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Insistimos en el tema del rol de las mujeres en la Iglesia por su importancia, pero en esta ocasión lo abordamos en conjunto un teólogo y un antropólogo lingüista. Las mujeres, no solo las feministas, se preguntan por qué en la Iglesia Católica ellas no forman parte de la jerarquía (diaconado, presbiterado, episcopado), cuando en la Iglesia Luterana y en la Iglesia Anglicana hay pastoras ordenadas y obispas. Ambos hemos tenido experiencias muy sugerentes al participar en celebraciones presididas por pastoras y hasta obispas.

El argumento que se suele dar en contra del ministerio femenino es que Jesús eligió 12 apóstoles varones. En este sentido, tanto Pablo VI como Juan Pablo II cerraron la puerta al ministerio femenino en la Iglesia Católica. Pero estas decisiones papales no son infalibles y los argumentos que aducen son más sociológicos y anatómicos que teológicos. El patriarcalismo dominante en Israel impedía que Jesús hubiera nombrado a mujeres entre los 12 apóstoles que representaban a las 12 tribus de Israel. Por otra parte, Jesús no quiso establecer una nueva sociedad religiosa, sino inspirar un camino evangélico que con el tiempo se tenía que estructurar a la luz de la Ruah o Espíritu Santo. Además Jesús, en contra de la costumbre de su tiempo, habla con mujeres, las sana y perdona, y las admite en su grupo de discípulos. Jesús resucitado se aparece a las mujeres antes que a los apóstoles y María Magdalena es considerada la apóstol de los apóstoles. En Pentecostés el Espíritu Santo desciende sobre hombres y mujeres.

En las comunidades fundadas por Pablo aparecen mujeres en cargos importantes de gobierno, por entonces todavía no muy definidos: Febe, Junia, Prisca, María, Trifena, Trifonia, Pérside, etc. Teológicamente hablando, tanto el varón como la mujer son imagen de Dios, un Dios Padre y Madre que con Jesús y la Ruah forman la comunidad divina.

Lo que sucedió es que al insertarse en el mundo “pagano” a las estructuras ya patriarcales judías se añadieron las grecorromanas; los prejuicios acerca de la inferioridad de las mujeres se reforzaron con el ansia de poder patriarcal... con todo lo cual se excluyeron a las mujeres de los ministerios y de las estructuras de poder. Las razones de tal exclusión son sociológicas y antropológicas, no teológicas, y nacen de una lectura literalista y fundamentalista de la Escritura.

El 12 de mayo de 2016, en una reunión del papa Francisco con la Unión de Superioras Generales, una de ellas preguntó qué impide que la Iglesia ordene diaconisas como sucedió en la Iglesia primitiva, puesto que las mujeres trabajan en la Iglesia, enseñan, acompañan a enfermos y pobres, presiden la liturgia en ausencia del sacerdote... El Papa, ante este cuestionamiento, ha nombrado una comisión de expertos y expertas para estudiar el diaconado femenino y su presencia en la Iglesia primitiva.

Se abre, pues, una puerta al ministerio femenino, una puerta que hasta ahora parecía definitivamente cerrada. Confiamos que esta apertura pueda conducir a los demás ministerios femeninos en la Iglesia, diaconisas, presbíteras, obispas... sin excluir por tanto el Papado, es decir, ser obispa de Roma. Esto nos daría una imagen de Iglesia jerárquica menos hierática y poderosa, más humana y tierna, más alegre y sencilla, más cercana al pueblo y a los pobres.

Sin duda se puede llegar a la santidad más alta sin formar parte de la jerarquía. María, la madre de Jesús, es el caso paradigmático. El problema es cuando se excluye a la mujer de la jerarquía fundamentalmente por ser mujer. El ministerio no es un derecho, sino una vocación, pero todos y todas podemos ser llamados y llamadas.

 

 (*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita, Victor Codina es Teólogo.


Artículo publicado en La Razón el domingo 09 de octubre de 2016.

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