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Propuestas Económicas Productivas

Este 5 de junio se celebró el día mundial del Medio Ambiente cuyo tema en 2017 se centra en la conexión de las personas con la naturaleza. En este contexto, analizamos los principales hechos históricos que promovieron esta celebración, reflexionado sobre los grandes problemas ambientales y la conexión o dependencia directa del ser humano con la naturaleza.

El inicio de la revolución industrial en 1750 fue el punto de partida que desató no sólo el auge económico, científico y técnico, sino también que permitió el uso intensivo, extensivo e irracional de los recursos en busca de modelos de acelerado crecimiento económico (Hartwell, 1974). Fueron más de 150 años de indiferencia ecológica y poco o nada se hizo para controlar del aprovechamiento irracional e inmisericorde de la tierra a favor de un modelo de crecimiento sostenido pero no sustentable que iba poco a poco atentando contra la propia humanidad.

Las primeras preocupaciones medioambientales empezaron en los 1870s por la tala indiscriminada de bosques en EEUU, dos años más tarde, se creó el primer parque del mundo “Yellowstone”, incluso previo a la creación de leyes favorables al medio ambiente en EEUU. Estas iniciativas se replicaron en Inglaterra, Francia, España y Alemania, a partir de ahí, se crearon asociaciones, servicios estatales y se realizaron eventos internacionales en pro de la naturaleza (Pierri, 2001). No obstante, fue recién desde la década de los 1950s que empezaron las preocupaciones sobre el equilibrio entre la vida y el medio ambiente en una dimensión internacional. En los 1960s se quiebran paradigmas por sucesos ocurridos referentes al aumento de catástrofes ambientales, lo que motivó a los países a tomar acciones en este ámbito (UNEP, 2002).

En los 1970s se realizaron conferencias y eventos relacionados a la conservación de la naturaleza como consecuencia de accidentes y desastres de gran magnitud (ej. Love Canal en el año 1977) que alertaron a la población mundial de los peligros de la contaminación ambiental. Un evento que marcó un progreso importante en esta línea fue en la Conferencia de Estocolmo en 1972, en donde muchos países acordaron insertar, en sus instrumentos o constituciones, políticas medio ambientales como un derecho fundamental para una vida digna y gozo de bienestar. Ese mismo año fue establecido el día mundial del Medio Ambiente por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución del 15 de diciembre de 1972.

En los 1980s, la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo conocida como Brundland, definió al Desarrollo Sostenible http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/42/427. No obstante, a este periodo se lo conoce como la década perdida por los pocos avances en esta temática, en particular en los países en desarrollo, debido a la polarización política y económica de potencias en los países del Norte. También se mide por primera vez el hueco de la capa de ozono y las tendencias que ocasionaría el cambio climático aunque esto ya se había predicho por el científico sueco Svante Arrhenius por el año 1896. Debido a estos acontecimientos y otros como por ejemplo accidentes industriales como fue el caso de la explosión nuclear de la planta de Chernóbil, Ucrania, se elaboró la Estrategia Mundial para la Conservación con una visión participativa de todos los países posibles en programas desde el nivel local hasta el nacional para poder avanzar en el desarrollo sostenible.

La década de los 1990s empezó con una catástrofe ambiental producida por la guerra del Golfo Pérsico, acompañada de hambre y analfabetismo (14% de la población mundial) lo cual no ayudaba al desarrollo sostenible. Para ese entonces, un evento esperanzador fue la Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro en 1992 que trajo como resultado el establecimiento del Programa 21, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el establecimiento de la comisión sobre el desarrollo de lucha contra la desertificación y los principios para el manejo sostenible de los bosques (UNEP, 2002), así como cuestiones de medio ambiente y desarrollo y las perspectivas entre países del Norte y el Sur. Sin embargo, los resultados no fueron del todo optimistas ya que se pudo observar la relegación de los países desarrollados al no querer contribuir con este proceso. Ya en la cumbre Río+5 se pudo constatar un lento y reducido avance de lo establecido en la Cumbre de la Tierra. En ese mismo decenio, hubo diversas conferencias en cuanto a derechos humanos, asentamientos humanos, problemas de alimentación, equidad de género y desarrollo sostenible. Para finales de los 1990s la industria alcanzó credibilidad cuando se sometieron a estándares de certificación para calificar los sistemas de gestión ambiental por la certificadora International Organization Standardization (ISO) creada en 1996. Igualmente, ese mismo año la Asamblea de Naciones Unidas prohibió el ensayo de pruebas nucleares en la conferencia realizada en Nueva York.

Luego de tres décadas arduas en búsqueda de consolidar la construcción del desarrollo sostenible, para los años subsiguientes al 2000, aumentó el interés y la conciencia ambiental así como la protección de los derechos humanos, leyes laborales seguras y responsabilidad ambiental. Asimismo, se regularon el uso de productos químicos dañinos para la salud. También se llevó a cabo la Cumbre del Milenio cuyo progreso fue irreal ya que se dio a conocer que el desarrollo sostenible no se estaba logrando por las malas prácticas de desarrollo cometidas por la comunidad internacional. Al mismo tiempo fue evidente el aumento de desastres naturales y desde entonces también se toma más en cuenta lo ocasionado por ejemplo por el fenómeno de El Niño y el cambio climático lo cuales tienen un efecto devastador desde el local a lo global.

Por otro lado, desde 1995 se celebra la Conferencia de las Partes-COP donde todos los países del mundo deberían asumir compromisos en pro del medio ambiente. Por ejemplo, en la COP3 de 1997 se celebró el Protocolo de Kioto que, hasta ese momento, se perfilaba como el documento más esperanzador para regular las actividades antrópicas, capaz de recuperar el medio ambiente global. En Kioto se establecieron los objetivos vinculantes para las emisiones de gases de efecto invernadero-GEI para 37 países industrializados, pero, dos de los más grandes emisores, EEUU y China, no ratificaron el documento, el mismo  que entró en vigencia once años después, en 2008, y su fecha de vencimiento venía pre marcada para 2012, estableciendo que los países desarrollados debían reducir en esos cinco años sus emisiones de GEI en un 5% respecto al nivel de 1990, lo cual no ocurrió, reportándose incluso un aumento de 2,6% de las emisiones.

En el marco de la COP 21 de París 2015, nuevamente un ambicioso convenio mundial para luchar contra el Cambio Climático fue negociado y adoptado por 197 países y su firma se inició oficialmente el 22 de abril de 2016, el Día de la Tierra. Su aplicación se iniciará en 2020. Mediante el Acuerdo de París se contempla la limitación del aumento de la temperatura mundial a 2 ºC mediante la disminución de emisiones de GEI. No obstante, EEUU, país que provoca la segunda mayor contaminación a nivel global, después de China, a inicios de junio del presente año anunció su retiro de dicho acuerdo, siendo objeto de críticas a nivel mundial.

Para el caso de Bolivia, las primeras acciones en torno al medio ambiente se iniciaron en la década de los 1930s con declaraciones diversas para evitar la extinción y uso irracional de los recursos naturales, así como la declaración de Parque Nacional a los bosques de queñua del Sajama. El país actualmente tiene implementadas normativas de protección y conservación del medio ambiente, entre las cuales destacan la Ley de Medio Ambiente No. 1333 y Ley Forestal No. 1700, mismas que están siendo objeto de análisis para su ajuste y modificación, además de lo que establece la Constitución Política del Estado del 2009. Asimismo, la Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral No. 300 del 2012 establece la visión y los fundamentos del desarrollo integral en armonía y equilibrio con la Madre Tierra para Vivir Bien.

No obstante, algunos emprendimientos económicos como la minería a cielo abierto en la zona andina, la explotación petrolera en el chaco, el cambio de uso de suelo para la monoproducción en el oriente, entre otros, son de carácter extractivista. Queda reflexionar profundamente sobre el modelo de desarrollo que elegimos como país, no solo para cumplir con compromisos internacionales y leyes nacionales, sino para garantizar la concreción del Vivir Bien para las que lo habitamos, queda copiar e inspirarnos en las formas armónicas de manejo de los recursos naturales que aún practican algunos pueblos indígenas, queda por ampliar el diálogo en torno a los recursos comunes, y solo a partir de ello, podremos también hacer incidencia y extrapolarlo al ámbito internacional como una nueva forma de desarrollo en el que se prioricen alternativas racionales en torno al medio ambiente, más que una visión de mercado.

 

(*) Carmelo Peralta Rivero es investigador de CIPCA.

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