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Propuestas Económicas Productivas

Hace un par de semanas el presidente Evo Morales anunció que el III Censo Nacional Agropecuario se realizará en septiembre próximo. Así, después de casi cinco años desde la emisión del decreto que hace viable la realización de este proceso, finalmente se batió la bandera a cuadros. Enhorabuena, pese a los retrasos.

La importancia del censo -que se realizará después de 29 años del anterior- radica en que permitirá contar con información actualizada y confiable sobre la producción agropecuaria del país.

En las últimas décadas la ausencia de información ha dificultado a autoridades de diferentes niveles del Estado, a organizaciones sociales, productores, instituciones públicas y privadas y de la cooperación internacional la formulación e implementación de políticas, planes, programas y estrategias de desarrollo agropecuario en el área rural.

Desde algunas perspectivas, suele ser común referirse a la población rural, sobre todo a la indígena originaria campesina, como “población pobre” y sólo secundariamente se suele tomar en cuenta su condición de productora.

Indudablemente ha habido cambios en el mundo rural en las últimas décadas, y en el último lustro hubo sectores emergentes y sectores que se han estancado; sectores más vinculados al comercio internacional y otros más a los mercados nacionales.

Las interrogantes actuales sobre quiénes producen los alimentos que se consumen en el país, qué capacidad tenemos de asegurar la provisión estable de éstos, cuál es el aporte de los diferentes sectores a la seguridad alimentaria y a la economía del país podrán encontrar respuestas mejor argumentadas a partir de la información obtenida en el censo.

Como se sabe, el desarrollo de capacidades productivas, a diferentes niveles, no es sólo un asunto de voluntades, sino, precisamente, resultado de la implementación de determinadas políticas estatales o de Gobierno.

Por eso, la información recabada en el censo agropecuario, sumada a la del censo de población de 2012 servirá o debería servir para la formulación e implementación de políticas más adecuadas al desarrollo no sólo de la agropecuaria sino del mundo rural y, por supuesto, del país.

También se podrá establecer cómo han cambiado las dinámicas productivas de los territorios, sean éstos locales, regionales o departamentales; los cambios en el uso de los suelos y en las vocaciones productivas y niveles de productividad en determinados territorios; la ampliación de la frontera agrícola o la superficie cultivada bajo riego.

Será muy útil saber cuánto aportan a la economía, a la alimentación de la población y al empleo las actividades productivas de las mujeres y los hombres del mundo rural boliviano: de los productores de maíz de Tupiza, Torotoro, Monteagudo y Charagua; de quienes se dedican a la crianza de camélidos o al cultivo de la quinua en los diferentes municipios del altiplano'

O -para seguir con los ejemplos- de los productores de arroz de Moxos, Guarayos, Alto Beni y Chapare; de los productores de durazno en los valles de Cochabamba y Valle Grande; de los viticultores de Tarija, Camargo y Cotagaita; de las productoras de queso de Viacha, Collana, Caracollo y Challapata.

Igualmente importante será disponer de información acerca de la recolección de productos del bosque (castaña, cacao, asaí, majo, copoazú, entre muchos otros) en Baures, Puerto Rico, Riberalta, Guayaramerín.

No olvidemos la pesca con fines comerciales y de autoconsumo en los ríos de la Amazonia, el Chaco y en los lagos Titicaca y Poopó. No dejemos de lado la recopilación de datos sobre los cultivos ampliamente diversificados en la mayoría de las unidades productivas para conocer su cuantificación, su forma de organización, etc.

Como anunció el Presidente, a mediados de mayo próximo se realizarán las pruebas piloto del censo en San Borja, Pampa Grande y Soracachi. Ojalá esta prueba ayude a hacer los ajustes necesarios a fin de que las boletas comunales y de unidades productivas recaben información de la diversidad de la producción y economía campesina indígena; del rol y aporte de las mujeres y jóvenes y del tipo de propiedad de la tierra en que se produce.

Éstos y otros mecanismos son necesarios para conseguir datos e insumos que ayuden a desvelar los procesos oscuros de extranjerización de la tierra y las diversas formas de presión sobre la tierra y los bosques.

Con información actualizada y confiable, el país estará en mejores condiciones de implementar políticas y estrategias de producción agropecuaria, de impulso a la seguridad alimentaria con mayor propiedad y consistencia para la Bolivia del siglo XXI. He ahí la importancia del III Censo Nacional Agropecuario.

Esperamos que con la activa participación de todos los sectores involucrados, la información recopilada refleje la real dimensión de la producción agropecuaria y agroforestal del país.

 

(*) Lorenzo Solíz es Director General de CIPCA

 


Artículo publicado el domingo 28 de abril de 2013 en Página Siete.

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