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Acabo de leer el artículo San Plagio en Bolivia (LR-10-IX-14) de mi gran amigo Jorge Mansilla, más conocido como Coco Manto, en la que, “después de contar hasta diez”, acusa a otro gran amigo mío, “el jesuita Dardichón”, conocido también como Dardi, de haber cometido el delito de “plagio”, “al publicar como suyo el contenido de mi libro Arriesgar el pellejo, una biografía del oblato Mauricio Lefèbvre”.

Quiero intervenir por mi buena amistad con ambos para deshacer un entuerto muy fácil de arreglar, porque en ambos hay muy buena voluntad y nada de mala leche. Simplemente una desinformación. Más bien espero que, arreglado el entuerto, surja una enriquecedora amistad y colaboración entre estos dos amigos que mucho tienen en común. Lo único que me ha extrañado es que Coco Manto todavía no conociera al admirable Dardi.

El libro de marras es un viejo folleto de hace ocho años, Nº 7 de una colección que ahora ya ha llegado hasta el Nº 50, si no más, dedicada toda ella a dar semblanzas de personas bien comprometidas con los valores cristianos y humanos, en muchos casos (como éste) hasta dar su vida. El Nº1 fue sobre Lucho Espinal; y el 37, sobre Pepe H., a partir de textos en que yo participé. La base la suelen dar otras publicaciones más amplias, que él re-trabaja de la forma lo más sencilla y asequible posible. En este caso, como en varios otros, hay una nota inicial (pg. 2) aclarando que “buena parte de este contenido fue publicado años atrás por la Pastoral Social del Arzobispado de Cochabamba, en forma de folletos ya agotados”.

En la contratapa de cada folleto de esa colección hay una breve semblanza de Dardi (a la que el propio Coco Manto alude): “Es un jesuita de larga y triple trayectoria... como promotor de todo lo recto en su clara opción por la justicia... como profesor (...) en las universidades San Simón y Católica (Cochabamba), así como en su columna dominical del diario Opinión... y como párroco muy popular en las parroquias de El Rosario (Oruro) y Pío X (Cochabamba). Ahora, con sus 85 años, ya está jubilado. 

Coco Manto es bien conocido por sus libros y columnas y por su habilidad única para hacer sabrosa y sugerente la lectura, siempre con un sentido (semejante al de Dardi) de hacer más digeribles grandes verdades asociadas muchas veces al compromiso social. Aquí, por ejemplo, combina “papal” y “papel” y habla de las “espinas de Espinal”, título de un poema suyo que al parecer fue plagiado hace poco en un diario paceño. Pero el juicio de que “la forma más infame de admirar a un autor es plagiarlo y hacerse rico” no cabe aplicarlo ni por asomo a Dardi.

Puede que a Dardi se le haya pasado citar el nombre de Jorge Mancilla en esa edición, pero pongo la mano al fuego de que jamás ha intentado “vestirse con plumas ajenas”, que es el punto central de los plagios a los que se refiere Coco Manto, con su conocido gracejo y ocurrencia. Descuidar una referencia es muy distinto de un plagio.

Este incidente me recuerda más bien una escena de la bellísima película sobre el poeta y Premio Nobel chileno Pablo Neruda, Il Postino (el cartero). Estaba exiliado en Italia y se hizo buen amigo del cartero. Un día descubrió que éste había copiado sin pedirle permiso un poema suyo para expresar su amor a la novia. Neruda protestó y el cartero se defendió: “¿Acaso no son los poemas para el que los necesita?”. Que este incidente sea más bien una buena oportunidad para iniciar una nueva amistad entre ustedes dos. Con gusto yo me sumaré al abrazo.

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.


Artículo publicado el domingo 14 de septiembre de 2014 en La Razón.

 

 

 

 

 

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