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Este es un refrán portorriqueño que a un p’ajla que conozco muy bien le ha impulsado a andar siempre con cachucha, aunque muchas veces le ayuda también a matizar antes de lanzar afirmaciones rotundas y unilaterales.

Alguna cachucha en la cabeza para pensar mejor antes de hablar, o quizás un bozal en la boca, podría ser útil también frente a las exageraciones que desde ambas partes han caracterizado estas semanas las relaciones entre influyentes sectores de la Iglesia y del Gobierno y la caja de resonancia que le han dado los medios.

Por una parte no puedo compartir ni en este gobierno ni en los pasados, sean de derecha o de izquierda, las llamadas a que curas, pastores, cardenales o papas se queden en la sacristía para rezar a ocultas. No sería cristiano, porque Cristo, el profeta, Hijo del Hombre y solidario con todo lo humano, habló con la claridad y compromiso de quien no le teme a la muerte.
El Niñito indefenso que los próximos días vamos a recordar con ternura y reflexión para rectificar nuestras vidas, nació en la intemperie, en un corral, porque nadie quiso cobijar a una muchacha forastera a punto de dar a luz en tierra ajena. Poco después aquella Wawita vivió ya el exilio prematuro, por el abuso y apego al poder del Rey Herodes. La gran opción del mismísimo Dios por los pobres la aplicó a su propio Hijo hecho humano, pero humano pobre y perseguido sin nada de ese marketing navideño que va al negocio y no a la conciencia.
Apenas 33 años ¬después – ¡tan joven! –fue condenado por una confabulación de los poderosos de su tiempo, tanto políticos como religiosos e incluso coloniales, que lo juzgaron y ajusticiaron contra toda Justicia por lo que decía y hacía a favor de los pobres y otros discriminados de su pueblo – mujeres, leprosos, samaritanos, publicanos y pecadores – y, para ello, desnudaba también las hipocresías y abusos de los poderosos. Ser radicalmente cristiano entonces, hoy y siempre es comprometerse y actuar así.

Por lo mismo, tampoco puedo compartir a ciegas solidaridades entre eclesiásticos sin cotejar, con conciencia crítica y discernimiento cristiano, si se les ataca por ciertas actitudes y tomas de posición o si se niega una fe profunda. El sentido de cuerpo implica solidaridad, sea en la Iglesia o en el Gobierno, entre periodistas, militares, médicos o quien sea. OK. Pero también puede implicar complicidad si no se matiza. Desde que el emperador Constantino se bautizó, la tentación de jerarcas eclesiásticos de aliarse con el poder – sea local, nacional o mundial –  está siempre al acecho. Hubo cardenales Richelieu. Pero también hay obispos Romero. Ocurre en toda religión e iglesia.

Menos aceptables son todavía las manipulaciones interesadas que se hacen una y otra vez. ¡Hipócritas!, les diría Jesús. ¡Depositar la Biblia del Parlamento en el Arzobispado porque este gobierno es ateo y anticristiano! ¡Por favor!

Puede haber también despistes. La última columna de La Razón “mentiras piadosas” alaba a un obispo que se solidarizaba con mineros y perseguidos políticos en tiempos de dictadura, en línea con lo que aquí apoyamos. Pero le falló la fuente: varios de aquellos hechos a buena hora alabados corresponden a Mons. Manrique.

Viene al punto el testimonio de Lucho Espinal sobre su huelga de hambre en solidaridad con mujeres mineras contra Bánzer. Después de lamentar que “el Cardenal [Maurer] pactó con el gobierno, por su cuenta... sin escuchar detenidamente las propuestas de los huelguistas” aunque “luego retractó su actitud”, añadió: “En cambio, el Arzobispo [Manrique] de La Paz estuvo siempre de nuestro lado; nunca olvidaré su presencia silenciosa y doliente, pero participante, en una de las noches en que estaba preso. Finalmente su actitud firme y la amenaza de “entredicho” fueron factores que influyeron para solucionar el problema”.
Evo recordó a Espinal en el minuto de silencio con que empezó su mandato. Un sacerdote, hermano mío, hace poco lo llamó “trasnochado”. Gobernantes y eclesiásticos, que la Buena Nueva de Cristo nos lleve a “trasnocharnos” pero así.

(*) Xavier Albó es antropólogo lingüista y jesuita. 

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