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Propuestas Económicas Productivas

Es ya tradicional que paralelamente a la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP por sus siglas en inglés) se haya llevado a cabo una cumbre paralela organizada por diferentes estamentos de la sociedad civil. 

La Cumbre de los Pueblos en Lima con motivo de la COP20, se realizó entre el 1 al 12 de diciembre, y enarboló el eslogan "Cambiemos el sistema, no el clima”. El encuentro, una vez más, se constituyó en un espacio impulsado por organizaciones de la sociedad civil peruana y otros activistas del mundo con el objeto de discutir la problemática del cambio climático desde una perspectiva más crítica, que cuestiona los modelos de desarrollo que han generado la crisis climática que vive el planeta. En las diferentes mesas temáticas de esta reunión,  además de analizar el origen de la crisis, también se plantearon propuestas para ser consideradas por las delegaciones oficiales. 

Los ejes temáticos giraron en torno a lo técnico-ambiental como causas y efectos del calentamiento global o la transición energética, hasta otros de corte más socio-económico como la agricultura, soberanía alimentaria, gestión de los territorios, mujeres y sostenibilidad. Fue valorable la inclusión de temas de corte más antropológico y cultural como la crisis civilizatoria y cambio social. 

Densos debates dieron pautas para la Declaración de Lima entregada en la mesa de negociación oficial el jueves 11 de diciembre. El documento señala el posicionamiento, la resistencia y la movilización permanente respecto a la necesidad de que los gobiernos respeten los territorios y modos de vida de los pueblos originarios; la consideración de las responsabilidades históricas de los países desarrollados al momento de las negociaciones; políticas públicas claras a favor de la agricultura familiar campesina dado su importante aporte a la alimentación del mundo; acciones concretas para transitar hacia otra división social del trabajo, eliminando la subordinación del trabajo femenino y visibilizando el trabajo del cuidado;  la promoción y adopción de hábitos de consumo saludables alentando el uso responsable de recursos vitales, el reciclado y manejo de residuos sólidos; y la urgente toma de decisiones para la protección de ecosistemas y de la Madre Tierra, entre los principales. 

Es evidente que la problemática ambiental ya no es más un tema de expertos ecologistas sino un tema que nos atinge a todas y todos los que compartimos la vida en este planeta. Mucho se ha hablado ya del calentamiento global que se genera por la emisión de gases de efecto invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles de la industria y los automóviles, pero también de actividades agropecuarias y la deforestación, creciente en esta parte del continente. 

Los efectos son lo más discutido en eventos como la Cumbre, y van desde la baja productividad de algunos sistemas campesino- indígenas, la creciente vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria o el desplazamiento forzado de pueblos íntegros por causas climáticas. Frente a ello y en pequeña escala se ha avanzando en soluciones menores como el uso de energías eólica y solar, la aplicación de prácticas amigables en la agricultura, la reforestación, entre otros,  pero poco se ha avanzado en la implementación de modelos económicos menos contaminantes y extractivos ni en la decisión de las grandes potencias por transitar hacia la reducción de emisiones. 
Ahora bien, la pregunta obvia ¿cuáles de estos temas planteados por la sociedad civil están en la agenda oficial? Si damos una mirada simplista parecería que tanto las resoluciones de la COP20 como la Declaración de los pueblos hacen referencia a lo mismo: la necesidad de disminuir las emisiones de gases, la necesidad de promocionar energías renovables, la urgencia de disminuir la deforestación, lo imperativo para que los gobiernos diseñen estrategias de adaptación y mitigación, entre otros; sin embargo, una lectura más analítica y la posibilidad de estar inmerso en los debates nos muestran que por un lado la sociedad civil plantea acciones sobre problemáticas que les atinge  y se involucra  en su consecución, mientras que las representaciones oficiales en mucho están limitadas a plantear temáticas de manera más teórica y retórica desgastándose las discusiones en largos debates sobre cómo aplicarlas y con qué recursos, sin llegar a decisiones concretas.

La Cumbre de los pueblos una vez más a través de diferentes manifestaciones como son las conclusiones temáticas base para la incidencia, la Marcha Mundial en Defensa de la Madre Tierra en la que multitudes rechazan el modelo económico extractivo y el poder que las transnacionales ejercen incluso sobre los gobiernos, la Declaración de la Cumbre de los Pueblos, y muchas decisiones de los colectivos para mantener la resistencia y movilización nos muestran el importante rol de la sociedad civil organizada, que no sólo puede autogestionar espacios de análisis y discusión de sus problemas, sino también puede desde la misma experiencia, la práctica, la vivencia y saberes de los pueblos, plantear soluciones alternativas. 

En ese marco, si bien las demandas y planteamientos en mucho podrán quedar una vez más en la mesa de negociación oficial sin ser escuchados, será importante seguir alimentando esta fuerza ciudadana, la  participación de hombres y mujeres, su compromiso y entusiasmo y su decisión por hacer respetar sus derechos económicos, socio-políticos y culturales.

 
(*) Pamela Cartagena es responsable de la Unidad Nacional de Desarrollo de CIPCA.

Articulo publicado el domingo 21 de diciembre en Página Siete.

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