Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural

 

Propuestas Económicas Productivas

He leído dos veces las conclusiones oficiales de la Cumbre sobre Cambio Climático de la ONU finalmente concluida con un día de yapa, el sábado 12 de diciembre por la tarde, con la firma de los representantes de 195 países. Toman cierto liderazgo los países hasta ahora más contaminantes, que son China y Estados Unidos, que en el pasado se habían lavado las manos. Esta vez no ha habido ninguna abstención, aunque sí tensiones entre firmar y seguir apostando a un desarrollo acelerado, por ejemplo en el caso de la India. Queda la incógnita de las elecciones en EEUU. Pero lo ya logrado es un éxito y una innovación inédita con relación a los eventos anteriores.

Por primera vez el documento final tiene cierto carácter vinculante y ciertos mecanismos de verificación periódica, aunque para lograr el consenso logrado ha sido indispensable hacer una serie de concesiones. Ese acuerdo ha sido firmado también por todos los países más desarrollados, que son a la vez los más contaminantes, por lo que tienen una gran deuda “medioambiental” con los demás. En efecto, la base principal de su mayor crecimiento fue el consumo de hidrocarburos y derivados del carbono, que están en la base del calentamiento global y del efecto invernadero (con el agujero de ozono que ya se va cerrando); fenómenos sobre los que vamos adquiriendo conciencia colectiva solo recientemente y solo a medias.

El V Informe del grupo intergubernamental de análisis científico del cambio climático fue el más contundente sobre las causas antropogénicas del calentamiento, más allá de otros factores y oscilaciones naturales que también existen. En esta cumbre, más que en el pasado, los hidrocarburos, como base de todo nuestro desarrollo, son los “malos de la película”, y pasa a primer plano la necesidad de cambiar nuestra matriz energética por otras energías más limpias como la solar, la eólica y la hídrica…

Sobre las prioridades ahora más urgentes me voy a fijar aquí solo en los planes nacionales ya presentados o en vías de elaboración. Si todos se cumplieran tal como han sido elaborados, se calcula que el calentamiento no solo rebalsaría el límite de 2° Celsius (C) sino subiría a más de 3° C, con los nefastos efectos que ello acarrearía. Hay, pues, que trabajar mucho más en ello. Tanto los países desarrollados como los que están en diversos niveles de desarrollo deben combinar mejor su “vivir bien” sin esos crecientes desequilibrios internos entre los que tienen más y los que tienen menos en cada país.

Para citar el caso boliviano, no es nada transparente la apertura legal dada a la desforestación acelerada para ampliar nuestra zona productiva de soya y otros productos de exportación de los grandes agricultores y a la vez volver a reforestar, con un costo mucho más alto que el de haber mantenido sin talar lo ya desforestado. En los comentarios leídos en los últimos días hay toda una gama, que va desde el pesimismo, por ejemplo de Pablo Solón (coreado el viernes por Rafael Puente; ver también la reflexión de Roberto Savio en Servindi 15-XII-2015, a la luz de las elecciones en EEUU), hasta el optimismo de nuestro especialista en gas Carlos Miranda, por lo general pesimista en sus comentarios (ver P7 18-XII-2015).

El Art. 21 del documento final de la COP21 establece que éste “entrará en vigor al trigésimo día contado desde la fecha en que no menos de 55 partes en la convención, cuyas emisiones estimadas representen globalmente un 55% del total de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, hayan depositado sus instrumentos de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión”. A ello se dedicará un año entre abril 2017 y abril 2018. Entretanto, ya se habrán conformado varias comisiones especiales para refinar alcances y procedimientos.

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.


 

Artículo publicado el domingo 20 de diciembre de 2015 en La Razón

CIPCANotas

Suscripción CIPCANotas

Enlaces