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Propuestas Económicas Productivas

La cultura entre los pueblos de Mojos está nutrida de un calendario festivo donde la reciprocidad actúa como un componente social esencial en la reafirmación del sentido de colectividad de estos pueblos. Este amplio calendario festivo1, está cargado de simbolismo espiritual alusivo a los principios de la fe cristiana, pero también son una evocación a lógicas ancestrales de relación del ser humano con el territorio en conjunto y con cada uno de sus componentes materiales constitutivos: monte, pampa y agua, como espacio integral de reproducción material y espiritual.

La caza, la pesca y la representación de los espíritus protectores del entorno ecológico (“dueño del monte”, “dueño del agua”) están manifiestas en la coreografía y la indumentaria de las danzas, en el mensaje de los cantos autóctonos y en los instrumentos nativos que dan expresividad sonora a las voces culturales y naturales de su hábitat: el territorio. Asimismo la agricultura tiene también en concreto dos espacios festivos, asociados a dos momentos capitales en la doctrina cristina: Navidad y Domingo de Ramos, donde a diferencia del resto de las festividades en las que se confluye en torno al ofrecer o dar el producto recibido de la tierra, del monte y del agua, en estas dos es de solicitud: se solicita factor climático propicio para el proceso productivo, se pide protección ante las plagas que atacan a los cultivos, se pide en definitiva buena producción para el sustento y para después volver a dar de eso mismo que se es favorecido, para volver a compartir y a celebrar; con lo que se cierra el ciclo de la reciprocidad. Pero, como acabamos de ver, estos vínculos del ciclo de la reciprocidad no se circunscriben al hecho meramente social, sino más bien tiene un sentido más holístico.

Ambas festividades son complementarias en función al ciclo agrícola: en Navidad las familias efectúan una representación de siembra de los productos más tradicionales (arroz, maíz, yuca, plátano), buscando que la divinidad les sea propicia. Simbólicamente siembran en vasijas pequeñas y lo llevan frente a la capilla o lo siembran en espacios públicos, fuera del ámbito privado, nadie lo hace directamente en su chaco, por ejemplo. Se trata de una solicitud de carácter colectivo, hecho que tiene completa coherencia con el sentido de colectividad de la vida comunitaria, pese a que se trata de una producción familiar, y esto en razón que una parte de la producción de cada familia también beneficiará al resto, se hará la redistribución traducida en chicha o en comida que cada quien en función a su disponibilidad de productos invita al resto en cada festividad.

Luego se espera el mensaje de la divinidad, si los productos sembrados en las pequeñas vasijas nacen bien y crecen con vitalidad, entonces habrá buena producción para la familia, para la comunidad y es motivo de regocijo, de celebración. Pero si la semilla no nace toda o las plantitas se muestran débiles, entonces la producción estará expuesta a los efectos negativos de las inclemencias climáticas (inundaciones o sequías) y ataque de plagas; entonces hay tristeza, aunque siempre queda la esperanza que la naturaleza es pródiga y habrá pesca y caza, habrá recolección y probablemente habrá espacios en los que la reciprocidad permitirá compartir en otras comunidades.

Pero en función a un ciclo de rotación y/o asociación de cultivos, la tierra en Mojos produce todo el año. En este sentido, para esta misma festividad (navidad) la iglesia de San Ignacio de Mojos y las capillas de las comunidades se colman de productos agrícolas propios de la temporada como ofrecimiento a la divinidad, de modo que el ciclo de la reciprocidad también se completa en la relación con lo intrascendente, se pide buena producción agrícola, pero también se ofrece productos en ese mismo ámbito.

En Domingo de Ramos nuevamente está presente de manera manifiesta la relación con la producción agrícola: en la sede del Gran Cabildo Indigenal de San Ignacio de Mojos (la organización más representativa y tradicional de los pueblos indígenas de la región), se hace la fiesta de las palmas (donde la población asiste con hojas de palmera adornadas de cintas multicolores, en alusión al recibimiento de Jesús), además se prepara justo a la entrada al recinto señalado, la imagen de un burrito tallado en madera2, cargado de productos agrícolas, acomodados de tal manera que resaltan diversidad y abundancia, puesto que el lomo del animal queda colmado de estos productos (arroz en espiga, maíz maduro en espigas, choclos fresco, caña de azúcar, plátano, guineo y toda la variedad de frutas de temporada, tradicionales de la dieta mojeña), lo que expresa abundancia de producción para la autosuficiencia alimentaria; abundancia de gratitud por lo condescendiente que fue la tierra, el clima, la divinidad; abundancia de reciprocidad de estos pueblos.

Para navidad es la época de solicitud para que la divinidad sea condescendiente, porque es la fecha de nacimiento y para Ramos es la fecha de la ofrenda, la del dar, así se cierra el ciclo del don, de la reciprocidad, porque ahí se ofrece una parte de lo recibido, y se lo hace ofreciendo al que llega (en este caso se trata de la llegada de Jesús), como cuando días después, en jueves santo y conmemorando la última cena, las familias indígenas llevan y ofrecen en el Cabildo comida en abundancia para todo el que llegue, para el público presente; tal como cuando se recibe al que llega de visita en las fiestas patronales de cada una de las comunidades de Mojos, o como se lo hace en la fiesta de San Ignacio de Mojos, donde el dar se expresa como un hecho total de la cultura nativa mojeña.

(*) El autor es Sociólogo de Cipca Beni.

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1. 16 festividades establecidas en su calendario anual, esta intensa actividad demanda de parte de los miembros del Cabildo Indigenal un total de 235 días en preparativos u organización, además de otros 20 días correspondiente a la realización misma de dichas fiestas, lo que representa en total el 70% de los días del año.

2. En alusión al burrito que transportó a Jesús, pero al mismo tiempo, así lo indican, también alude a los camellos que llevaron ofrendas a Jesús en su nacimiento.

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