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Propuestas Económicas Productivas

El año 2007 marcó un periodo excepcional para los mercados internacionales de productos agrícolas. Los precios de maíz, trigo, arroz y varios otros productos llegaron a su punto más alto desde hace muchos años. Por un lado, la subida actual es resultado del crecimiento económico en países como China e India. Los mayores ingresos hacen cambiar la dieta de la población, expandiendo la demanda de carne, la cual fomenta la producción de cereales para alimentar un creciente hato de animales. A esto se agrega la demanda floreciente de materias primas agrícolas para la elaboración de agrocombustibles. Desde el año 2000, el uso mundial de cereales para alimentación humana y de animales se incrementó en 4% y 7% respectivamente, mientras que para fines industriales – tal como agrocombustibles – creció en 25% (FAO citado en IFPRI, 2007).

Esta creciente demanda de productos agrícolas, particularmente de cereales, puede ser contestada con una expansión de la producción. Sin embargo, la producción agrícola se enfrenta con el impacto del cambio climático, una creciente competencia por tierra y agua, y elevados precios de energía que aumentan los costos de producción. Todos estos factores contribuyen a que se espere una posible reversión de la tendencia a la baja que registraban desde hace tiempo los precios agrícolas en los mercados mundiales.

Esta nueva tendencia tendrá tanto ganadores como perdedores. En esta última opción se sitúa la población pobre urbana para la cual el gasto en alimentos incide fuertemente en el costo de su canasta familiar. Entre los posibles ganadores se cuentan los productores agrícolas rurales. En teoría, una subida continua de los precios de los productos agrícolas podría tener un impacto positivo en la situación económica del productor campesino, mejorando sus términos de intercambio con el resto de la economía. Para que la subida de los precios sea una realidad para el agricultor boliviano, este incremento debe reflejarse en los precios nacionales; pero esto no necesariamente significa que sea el pequeño productor el que realmente se beneficie, o que el impacto de este beneficio sea significativo en sus ingresos.

 

Subida de los precio nacionales

Tomando el trigo, el maíz y el arroz como referencia, los precios a nivel nacional estarán relacionados con los precios internacionales en la medida que estos mercados están integrados al mercado internacional. En el caso del trigo, Bolivia tiene una alta dependencia de las importaciones para abastecer el consumo nacional. El precio internacional influirá directamente en el precio nacional. El precio de trigo en los EEUU tuvo una subida espectacular disparándose en el 2007 a más del doble que en 2006. En el ámbito nacional los precios tomaron el mismo rumbo al alza desde la segunda mitad del 2007, aunque no en la misma proporción. Mientras que en mayo la agroindustria del Oriente ofreció todavía 166 USD por tonelada, el precio subió hasta 250 UDS en diciembre. En el mercado mayorista del trigo pelado – mercado local de menor importancia – la influencia del precio internacional parece ser menor. No obstante, se puede observar también un incremento del 25% entre junio y octubre del año pasado.

Si hablamos del maíz, la producción interna logra abastecer la demanda nacional, siendo el comercio externo relativamente modesto, al menos eso se observa entre 2000 y 2005. Desde 2006 las exportaciones oficiales se multiplicaron, superando las 20 mil toneladas en 2006 y 2007 en comparación con un promedio de menos de 5 mil toneladas entre 2000 y 2005. Esto concuerda con lo dicho por el Gerente de PROMASOR, Mamerto Cortez, de que recientemente en los últimos dos años el precio del maíz se ha relacionado con el precio internacional y que  tradicionalmente no lo estaba.  Se observa que los precios ofrecidos por la agroindustria cruceña y los observados en los mercados mayoristas en las principales ciudades, se incrementaron en más del 50% desde finales del 2006, lo que indica que el precio nacional está relacionado con los precios internacionales.

La producción nacional de arroz cubre en más del 90% la demanda en el país, el restante porcentaje es cubierto por importaciones y el contrabando (El arroz en Bolivia, CIPCA 2007). La variación del precio está ligada fuertemente a los factores que afectan a la producción; por ejemplo, la dramática subida del precio de arroz en los mercados bolivianos en 2007 – el precio ofrecido por la agroindustria cruceña para el arroz grano largo entre enero y diciembre se incrementó en más del 100%, mientras el precio del arroz Carolina en los mercados mayoristas subió en el 74% en el mismo periodo –fueron resultado de la escasez del producto por las perdidas en la producción nacional causada por las inundaciones durante la campaña 2006-2007.

La entrada de Bolivia al MERCOSUR a finales de la década pasada ha significado que los precios nacionales se vean más influenciados por los precios internacionales; las mayores importaciones oficiales, además del contrabando, funcionan como mecanismo de transferencia de precios, particular¬mente en periodos de déficit nacional.

 

Y el beneficio del productor campesino?

Bajo la hipótesis de que el crecimiento sostenido del precio de los productos agrícolas a nivel internacional se refleje en el mercado boliviano, se mantiene la duda de si el pequeño productor campesino se va a beneficiar de esta tendencia. Esto depende de hasta que punto el productor puede captar una parte de la subida del precio, lo cual está relacionado con su poder de negociación en relación a los otros actores en la cadena.

Una primera exploración sugiere que el pequeño productor actualmente puede aprovechar los altos precios. En el mercado regional de Cliza, Cochabamba, el precio del maíz amarillo que se paga al productor, llega actualmente a 750 Bs/fanega, un dato sorprendente en comparación a los 380 Bs/fanega que se pagaba en 2006 en el mismo mes; se paga un precio de 450 Bs/fanega para el trigo México en comparación a 370 Bs/fanega en 2006. Aunque parte de esta subida puede tener su origen en los eventos climáticos actuales, probablemente refleja  también la subida global de los precios.

Se debe tomar en cuenta que los precios actuales no corresponden a precios de época de cosecha cuando la mayoría de los pequeños productores venden para tener disponibilidad de efectivo y/o pagar sus deudas. En época de cosecha los precios tienden a bajar debido a la gran oferta del producto. Generalmente son los otros actores de la cadena o los grandes productores quienes pueden esperar a obtener los precios más altos.

Los productores asociados, que además se organizan para dar valor agregado a su producto, tienen más posibilidades de apropiarse de la subida de los precios. El proceso de transformación les posibilita eliminar ciertos eslabones en la cadena, captar un mayor porcentaje del precio del producto final y optimizar los momentos de venta del producto transformado. Así la asociación de productores de trigo APT-Cochabamba que transforma el trigo en harina integral, recibió a finales de 2007 hasta 135 Bs/qq de harina en comparación a 85 Bs/qq hace dos años. Francisco Fermin, ex-presidente de la APT-Cbba, comentó además que el pequeño productor asociado a la APT antes recibía 60 Bs/qq y que a finales de 2007 se le pagaba por su producto hasta 100 Bs/qq.

La vulnerabilidad de los productores campesinos a factores climáticos adversos, es otro de los factores que pueden incidir a que, a pesar de que son buenos tiempos para los cereales, quizás no lo sea para el pequeño productor puesto que no puede asegurar una buena cosecha para vender a estos precios. Otro aspecto que va en desmedro de su beneficio es que la subida de los precios de productos básicos como harina, fideos, aceite, arroz les afecta al disminuir su ingreso disponible.

Es importante considerar que el sistema de generación de ingresos de la familia rural campesina es bastante complejo por lo que resulta difícil generalizar que “el pequeño productor” es un ganador o perdedor neto. La familia campesina tiene una economía diversificada entonces, la subida del precio de un(os) cultivo(s), no necesariamente tendrá un fuerte impacto en el total de sus ingresos. Por otro lado el grado de comercialización o de autoconsumo de la producción agrícola varía de una familia a otra; por lo que el impacto de los precios no les afectará en la misma medida. Y, no debemos dejar de considerar que las fuertes interrelaciones rural-urbanas de la familia extensa, convierten a menudo al productor rural también en consumidor urbano.

En conclusión, una nueva tendencia al alza de los precios agrícolas puede crear un ambiente favorable para los productores campesinos bolivianos impactando positivamente sus ingresos agrícolas. Sin embargo, no es cierto que los pequeños productores sean ganadores netos de esta tendencia en cualquier contexto. El efecto positivo dependerá de su capacidad de apropiarse de la subida, de presentar excedentes productivos al mercado en momentos de altos precios y de su dependencia de los mercados para conseguir su seguridad alimentaria.

 

(*) Economistas de la Unidad de Acción Política de CIPCA

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