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Propuestas Económicas Productivas

En estos últimos años la participación de la mujer en la agricultura ha sido de mucha importancia. Según un reporte de la FAO[1], en Bolivia el 85,7% de las mujeres rurales se ocupa en el sector agrícola y pecuario, lo que significa que aproximadamente 1.500.000 de mujeres trabajan en la producción de alimentos ocupando alrededor de 8,6 horas diarias a estas tareas. Trabajan intensamente en los cultivos, con el ganado menor, la forestería, pero además de todo, realizan las labores domésticas, el cuidado de los niños y ancianos y otras actividades fuera del predio.

Esta participación de las mujeres en la agricultura familiar y en otros rubros productivos, aporta a la seguridad alimentaria[2] y a la generación de ingresos económicos a través de la producción de diversos granos, hortalizas, legumbres, cereales, etc., además en la crianza de animales domésticos como gallinas, patos, chanchos, ovejas, chivas y otros de ganado menor[3], y también participan en la producción de artesanías siendo una fuente importante para los ingresos familiares a partir de la comercialización, responsabilidad que en muchos lugares no solamente es asumido por las mujeres, sino que es una actividad propia de ellas.

Pero lamentablemente, esta contribución de las mujeres a la agricultura y a la seguridad alimentaria está considerablemente subestimada e invisibilizada pues generalmente son consideradas trabajadoras del hogar no remuneradas. Si bien nuestra Constitución Política del Estado reconoce el derecho humano a la alimentación en su Artículo 16 así como la obligación que tiene el Estado de garantizar la seguridad alimentaria, y el gobierno propuso fortalecer un modelo nacional productivo con una visión integral de desarrollo, combinando la producción agropecuaria, forestal y aprovechamiento de recursos de la biodiversidad; apoyando a productores rurales sobre todo a las y los pequeños y a organizaciones comunitarias, los avances de esta propuesta aún son muy escasos y no se ve tampoco el apoyo directo para las mujeres.

Algunas familias productoras han conseguido ampliar y fortalecer su producción diversificada para la seguridad alimentaria y la generación de ingresos, pero el acceso a los recursos naturales todavía no es equitativo para estas mujeres y la gestión sostenible no se aplica en todos los territorios, siendo la propiedad de la tierra un obstáculo para el desarrollo, sobre todo de estas familias donde las mujeres son las cabezas del hogar[4] pero no tienen el título de sus parcelas a su nombre, pese a que las leyes ya contemplan ese derecho.

Otra de las dificultades por las que atraviesan las mujeres rurales en esta tarea de apoyar a la seguridad alimentaria, es la pérdida de sus cosechas debido a las sequías, incendios, quemas o inundaciones, que cada vez azotan con más fuerza los campos de cultivo. Es por esto que se dice que las mujeres están identificadas como las más vulnerables frente a los embates del Cambio Climático.

Con estas consideraciones, y aprovechando esta nueva etapa que vivimos en Bolivia, se debe hacer más énfasis en mejorar las condiciones de las mujeres, en destinar recursos específicos para su desarrollo y crecimiento y conseguir un verdadero acceso y control de los recursos naturales, financieros y tecnológicos, que vayan acorde a cada contexto agroecológico, que estén al alcance de las familias productoras y que combinen con los saberes y conocimientos locales; que sobre todo logren facilitar y acortar el tiempo y esfuerzo de las mujeres en sus actividades económicas, e incursionar con mayor empeño en el uso y manejo de energías alternativas para garantizar una seguridad y soberanía alimentaria.

(*) Claudia Vedia Pacheco es Comunicadora de la Oficina General de CIPCA y miembro del equipo de la Unidad de Acción Política (UAP)


[1] Marcela Ballara. “La mujer en la agricultura, medio ambiente y la producción rural”, FAO. Chile, 2009.

 

[2] El mapa de vulnerabilidad a la seguridad alimentaria elaborado para Bolivia el año 2003 concluye que el 53% de los municipios de todo el país conforman el grupo con mayor vulnerabilidad a sufrir hambre. Al año 2007 este porcentaje se redujo a 44% (de un total de 327 municipios), según datos del Programa Mundial de Alimentos.

 

[3] Según datos de la CAN, el 48% de los alimentos cultivados en los cinco países que la conforman son producidos por mujeres.

 
 

[4] Según la FAO (2009), cerca del 16,7 % de los hogares rurales está en manos de mujeres.

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