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Propuestas Económicas Productivas

Animales débiles y muertos, chacos desolados y fuentes de aguas secas y agrietadas son imágenes que muestran la crisis climática que afecta al Chaco, particularmente a productoras y productores que desarrollan la actividad agropecuaria como principal fuente de ingresos.

El Chaco, una región semiárida, cada año demuestra la vulnerabilidad y fragilidad de su ecosistema, ocasionado por las prácticas insostenibles que afectan los recursos naturales, bases fundamentales de los sistemas de producción en los 16 municipios chaqueños de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija.

Las insuficientes políticas públicas de las instancias subnacionales, que deberían privilegiar la inversión productiva en sectores como la ganadería y agricultura, las inclemencias climáticas, expresadas en temperaturas máximas, que sobrepasan los 45° C, y mínimas,   por debajo de los 0° C, y las lluvias que se concentran en cuatro meses al año (noviembre – febrero), provocan que la población no cuente con suficiente agua y alimentos, llevando a que se declare situación de emergencia en la región.

El Viceministerio de Defensa Civil, a través de la prensa, informó que ocho municipios chaqueños (Camiri, Charagua, Lagunillas, Cuevo, Boyuibe, Gutiérrez, Huacaya y Macharetí) fueron declarados en situación de emergencia por la sequía; sin embargo, son notables los resultados de productores indígenas y no indígenas, que aprovechan el potencial productivo del Chaco a partir de cambios en las formas de producción tradicional e insostenible, pero demandan de los gobiernos subnacionales recursos para la inversión productiva.

Para la gestión 2014 los gobiernos departamentales presupuestaron el 22% de su inversión para el sector agropecuario (riego y otros)y los gobiernos municipales apenas el 5,3% para inversión productiva alternativa a los sectores extractivos, siendo insuficiente para impulsar el desarrollo económico (Fundación Jubileo, 2014).
La ganadería comunitaria con manejo es el modelo alternativo a la ganadería extensiva que se desarrolla en la región, siendo ésta última la más afectada por la "sequía”, por la ausencia de manejo sostenible que considere el potencial productivo de la raza criolla y de los recursos naturales disponibles.

La ganadería comunitaria promueve prácticas y técnicas de manejo productivo, reproductivo y sanitario de los animales de la raza criolla, manejo del monte que favorezcan la conservación y producción de especies forrajeras nativas, y el manejo de los recursos hídricos. La implementación de estos componentes garantiza índices productivos y reproductivos adecuados, constituyéndose en un modelo sostenible replicable en el Chaco.

En  el Centro Ganadero  Bovino Criollo Yembiguasu, propiedad comunal de la Capitanía Macharetí de la Asamblea del Pueblo Guaraní, ubicado en la llanura chaqueña del municipio de Macharetí, frontera con Paraguay, con una precipitación promedio anual de 500 milímetros/año (Plan de Gestión Territorial Indígena de Macharetí, 2011) es posible manejar 6.741 hectáreas de monte y un hato de 850 cabezas de bovino criollo.

Otros varios meritorios ejemplos se desarrollan en las comunidades guaraníes Macharetí Estación, Isipotindi y Tentami del mismo municipio, en Itatitki, San Francisco del Parapetí, Chorritos Bajos, Taputami y San Lorenzo en Charagua, y otras en los municipios Boyuibe, Gutiérrez, Camiri, Huacareta y Villa Vaca Guzmán. Todo esto en el marco de sus planes de gestión territorial indígena y la estrategia de ocupación y consolidación de los territorios de la Nación Guaraní.

Asimismo, existen haciendas donde las técnicas y prácticas de manejo del monte, agua y animales son el quehacer diario del ganadero, con lo que se logra una producción sostenible. Las haciendas Itaguasurenda y Tamirenda, en el municipio de Charagua, El Cupesí, en Cuevo, y La Tranquilidad, en Macharetí son algunas de éstas.

La producción agrícola diversificada con riego es también una alternativa que garantiza mayor disponibilidad de productos para el autoconsumo y la comercialización. El maíz es el principal producto de la región, insustituible en la dieta alimenticia de la población, sobre todo rural; sin embargo, comunidades, como Tarenda (Charagua), Tatarenda Nuevo (Gutiérrez) y Aguairenda (Villa Vaca Guzmán) aprovechan el potencial hídrico a través de sistemas de riego y demuestran que es posible la producción de frutales y hortalizas en el Chaco.

Ambos modelos de producción ganadera, con manejo y producción diversificada bajo riego, son parte de la vida y sustento económico de las familias del Chaco, que pueden mostrar alternativas frente a la recurrencia de declaración de emergencia por la sequía y que continuarán requiriendo de las autoridades, planes y programas con asignación de recursos para la inversión y promoción de criterios que garanticen la sostenibilidad y su replicabilidad.

La implementación del Plan Departamental de Ganadería de Santa Cruz, los proyectos de riego San Antonio del Parapetí e Itangua-Cuevo, los proyectos financiados por el Fondo de Desarrollo Indígena Originario Campesino, la construcción de represas en la llanura chaqueña, que potencien al primer municipio productor de bovinos de Chuquisaca, son proyectos que dinamizarán la economía de la población en el mediano plazo y fortalecerán sus capacidades de resiliencia ante los efectos del cambio climático.
 

(*) Alejandra Anzaldo es directora de CIPCA Cordillera.


Artículo publicado el jueves 11 de diciembre de 2014 en Página Siete.

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