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Propuestas Económicas Productivas

Está a mitad de su desarrollo la tan esperada Cumbre del Cambio Climático en París, donde han de tomarse decisiones valientes frente al problema mundial del calentamiento global, con sus rebotes sociales, políticos y económicos. Transcurridos ya casi dos décadas del protocolo de Kioto, urge mucho más llegar a conclusiones vinculantes para todos. Los recientes atentados del Estado Islámico en París no lograron cancelar esta cumbre, aunque sí se han suprimido varios eventos abiertos y aumentó la Policía.

El papa Francisco, quien hace poco nos brindó su audaz encíclica Laudato si (lanzada días antes de su venida a tres países andinos), ya hizo dos llamados para que la cumbre tenga la perspicacia y valentía necesarias para afrontar ese problema grave que a todos nos toca. En su primera carta dirigida desde Kenia a las autoridades de las Naciones Unidas, habló de evitar conclusiones tibias que conducirían a una “catástrofe”; en su segundo llamado, hecho desde el avión al retornar a Roma, habló del riesgo de “suicidio” si no tomamos a tiempo medidas claras.

En el resto de esta columna reproduzco algunos de los resultados más significativos del V Informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) que ha estado colaborando a las Naciones Unidas en este tema. Su presidente saliente, el indio Rajendra Pachauri, pasó por Bolivia hace dos semanas, y tuve la oportunidad de escucharlo en la Cancillería. De él y de internet tomo algunos de los resultados más impactantes, con énfasis en la base científica del problema.

La principal causa del calentamiento global proviene del aumento en la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera desde 1750. Desde la década de 1950, no hay donde perderse, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes en los últimos decenios y milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado. Es indudable la influencia humana en ese calentamiento de la atmósfera y el océano, en las alteraciones del ciclo global del agua, en la reducción de la cantidad de nieve y hielo, en la elevación media mundial del nivel del mar y en fenómenos climáticos extremos. Es muy probable que la influencia humana haya sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX.

Los cambios que se producirán en el ciclo global del agua durante el siglo XXI no serán uniformes. Se acentuará el contraste en las precipitaciones entre las regiones húmedas y secas y entre las estaciones húmedas y secas, si bien podrá haber excepciones regionales. Los océanos seguirán calentándose durante el siglo XXI, penetrando desde la superficie hasta las capas profundas de los mares y afectando las corrientes marinas. Es muy probable que la cobertura de hielo del Ártico siga menguando, quizás desaparezca, y que el manto de nieve en primavera en el hemisferio norte disminuya a medida que incremente la temperatura media global en la superficie.

El nivel medio del mar seguirá aumentando todo el siglo XXI muy probablemente con un ritmo de elevación mayor que el observado durante el periodo 1971-2010, debido al calentamiento de los océanos y a la mayor pérdida de masa de los glaciares y los mantos de hielo. Ello afectará a islas y regiones planas costeras altamente pobladas. Es previsible que se agudice el aumento de dióxido de carbono en la atmósfera, que las nuevas incorporaciones de carbono en los océanos incrementen su acidificación y que las emisiones de CO2 acumuladas definirán en gran medida el calentamiento medio global en superficie a finales del siglo XXI y posteriormente. La mayoría de los aspectos del cambio climático perdurarán durante muchos siglos, aun si se frenan las emisiones de CO2, lo que supone una notable inexorabilidad del cambio climático durante varios siglos, debido sobre todo a las emisiones de gases de efecto invernadero pasadas, presentes y futuras.

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.


 

Artículo publicado el 06 de diciembre de 2015 en La Razón.

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