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Ante la noticia del fallecimiento de Lucho Revollo, Defensor del Pueblo del Beni, me queda una congoja por su partida, pero sobre todo me viene a la memoria el grado de compromiso social demostrado por Lucho en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, ¿quizá porque este sector fue desde siempre el más impactado por la codicia del capital, por la agresividad del desarrollismo y por la soberbia del poder?. Al menos algo de todo esto debió ocurrir.

Lucho Revollo tuvo una trayectoria laboral por un conjunto de instituciones que de una u otra manera estaban vinculadas con los pueblos indígenas del Beni y no fue por simple coincidencia, pues indudablemente este vínculo estuvo determinado por el convencimiento de que en este sector campeaba la injusticia histórica, la exclusión política, el despojo de sus espacios territoriales, el empatronamiento en condiciones de servidumbre y a esto respondió la cercanía, la identificación de Lucho con lo indígena.

Sin duda alguna que el largo recorrido de la octava marcha indígena realizada el año 2011, también está marcado por las huellas de Lucho, porque en su condición de autoridad de los derechos humanos, él la siguió cuando ésta partía, la acompañó cuando ésta fue interferida por la intolerancia y la defendió cuando ésta fue defenestrada por el poder.

Una de las imágenes más claras que tengo sobre el contacto de Lucho Revollo con la octava marcha indígena, es la referida a la descalificadora interpelación de que fue objeto por parte del entonces ministro Carlos Romero en la ciudad de San Borja cuando éste junto a otros ministros cerraban de una sorda sección de diálogo con la marcha indígena por el conflicto del Tipnis. La reacción del señalado ministro respondió al cuestionamiento que Lucho hizo al gobierno por la intransigencia en su pretensión de partir el dos el Tipnis con la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Mojos. Las palabras del ministro denotaron toda la fuerza del poder, no hubo opción a réplica, pero también el silencio de Lucho sonó a sabiduría, porque dejó en evidencia el alarde de un poder que días después se desbordaría en Chaparina.

En buena medida Lucho, en su condición de Defensor del Pueblo del Beni, es el autor de un meticuloso informe sobre la violenta represión policial infringida a la octava marcha indígena. En ese informe se encuentran los más estremecedores relatos de la brutalidad con la que se procedió contra los indígenas marchistas, pero también es un material valioso porque esos mismos testimonios parecieran develar la existencia de tintes fuertemente machistas y racistas al interior de una institución del Estado como es la policía.

Seguramente Lucho se mantuvo en vilo en sus últimos días por la manera cómo se aplica la post consulta en el Tipnis, como buen conocedor de las dinámicas indígenas y sus estructuras orgánicas, seguramente atestiguó que la consulta en actual aplicación transgrede abiertamente los procedimientos propios vigentes en este territorio y sus comunidades, seguramente Lucho también se alertó que el poder posee una infinidad de recursos para imponerse en este nuevo episodio de una larga lucha de lógicas que los tiene confrontados al Estado y los pueblos indígenas.

Lucho, los pueblos indígenas y quienes te conocimos, te echaremos de menos en el largo caminar que aún queda hasta concretar el cumplimiento cabal de los derechos de los pueblos indígenas; pero tu compromiso social, tus enseñanzas y coraje nos seguirán fortaleciendo. Hasta siempre!

 

(*) Ismael Guzmán en Sociólogo de CIPCA Beni.

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