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Propuestas Económicas Productivas

Hace tiempo que quería llegar a Mendoza, no tanto por el vino – que bien se lo merece – sino por los miles y miles de bolivianos que desde el llano contribuyen también a esa riqueza local. Por fin pude hacerlo hace dos semanas.
¿Cuántos bolivianos hay fijos en Mendoza? No se sabe. El consulado boliviano local tiene registrados a 48.331 pero añade que estimaciones hechas por la Universidad y otros oscilan entre 150 y 300 mil, incluyendo a los migrantes de 2ª generación (entre el 10 y 20% de la provincia).
Desde fines de agosto empiezan las múltiples y escalonadas cosechas anuales para el mercado –ajo, zanahoria, tomates, aceitunas, peras, nueces… y sobre todo la vendimia de la uva – y la población boliviana aumenta quizá en un tercio. Son los “braceros” o trabajadores “golondrinas” que van pasando de un lugar a otro desde la caña en Salta y Jujuy hasta estas ricas vegas de Mendoza. Ellos dicen que vienen “a cosechar plata”; trabajan muy duro y gastan lo mínimo para poder retornar a sus pagos con dinero.
También el niñito Evo Morales, de apenas cinco años, aprendió sus primeras frases de castellano en una escuelita de Jujuy hacia 1964, mientras sus padres cortaban caña. Jujuy y Salta siguen produciendo caña aunque ahora muchos braceros van más bien a Santa Cruz.
En cambio Mendoza va ganando en importancia. Según los censos – que ignoran a muchos ilegales y argentino-chilenos – hasta 1980 los bolivianos ocupaban todavía el cuarto lugar entre los extranjeros de la provincia, superados incluso por los españoles e italianos, que habían desarrollado allí la viña y el vino. Pero a partir de 1991 ya eran los segundos, detrás de los chilenos que colindan con Mendoza, y en 2001 quedaban ya apenas un 1% por debajo de éstos.
A los migrantes temporales, llenos de historias dramáticas de abusos, engaños, enfermedades e inseguridades, se añade ahora mucha gente ya residente, que se va abriendo paso poco a poco tanto en esos trabajos temporales como en el comercio, la construcción y hasta empresas; e incluso los nacidos en Mendoza –ciudad y campo– y con nacionalidad argentina pero, en muchos casos, sin dejar de sentirse también bolivianos.
En Mendoza, más que en otras partes, estos bolivianos han establecido sus redes para ayuda mutua y también para celebraciones bien difundidas por diversas radios propias, que llenan sus hogares con música e identidad boliviana. He visto, por ejemplo, una invitación impresa para la misa y procesión con la Virgen de Copacabana de este año en la parroquia rural de Tupungato, en la que los pasantes ¡enumeran a 192 “padrinos” y “donantes”!
Recién ahí me enteré que la próxima cumbre de MERCOSUR se clausurará (se clausuró ya) en San Juan, 120 kilómetros al norte de Mendoza, el lunes 2 de agosto. Evo asistirá y se quedará un día más para encontrarse con sus paisanos, partido de fútbol incluido.
Las universidades de San Juan y Mendoza ya le alistan sendos títulos de Doctor Honoris Causa. La mayoría de los bolivianos mendocinos, que en diciembre 2009 votaron masivamente por él, se sentirán también reconocidos en ese homenaje; honores no les faltan por su arduo trabajo y por haber creado en Mendoza ese buen ambiente de convivencia.
(*) Xavier Albó es Antropólogo, lingüista y jesuita

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