicas Productivas

Xavier Albó (*)

Hace poco (LR 13-VI-2010) ya comenté la primera petición que “como católico de base” hizo recientemente Evo al Papa, a saber, que se aboliera la obligación del celibato para los sacerdotes. Hoy me fijaré en su segunda petición: que se permita a las mujeres llegar al sacerdocio.

Es otro asunto muy actual en la Iglesia Católica. Otras varias iglesias cristianas ya lo han zanjado y ahora tienen sacerdotisas y hasta obispas. Varias veces, estando de paso por otros países, he participado en celebraciones presididas por tales “reverendas” y “monseñoras” y me he dicho “¿por qué no?” Muchas preferirán seguir en el llano. Bella opción. Pero lo injusto es que se les bloquee tal rol, pese a que ya en 1976 un informe de la Pontificia Comisión Bíblica afirmó que en el Nuevo Testamento no se encontraba ninguna justificación para excluir a las mujeres del sacerdocio.

El argumento más esgrimido por quienes se oponen es que Jesús sólo nombró apóstoles a varones. Pero ¿será así por razones realmente doctrinales o sólo por las condiciones culturales de su tiempo? Si Jesús viniera hoy, ¿haría igual? Cuesta creerlo. San Pablo – que reflejaba su tiempo y cultura cuando pedía que las mujeres se cubrieran con el velo en el templo – también proclamaba proféticamente “ya no hay diferencia entre judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer” (Gálatas 4,28).  ¿Y quién más apóstol que María, la escogida para traernos a Jesús, la que provocó su primer milagro y la que le acompañó dolorosa pero firme en la cruz cuando los apóstoles huían o le negaban?

Varias de esas razones las copio de Roy Bourgeois, un joven y dinámico profeta Maryknoll, al que los maduritos como yo sin duda recuerdan cuando, en tiempos de dictaduras,  apoyaba aquí nuestros movimientos de derechos humanos y la lucha por la democracia. Y en su tierra ha peleado tenazmente contra las guerras en Vietnam, Irak y lleva veinte años liderando el movimiento pro cierre de la SOA (School of the Americas), esa fábrica perversa de dictadores latinoamericanos.

En 2000, mientras Roy participaba en Roma en una conferencia de justicia y paz, Radio Vaticana le invitó a hablar de la SOA y al final añadió: “no puedo referirme a las injusticias de la SOA y quedarme callado sobre injusticias en mi iglesia: nunca habrá justicia en la Iglesia Católica mientras no se acepte la ordenación de mujeres”. Hace un mes escribía: “Como la abolición de la esclavitud, el movimiento de los derechos civiles o el derecho de las mujeres al voto, la ordenación de mujeres es inevitable porque es justa”. Tardará más o menos, pero llegará.

Las mayores renovaciones bíblicas y teológicas siempre han sabido combinar volver a las raíces y, a la vez, tomar en cuenta los avances en otras disciplinas y ciencias. Con ello disciernen mejor entre lo que es la esencia de la Buena Nueva y lo que simplemente refleja el estilo, contextos y condicionamientos históricos o culturales de un lugar y momento concreto. La historia y las diversas ciencias humanas y sociales son buenas compañeras de la teología.

Y cualquier caso de discriminación es siempre un excelente termómetro para medir cuán profunda y genuina es nuestra fe y – para el caso – también nuestra humanidad.

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita

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