Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural

 

Propuestas Económicas Productivas

Una notable diferencia entre el conflicto Potosí vs Gobierno el mes pasado y el anterior con Sucre, en 2007, es que en Potosí no hay la misma polarización entre una ciudad hostil y un área rural aliada (ver mi columna del 5-IX-2010). En diciembre 2009 Evo ganó en este departamento por el 74% y, en abril, el MAS ganó la gobernación con un 67% aunque, en la capital, el tres veces alcalde René Joaquino, de AS, retuvo este cargo por un 52%; no sorprendió dado su historial y el criterio más pragmático de las elecciones locales.

Pero no por ello la Villa Imperial deja de tener un ambiente mucho más popular que otras capitales departamentales. Hay una fuerte incidencia de las organizaciones mineras, que tanto han apoyado a Evo ya en 2005, y son también muchos los inmigrantes rurales que mantienen su relación con sus lugares de origen.

Pero cuando llegó el alzamiento buena parte de estos sectores urbanos se unieron a la protesta. Aunque de forma menos generalizada, contó también con la adhesión de diversos sectores y organizaciones rurales. Recordemos que todo empezó con la protesta y demanda de los ayllus de Coroma que se trasladaron a bloquear la entrada a la ciudad, reavivando su secular pleito fronterizo interdepartamental por un cerro de puro piedra caliza, materia prima para una prometida fábrica de cemento (ver mi columna del 22-VIII-2010).

No se puede achacar toda esa expansión de la protesta a sólo un  complot organizado de la oposición, por mucho que ésta se frotara las manos y metiera obviamente mano para amplificar las protestas. Movimientos sociales cercanos al MAS y aún más a Evo también participaron en la protesta incluso de manera orgánica. El recién nombrado gobernador Félix González lo compendió y de hecho, sin abandonar el MAS, se unió también a uno de los piquetes de huelga de hambre. Quizás le facilitó el diálogo posterior.

No faltaron sectores sociales mineros y sobre todo campesinos que se descolocaron de la protesta en particular cuando el COMCIPO y otros líderes fueron radicalizando su oposición y exigencias. Pero el hecho mismo de que otra buena parte de los movimientos sociales sí se unieran al paro (y, en el caso de Coroma, incluso lo iniciara) merece una reflexión. Ya pasó antes con la CIDOB e incluso en Caranavi y Achacachi, ambas plazas fuertes de las organizaciones “trillizas” que se adhieren al MAS en sus mismos estatutos (CSUTCB, Bartolinas y las “Comunidades interculturales”).

De ahí deduzco:

Primero, en Bolivia los movimientos sociales nunca se limitan ni –me sospecho– se limitarán a ser silenciosos ejecutores de lo que se les diga desde el Gobierno, por cercano que les sea. El “poder total” en que sueña el vicepresidente Álvaro, ¿incluye o excluye esas negociaciones con ellos?

Segundo, los movimientos sociales son más monolíticos cuando tienen un claro objetivo o enemigo común; pero ante conflictos locales pueden fracturase con pasión  perdiendo una perspectiva más amplia. Entonces ya no se puede mandar “obedeciendo” (¿a qué bando?) sino mediando o negociando.

Y va la tercerita, de yapa: que deba dialogar el Presidente u otros ya dependerá de cada coyuntura. Pero en principio lo último denota una mayor institucionalidad.

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.

CIPCANotas

Suscripción CIPCANotas

Enlaces