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Propuestas Económicas Productivas

A más de un año de la conclusión del Censo 2012, muchos se han quejado ya por la falta de datos desagregados. Ni siquiera sabemos la diferencia tan fundamental entre la situación urbana y rural. Además, sobre más de 20 preguntas no sabemos absolutamente nada. Entre ellas están las dos de lenguas (preguntas 30 y 31). Aquí avanzaré algunos detalles técnicos para estar alerta cuando se publiquen y, al final, los combinaré con otros de autopertenencia (pregunta 29), cuyos resultados ya han causado tanto revuelo.

En 2012 esas tres preguntas se aplicaron a toda la población, por lo que pudieron aparecer juntas en la boleta, como corresponde. Fue un avance sobre el Censo 2001, en el que sólo la de “lenguas que habla” se aplicó a todos; la de autopertenencia se aplicó sólo a los de 15 o más años; y la de “primera lengua en la niñez”, a los de cuatro y más años.

La pregunta 30 (¿Cuál es el primer idioma en que aprendió a hablar en su niñez?) tiene una formulación prácticamente igual a la 35 del Censo 2001 (éste siempre dice “idioma o lengua”). Pero en el formato ya hay varias diferencias significativas. En 2001 debía escogerse una única respuesta dentro de una lista cerrada con siete alternativas: 1 quechua, 2 aymara, 3 castellano, 4 guaraní, 5 otro nativo (sin precisar más), 6 extranjero, y 7 no habla. En 2012 la única respuesta se ha dejado abierta; pero, al venir a continuación la de autopertenencia (29), es de suponer que el empadronador tomó en cuenta una lista alfabética sólo indicativa para el empadronador (ni se la leía ni era cerrada) de 41 naciones o pueblos, que se adjuntaba a esta pregunta. Pero no sabemos cómo funcionó ese supuesto. Ni en 2001 ni en 2012 se ha considerado la posibilidad de bilingües desde la primera niñez.

La pregunta 31 también es semejante a la de 2001: “¿Qué idiomas habla?”, con  respuesta múltiple. Su estructura de respuesta es abierta como en las preguntas 29 y 30. Pero, en caso de hablar más de un idioma, se pide que se los “anote en orden de importancia”. Será un nuevo dato muy útil, siempre que no se haya confundido esa “importancia” (en el uso cotidiano del censado) con el mayor prestigio o estatus de cada lengua en general.

En 2001 fue posible combinar esas tres preguntas aunque sólo para la población de 15 o más años, por ser el tope de edad de la pregunta 49, de autopertenencia. Para los menores sólo se podía mal inferir a partir de la respuesta del jefe del hogar. De esta forma se pudo construir la innovadora escala CEL (condición étnico-lingüística) con ocho niveles. Ahora podría hacerse para todas las edades, lo que sería un notable avance, aunque en los resultados generales hasta ahora publicados sólo se ha incluido la autopertenencia de los de 15 años y más, sin duda para comparar con el dato de 2001.

Pero ha surgido además otro problema técnico, porque el formato general de la pregunta de 2012 es poco comparable con el de 2001. Un estudio nacional del mismo 2012, con un sofisticado muestreo, formuló la pregunta como en el Censo 2001 y los IOC subieron del 62% de 2001 al 72%, frente al bajón del 41% en el Censo 2012, con su compleja formulación y un filtro inicial “sí/no” antes de indicar a qué nación/pueblo pertenecía (ver mi columna en LR 13-X-13). Ello siembra serias dudas sobre la comparabilidad de los datos de autopertenencia en los censos de 2001 y 2012.

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.


Artículo publicado el domingo 8 de diciembre en La Razón.

 

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