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Propuestas Económicas Productivas

La agricultura a nivel mundial en el año 2007 presentó un contexto particular. De acuerdo con el último informe de Perspectivas Alimentarias de la FAO (febrero 2008), los precios internacionales de la mayoría de los alimentos están altos y seguirán subiendo en un mediano plazo. Se espera que la demanda de cereales se incremente por el crecimiento del consumo humano y de animales, la demanda de agrocombustibles y los efectos del cambio climático. Este nuevo panorama cambiará las formas de producción de las familias rurales ¿Cómo afectará este fenómeno a las mujeres rurales bolivianas y cómo ellas se adaptarán a estos procesos de cambio?

Existe escasa información de las mujeres rurales, el análisis realizado por la FAO para Bolivia (“La situación de la mujer Rural en Bolivia”, FAO 2003) menciona que para el año 2001 un 25,4 por ciento de las familias rurales tenían como jefa de hogar a una mujer. También menciona que en el caso de Potosí, donde hay mayor jefatura femenina, podía deberse a la migración masculina. Lo cierto es que cuando los hombres emigran, definitiva o temporalmente, son las mujeres quienes soportan la carga laboral.

Son diversos los roles que asumen las mujeres en el mundo rural, participan en diferentes maneras en la agricultura y en otras actividades que les generan ingresos. La mayoría de las mujeres del área rural se encuentran como trabajadoras familiares en la agricultura (54%), especialmente en la postcosecha y en el cuidado de los animales menores (FAO 2004).

Para diversificar sus ingresos, las mujeres trabajan en actividades como la artesanía, la transformación de productos agrícolas y su comercialización. Asimismo, la presión por una mayor producción y productividad hace que cada vez más mujeres se contraten en la agricultura para determinados trabajos como recolectoras, cosechadoras o quebradoras de castaña, con la consecuente discriminación del jornal en relación con sus compañeros hombres.

Cuando los ingresos generados en el sistema agropecuario familiar o asalariado no son suficientes, las mujeres emigran en busca de mejores opciones laborales, generalmente hacia el área urbana, existiendo, de acuerdo con el citado informe (FAO 2003), una mayoría femenina (53,31%). En los últimos años, sin embargo, se ha dado una mayor migración femenina hacia el exterior; aunque no existen datos nacionales, en España, de los 69.467 inmigrantes bolivianos registrados el año 2006, el 55% eran mujeres (INE España 2006).

Se presenta una encrucijada para la mujer rural, la agricultura le demandará más horas de trabajo como mano de obra familiar o contratada, pero en condiciones salariales desiguales en relación con los hombres y sin desligarlas del cuidado de la familia y el trabajo doméstico. Por otro lado, si los ingresos generados por estas mujeres en las actividades agrícolas no son suficientes, seguirán creciendo las cifras de la migración feminizada, particularmente hacia el exterior alejando en algunos casos, madres y jefas de hogar, de sus hijos.

Es necesario reflexionar sobre estos cambios y los posibles efectos que se puedan dar, intentando por un lado alivianar las tareas de las mujeres en la agricultura y en el cuidado de la familia, disminuyendo las brechas de discriminación salarial y, por otro lado, intentar que las familias campesinas regentadas por mujeres logren obtener beneficios de las actividades rurales.

 

(*)Economista Cipca- REMTE Bolivia

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