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La Razón del 24-X-08 resaltó que “en boca de” Silvia Lazarte se oyó la expresión novedosa de jalla jalla, en vez del hoy tan extendido grito jallalla!, ‘¡viva!’. “Sin querer queriendo”,  la chaparrita, firme y leal Presidenta de la Asamblea Constituyente nos permite recuperar la castiza expresión andina jalla jalla que aparece ya en el diccionario aymara de Bertonio de 1612: se define allí como una interjección que significa ‘¡bueno está!’ (ahora diríamos: ‘¡qué bueno!’, ‘¡OK!’). Al hacerlo verbo significa: ‘dar las gracias al bienhechor’ o ‘el parabién al que hizo algo digno de loa’.

Así, jalla jalla y jallalla se complementan, y sintetizan muy bien el sentimiento que tenemos la gran mayoría de los bolivianos después de los intensos y eficientes diálogos que, tras el caos y la tormenta, culminaron en el gran acuerdo sobre un texto a ser llevado al referéndum. Saludaré con un ferviente jalla jalla a algunos actores clave de este proceso.
Los primeros son los marchistas indígenas de las tierras bajas quienes, en su cuarta marcha desde las comunidades más remotas y periféricas del país hasta La Paz (mayo-junio 2002), colocaron en el primer plano de la agenda nacional la necesidad de una nueva Constitución Política. Parecía un momento inoportuno, pues todos estaban entonces atareados en las elecciones generales realizadas pocos días después. Por el camino se les unieron otros andinos, como CONAMAQ, y lograron arrancar del Parlamento saliente una Ley de Necesidad de Reformas a la Constitución. Jalla jalla!

El nuevo gobierno de Goni la ignoró. Pero cuando, apenas un año después, tuvo que renunciar y “hacerse gas” ante las movilizaciones populares lideradas por la población de El Alto, la necesidad ya no de reformitas sino de una Asamblea Constituyente pasó a ser un tema central de la llamada “Agenda de Octubre”. Jalla jalla!

Aquella ley arrancada de un congreso moribundo por los marchistas del 2002, pasó a ser la base a partir de la cual el nuevo gobierno de Carlos Mesa, en abril 2004 arrancó de otro congreso moribundo los cambios constitucionales que después abrirán la puerta jurídica a la Asamblea Constituyente y también a los referéndums. Tras su renuncia, recién Rodríguez Veltzé convocó a un fugaz Consejo Preconstituyente que, a los pocos días, quedó desbordado por el triunfo electoral de Evo a fines de 2005. Agradezcamos con hidalguía esos tibios pero útiles pasos de ambos presidentes interinos.

El siguiente jalla jalla va para los Constituyentes de 2006 y 2007, sobre todo para aquellos de origen popular que traían tantas vivencias y sueños que por otra vía nunca habrían llegado a una Constitución. Éstos, junto con aliados de otros sectores, fueron la mayoría pero no dos tercios de una tensa Asamblea en la que tantos aprendieron de forma acelerada a articular aquellos vivencias con una visión de país, sobre todo desde que, superado el impasse de medio año por los 2/3, las 21 comisiones se pusieron a trabajar en serio. Un jalla jalla a quienes entonces más se brindaron a dialogar.


Aunque a muchos no les guste, mi jalla jalla va también para los que lograron que la criatura constitucional no muriera abortada, como la oposición más dura siempre pretendió y muchos analistas preanunciaron. Habría sido una terrible frustración. La Glorieta y Oruro funcionaron entonces como los dos brazos del fórceps que, en la emergencia creada por cuatro meses de bloqueo a las plenarias, salvaron a una wawita tan querida; y los movimientos sociales fueron, entonces y ahora, quienes se mantuvieron en vela durante tan delicada operación.
El último jalla jalla, muy cálido, va para tantos que han hecho posible el reencuentro y la tan resistida convocatoria al referéndum. Aquellos meses de bloqueo imposibilitaron la plena formación de la wawita, algo pendiente que ahora se ha logrado con diálogo y concesiones de ambas partes. El diálogo, iniciado en realidad ya en aquellos meses y culminado ahora en un Congreso, ha permitido que la wawa esté por fin sana y bien conformada. Por falta de espacio sólo resaltaré tres nombres clave: desde dentro, Carlos Romero, metido en el baile desde la marcha del 2002; y, desde afuera, Lula y Bachelet, cuyo liderazgo fue fundamental en la reunión de emergencia de UNASUR oportunamente solicitada por Evo. Jallalla!

 

*Xavier Albó es antropólogo lingüista y jesuita.

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