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Estamos nuevamente en un período eleccionario y el momento es propicio para rememorar uno de los hitos en materia de participación política, marcado hace cinco años en el Beni por el movimiento indígena de Mojos.
En el mes de enero del 2005, el Concejo Municipal del Municipio de San Ignacio de Mojos, concretizó la elección de quien además se constituiría en el primer alcalde indígena en el departamento del Beni. Su nombre Sixto Vejarano Congo, dirigente del movimiento indígena de Mojos emergido de la Central de Pueblos Étnicos Mojeños del Beni (CPEM-B), líder formado al rigor del ultraje por las agresiones físicas de que fue objeto, asediado por los distintos procesos judiciales a que fue sometido y por la difamación y la calumnia reiterada contra él y otros dirigentes. Antecedente este que a su vez es un reflejo de la marginalidad y abuso hacia los pueblos indígenas de Mojos a lo largo de su historia colonial y republicana.

La emergencia del movimiento indígena y con ello la del primer alcalde indígena en el departamento, representa un quiebre en la tradición política de la región. La población electoral del Beni, tradicionalmente conservadora en sus preferencias electorales, sustentó la hegemonía de un bipartidismo (MNR-ADN, luego PODEMOS) que impuso una tradición política caracterizada por la conquista prebendal del voto, el manejo patrimonial de las instituciones estatales y una actitud social y políticamente selectiva en la gestión pública. Donde además prevaleció la imposición de “liderazgos” prefabricados al interior de un círculo interfamiliar de élites, prácticamente infranqueables al resto de la población.

El movimiento indígena de Mojos fue quien dio el primer paso en la ruptura de este orden político establecido, aunque ya en la década de los ’90 había sido pionero en los procesos de movilización reivindicativa con la célebre marcha indígena por el Territorio y la Dignidad y otras movilizaciones posteriores, así como lo fue en el proceso insurreccional del siglo XIX (con Pedro Ignacio Muiba) en contra del abuso por parte de la administración colonial.

La experiencia acumulada del proceso de saneamiento de tierras en la región, fue un factor de empoderamiento del movimiento indígena de Mojos, donde los múltiples y permanentes conflictos con los terceros y la actitud parcializada del INRA por entonces, demandó del sector indígena mayor grado de articulación orgánica y capacidad de movilización. Esto tuvo su correspondencia en la emergencia de liderazgos indígenas con proyección política a nivel local y ahora incluso regional, quienes se forjaron al calor del debate público permanente del que fueron actores, la definición de estratégicas de defensa del territorio en la dinámica coyuntura sociopolítica, la generación de propuestas dirigidas a consolidar la propiedad de sus espacios territoriales demandados y la gestión de conflictos intersectoriales. Esta agregación de situaciones fue la escuela en la que se formaron políticamente.

De este escenario sociopolítico emergió el primer alcalde indígena del departamento, postulado de manera orgánica y mediante instrumento político propio como pueblo indígena (la CPEM-B), posibilitado por la Ley de Agrupaciones Ciudadanas y Pueblos Indígenas que desmonopolizó la representación de los partidos políticos. Esta experiencia es parte de un proceso lento pero aparentemente irreversible, recordemos que ese mismo año postularon candidaturas indígenas con instrumento político propio (CPIB, CIDOB) en otros quince municipios de la región, aunque con resultados mucho más modestos; sin embargo sus expectativas para estas venideras elecciones municipales del mes de abril son mayores y probablemente en más de un municipio repetirá esta experiencia.

La candidatura de Sixto Vejarano Congo, no estuvo exenta de resistencias en las mismas comunidades, debido a que en las relaciones sociopolíticas del lugar este emprendimiento implicó una ruptura con el orden político establecido y para el comunario común significó la incursión en un campo distinto al de su tradicional estructura institucional. Hoy, dicha situación cambió significativamente y el movimiento indígena de Mojos en cierta forma ha incorporado la institucionalidad estatal en su discurso y propuestas, y lo hizo desde una línea política contestataria a la tradición imperante.

La gestión del primer alcalde indígena fue fugaz, duró menos de un año y desde su inicio estuvo condicionada por la necesidad de sanear el municipio y responder una deuda absorbente heredada de gestiones anteriores, estuvo limitada por la carencia de recursos humanos comprometidos para acompañar en condición de funcionarios públicos una gestión municipal dirigida por un indígena. Al mismo tiempo fue objeto de un contubernio de concejales de los partidos políticos tradicionales que lo derrocaron a través de la figura del Voto Constructivo de Censura utilizando argumentos políticos como la ineficiencia operativa.

Para esta próxima elección municipal del 4 de abril, debido a una negligencia de los responsables en el cumplimiento de requisitos, la CPEM-B  no logró habilitar su sigla y para no quedar totalmente al margen de este proceso eleccionario logró establecer una no muy concensuada alianza con el MAS. Pareciera repetirse la exclusión temprana del espacio de poder político ocurrida el 2005, pero esta vez de manera mucho más anticipada. No obstante, el movimiento indígena en Mojos se consolida como actor central del escenario político en el municipio y esta experiencia tiende a replicarse en otras zonas del departamento del Beni.

(*) Ismael Guzmán es sociólogo de CIPCA Beni

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