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IBIS nos deja un recuerdo excelente en Bolivia y en el sector indígena, pese al acoso que sufrió a principios de este año de parte del sector más duro dentro del Gobierno, que motivó sin previas consultas su retiro intempestivo.

Esta ONG danesa trabajó en Bolivia con muchas contrapartes, con universidades, institutos de investigación y también con instancias gubernamentales, para apoyar a los pueblos indígenas y a la consolidación de sus organizaciones en una amplia gama temática: educación, su democracia interna, su gestión territorial, cambio climático, salud, etcétera.

En el programa de educación trabajó con el Ministerio de Educación por ejemplo en un programa innovador de EIB en medios urbanos y con los Consejos Educativos de los Pueblos Originarios (Cepos); con Acción Andina de Educación (AAE), con el Cebiae, Desafío, Fundación Machaqa Awawt’a, Fundación Wayna Tambo, Qanrayku y Teko Guaraní.

En programas de gestión indígena intercultural ha trabajado con Ceadesc, Cipca, Erbol, Cedla; con las organizaciones de base APG, Conamaq, Faoi-Np y Jakisa; con la universidad cruceña UAGRM; y en proyectos sobre recursos y cambio climático, con la Fundación Jubileo y Lidema. En otro ámbito apoyó el surgimiento del restaurante Gustu, de alto nivel, con solo productos bolivianos.

Las discrepancias entre el Gobierno y las organizaciones indígenas Cidob y Conamaq surgieron sobre todo por temas medioambientales, con su máxima expresión en las marchas del TIPNIS. Ahora que el MAS es gobierno, ha aumentado su susceptibilidad ante cualquier tipo de discrepancias, que en el pasado más bien le beneficiaron, y que normalmente deberían ser parte del juego democrático. El MAS-gobierno ha fomentado divisiones dentro de esas organizaciones entre un sector afín al MAS, que recibe todo tipo de apoyos, y otro más autónomo, al que descalifica y acusa de estar al servicio de la oposición e incluso del imperialismo. Cambiando bandos y adjetivos, que es lo que en el pasado habían hecho también otros gobiernos. Esta división suele ser más clara en las cúpulas que en las bases.

Como ya expresé en mi columna en La Razón al principio del conflicto (5 enero de 2014), IBIS quedó atrapada como “un chivo expiatorio”, más como una advertencia para las organizaciones indígenas y otras instituciones de apoyo que por “delitos” propiamente tales. Transcurridos los meses y conocidos los argumentos del Gobierno en mayor detalle, me ratifico en aquella interpretación.  

Las disculpas públicas expresadas por la misma institución ante el Gobierno, quizás por sugerencias desde arriba, no tuvieron mayor efecto, y han contribuido más bien a que instituciones y organizaciones adopten un perfil bajo con pocos niveles de discrepancia pública, como deseaba el Gobierno.

Desde la oposición y de algunas instituciones afines a los pueblos indígenas se las ha calificado de “flaco favor” para esas organizaciones.

Hasta hace apenas un mes yo había escuchado, incluso en algunos altos niveles de Gobierno, señales de que IBIS podría seguir con bajo perfil en el país, pero al parecer no será tan así. La fecha inicialmente definida por el Ejecutivo para que abandonara el país (26 de marzo) se está prorrogando hasta casi mitad de año, salvo un pequeño equipo de cierre que seguiría en el país hasta fines de 2014. No deja de ser paradójico que ello ocurra precisamente con una prestigiosa ONG internacional de Dinamarca, el país cuyo Gobierno mantiene actualmente el perfil más izquierdista en la Europa actual.

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.

 


Artículo publicado el domingo 11 de mayo en La Razón.

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