Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural

 

Propuestas Económicas Productivas

Noviembre es, también en los Andes y en otras muchas partes, el mes de los muertos, siempre vivos, desde tiempos precolombinos. Con ellos, es celebración de la vida a uno y otro lado de la muerte. Cuando vienen a visitarnos, llegan también con ellos las lluvias que reblandecen a la Madre Tierra para que nos traiga más vida, producción y abundancia. Por todo esto su recuerdo va envuelto en alegría comunitaria. Los cementerios esos días son vergeles. Compartimos solidariamente comida, bebida, flores, rezos y sobre todo t’anta wawas, t’anta caballos, cóndores, escaleras… tantas y tantos t’antas y panes de toda índole, eco de multitudes que han rezado literalmente “con las manos en la masa”, por sus seres queridos o por otros olvidados.

En la octava muchos celebran a las Ñatitas, esas calaveras a veces de seres desconocidos, a veces incluso de familiares muy cercanos, a los que recuerdan y honran con cariño. En Cochabamba se las despide y se desarman las wallunk’as (columpios) con un temprano miskha Carnaval por San Andrés, a fin de mes.

¿Para qué decretar qué es correcto o incorrecto en esas creencias? Lo clave es que muchos lo hacen, sin dañar a otros con ello, y que, por tanto, debemos respetarles esa creencia, como esperamos también que otros respeten las nuestras aunque no las compartan.

En este tema hay cierta continuidad con prácticas y vivencias ancestrales tanto andinas como cristianas.

Sobre las andinas, ya hace siglos Guaman Poma escribió lo siguiente en su Nueva Crónica, junto con un bello dibujo (pg. 256-7[258-9]):

“Noviembre , Aya marcay quilla (mes de llevar difuntos). En este mes sacan los difuntos de sus bóvedas que llaman pucullo y les dan de comer y de beber, y les visten de sus vestidos ricos, y les ponen plumas en la cabeza y cantan y danzan con ellos, y les ponen unas andas y andan con ellas de casa en casa, por las calles y la plaza y después tornan a metellas en sus pucullos.”

Sobre las cristianas, he tenido hace poco el privilegio de visitar las catacumbas romanas, precisamente en el contexto de una reunión mundial sobre diálogo inter-religioso. Impresionan y llenan de devoción kilómetros y kilómetros de cementerios subterráneos  llenos de huesos y calaveras de muchos no cristianos y también de los primeros cristianos, que allí se reunían y tenían sus celebraciones en aquellos tiempos de persecución. Huella de aquellos siglos fundacionales es que siglos después se pedía que en la piedra-ara de cada altar hubiera siempre reliquias, es decir, huesos de los mártires, haciendo así más tangible su presencia. En la época de la Reforma y Contrarreforma ello fue también objeto de controversias hoy por suerte ya bastante superadas.

¿Será tan anormal que el recuerdo de los muertos, siempre vivos, se exprese también en sus huesos y calaveras? A nivel universal, ¿no será más bien anormal no hacerlo, aunque ello es también digno de todo respeto?

El respeto y enriquecimiento mutuo en nuestras diversas creencias, cosmovisiones y ritos, sin dañarnos mutuamente, es ecumenismo, es diálogo inter-religioso, es la expresión religiosa de la interculturalidad, base de nuestra convivencia (CPE, art. 98)

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita

CIPCANotas

Suscripción CIPCANotas

Enlaces