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La principal sorpresa en la última lista de la revista Forbes con el ranking de las personalidades más “poderosas” del mundo en este 2013 es que el Presidente ruso superó al Presidente estadounidense, arrebatándole el primer lugar. Obama pasa al segundo lugar, seguido del presidente chino, Xi Jinping. La siguiente sorpresa, ya poco comentada, era que el nuevo papa Francisco saltaba de golpe de la nada al cuarto lugar, por encima de la poderosa presidenta alemana Merkel y el magnate de windows Bill Gates.

En el ascenso de Vladímir Putin al primer puesto influyó sin duda su tratamiento de la crisis de Siria, evitando una intervención armada, como reacción al uso de tóxicos químicos que Estados Unidos y otros atribuyen al presidente sirio Bashar al Asad. Por muchas cautelas que Obama pretendiera incorporar en dicha intervención, ésta aumentaba significativamente el riesgo de desatar una nueva guerra internacional de consecuencias imprevisibles.

Años antes el novel presidente Obama ya había recibido un inusitado Premio Nobel de la Paz no por lo que ya había hecho, sino por lo que se presumía que haría dados sus antecedentes. Y su discurso de aceptación vino a ser, paradójicamente, una explicación, casi apología, de por qué era inevitable la guerra en el Próximo Oriente. En el descenso de Obama debe haber influido también su imposibilidad de contrapesar, como deseaba, los efectos de los WikiLeaks en su expandido espionaje político y económico a nivel mundial, algo que al parecer alcanzó también al Vaticano.

Pero, ¿qué hace Francisco entre esos poderosos? La nota de Forbes no explica sus razones. ¿Habrá incidido para el prominente cuarto lugar del Papa su rápida y eficaz convocatoria a una movilización pacífica para un día mundial de oración pública a favor de la paz en Siria, en esa misma coyuntura, y la carta personal que entonces escribió al propio Putin?

Sean esos u otros los factores, lo que nos resulta a muchos ciertamente innovador y sembrador de esperanzas, después del duro “invierno eclesial” (la frase es de Karl Rahner) de los últimos pontificados es que el nuevo papa Francisco, elegido hace sólo unos meses, ha logrado reavivar y sembrar nuevas esperanzas en muchos frentes, dentro y también fuera de la Iglesia. Sus dichos y gestos, desde el momento mismo de su elección, nos acercan por fin al papa bueno Juan XXIII, que hace medio siglo abrió las ventanas de la Iglesia para que el viento fresco del Espíritu la renovara.

Pero todo ello no va por la pista de ser más “poderoso”, sino más bien por la de contraponerse, desde otra vertiente marcada por la misericordia y la cercanía humana, a los “poderosos” de siempre y aliarse más bien a los marginales y a los distintos. Es otra dimensión de ganar contrapoder pero para los pobres y marginados, y sin dejarse seducir en ese proceso por las sirenas del “maravilloso instrumento del poder” (Paz Estenssoro) que a tantos innovadores han corrompido.

El flamante Nº 105 de la revista Cuarto Intermedio, de la Compañía de Jesús en Bolivia, presentado el jueves 7 en la Feria del Libro en Cochabamba, se concentra cabalmente en “Francisco: abriendo esperanzas” y abre a su vez pistas para comprender esa perspectiva que —sospecho— Forbes no toma muy en cuenta.

 

(*) Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.


Artículo publicado el domingo 10 de noviembre en La Razón.

 

 

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