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Propuestas Económicas Productivas

Otra vez me toca escribir esta madrugada del viernes para que tú, caro lector, lo leas el domingo, y ¡qué domingo!, después de ¡qué martes en Kaywasi! ¡y de qué movidas, bloqueos y desfiles en las Fiestas Patrias del miércoles! ¿Qué puedo escribir esta madrugada, después de los cierres de campaña de anoche, sin saber aún qué pasará hoy y mañana sábado, para que tú lo leas el domingo? Así de rápidas y cambiantes son nuestras coyunturas...

No sé si al leer esta notita tú ya habrás emitido tu voto para sacar o confirmar a tu Presidente y a tu Prefecto. O tal vez has decidido no pronunciarte para que sean los otros quienes decidan por ti. O tal vez estás indignado (o quizás alegre) porque después que unos hicieron declaraciones y contradeclaraciones, algunos bloquearon un aeropuerto tras otro, alguien habrá decidido y logrado boicotear en tu lugar este plebiscito popular sugerido en diversos momentos por Manfred, por Evo y, más recientemente, por Tuto y su gente en la anti-carambola del siglo. Desempolvaron el Proyecto de Ley para ponerlo a votación en el Senado, controlado por ellos, como su jugada maestra contra el Gobierno y para retomar el liderazgo de Podemos dentro de la oposición. Pero la bancada oficialista recogió el guante tan rápidamente que la Ley se aprobó por unanimidad.

Eso de bloquear nada menos que aeropuertos parece que ahora es más fácil que bloquear caminos, porque ya ni se necesita capacidad de convocatoria. Bastan unos cuantos exaltados y dependientes, alguna maquinaria pesada y -eso sí- dinero y un buen respaldo de los caciques locales. Esa vez contaron además con el bien sincronizado y explosivo bloqueo en el nudo caminero estratégico de Kaywasi, realizado por mineros de Huanuni instigados por Jaime Solares, de tan sospechosos antecedentes. Bloquear tantos aeropuertos, entorpecer tantos viajes presidenciales incluso internacionales y hacer tantas otras acciones desestabilizadoras en las mismas fechas, en vísperas de un nuevo acto plebiscitario, denota capacidad y recursos para complotar. ¿Pero es muestra de esa democracia tan proclamada por sus autores? ¿O es miedo ante una consulta popular que de antemano ya parecen dan por perdida?
Algunos prefectos que apenas cuatro meses antes armaron referéndums para sus estatutos autonómicos prescindiendo de la Constitución y de la legislación vigente, se rasgan ahora las vestiduras por ese nuevo referéndum que fue tan rotundamente retomado y aprobado por su propio aliado mayor y lo tildan ahora de ilegal e inconstitucional, ese rasgo en que ellos mismos fueron tan expertos. Tan poco confían en que la gente les vaya a ratificar este domingo 10, que optan más bien por entorpecer el evento. O, de manera vergonzante, quieren borrar lo de “ratificarles” o “revocarles” a ellos mismos para transformar el acto en un referéndum sin referente sobre una idealizada “autonomía”.

Esperemos que, pese a esos cuestionamientos, el referéndum transcurra en tranquilidad. Desde un principio no me sentí muy partidario de ese referéndum, que no llega al fondo de los problemas. Pero las circunstancias nos lo han puesto así y a estas alturas es mejor realizarlo que sabotearlo por la fuerza.

Apoyo totalmente a la Corte Electoral nacional y departamentales en lo de haber definido el 50% + 1 para declarar que puede revocarse a un prefecto, aunque ninguno de ellos hubiera conseguido antes tal votación (dado que competían con varios candidatos). Distinto es el caso del Presidente y Vicepresidente, quienes en 2006 efectivamente consiguieron un 53,7% arrasando con todos los demás candidatos. Como dijo Carlos Alarcón, ante la incapacidad del Parlamento para solucionar un asunto tan vital, hicieron lo correcto con tal precisión. Mejor sería una Ley revisada. Pero, al no haberla, éste es el mal menor. Tiene cierto parecido con lo que hizo el Presidente Rodríguez Veltzé en 2006 ante un impasse para la asignación de nuevos escaños en el Congreso.   

Y sobre todo espero, deseo e imploro que, una vez definida la nueva correlación de fuerzas con esta consulta directa al Soberano, nos sentemos finalmente a dialogar en serio. Que acabe por fin la juerga y la guerra de posiciones y nos pongamos a construir juntos un país justo e inclusivo para todos.


(*) El autor es jesuita, antropólogo e investigador de CIPCA

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