Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural

 

Propuestas Económicas Productivas

Éste es el tercer eje y tarea fundamental pendiente que mencioné en mi columna de La Razón del 2 de febrero y que aquí quiero explicar más. El lema del título es el eslogan que ahora se utiliza en el Sernap (Servicio Nacional de Parques). La  interrogante final es mía. Para responder sí o no, hay que distinguir ante todo el enfoque y alcances del término “desarrollo”. Si es el clásico desarrollo solo económico para lucrar más y rápidamente, a como dé lugar, el resultado será simplemente ¡pobre, Madre Tierra!

Es lo que ha estado pasando desde hace décadas o siglos con el deterioro ambiental que ya estamos viendo. El calentamiento global, mucho más rápido que lo inicialmente pensado; el aumento del CO2 y el creciente agujero de la capa de ozono tienen en ello su causa principal. No es necesariamente la única, pues pueden incidir también los grandes ciclos climáticos naturales. Pero el factor humano es, según la inmensa mayoría de los expertos, el que marca ahora el ritmo acelerado de los cambios actuales.

En Bolivia suele pensarse que este asunto no nos toca tanto a nosotros sino al Primer y Segundo Mundo, que son los más “desarrollados”. Pero, si lo miramos en función de cuánta es la “contaminación” por habitante, resultamos ser uno de los países más contaminantes “per cápita” del mundo, por ejemplo, por las quemas de bosques.

Si el “desarrollo” se centra más en la dimensión “humana” y “social”, como su meta, es más probable que nos acerquemos efectivamente al “vivir bien”. Pero aún ahí debemos añadir nuevos matices. Desarrollo humano, ¿para quiénes y cuántos? ¿Como sobras con las que se reparten “bonos” a los más pobres? ¿O como un genuino desarrollo en que el todos somos actores y beneficiarios? Esos bonos son buenos y oportunos, pero no bastan.

Un reciente artículo de Eduardo Gudynas en el suplemento Ideas de Página Siete (9 de febrero de 2014) es contundente sobre el giro que está dando la izquierda en los siete países en que ya ha llegado al poder sustituyendo a la derecha neoliberal: Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Brasil, Venezuela y Nicaragua. No menciona a Ollanta Humala en Perú, que no más llegar al poder hizo sistemáticamente lo contrario a lo que antes prometía, ni a Michelle Bachelet, en Chile, que por entonces aún no se había posesionado. La palabra clave que se contrapone a los programas iniciales de esos izquierdistas es “progresismo”.

Yo no puedo menos que recordar que, históricamente, en Bolivia empecé a escuchar sobre suma qamaña de labios de Simón Yampara, cuando vino un alemán del Instituto de Desarrollo Internacional de Postdam (Berlín) para averiguar qué se entendía por “progreso” en diversos países y pueblos indígenas del Tercer Mundo. Yampara fue contundente: “Los aymaras no hablamos de “progreso”, sino de suma qamaña: vivir bien. David Choquehuanca fue después quien más difundió y analizó ese nuevo concepto, dentro y fuera del país y del continente: Es (con)vivir bien todos, entre todos y con la Madre Tierra.

...Y ahora resulta que en todas partes se habla de “progreso”... ¿Qué dirá (o al menos “sentirá” en su corazón) David ahora que Evo y los otros hablan tanto de un “progreso” con el que, en la práctica, unos viven mejor que otros? ¿Serán los ricachos qamiris —que con el contrabando y otros negocios poco transparentes construyen sus grandes edificios en El Alto al lado de casuchas miserables— los genuinos exponentes del suma qamaña?

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.


Artículo publicado el domingo 30 de marzo en La Razón.

 

 

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