Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural

 

Propuestas Económicas Productivas

Suele ser común referirse a la población rural, sobre todo a la campesina indígena, como “población pobre”. Lo primero que habitualmente se resalta son sus carencias materiales, sus limitaciones en diversos aspectos. No es que queramos esconder situaciones de este tipo que, sin duda, existen en las comunidades rurales. Lo que queremos aquí, más bien, es subrayar sus potencialidades, su riqueza en diversos aspectos y dimensiones (culturales, organizativas), sus mecanismos de reciprocidad y colaboración, la diversidad de recursos con que cuentan, sus habilidades y destrezas, sus conocimientos en diferentes campos, etc., particularmente su condición de productores y productoras. Ignorar estas facetas es también otra forma de discriminación, de exclusión.

En el contexto actual de tensiones y conflictos socio-políticos en diferentes regiones y zonas, se han explicitado formas diversas de manifestaciones y acciones de discriminación, violencia y racismo –condenables desde todo punto de vista-, que han concentrado la atención del país en estos meses. Por esto mismo, han quedado en segundo plano importantes medidas como la del III Censo Nacional Agropecuario. En efecto, el gobierno ha promulgado hace más de un mes el Decreto Supremo para la realización de dicho censo, y lo ha presentado públicamente en estos últimos días de junio.

Es una decisión muy acertada llevar a cabo el censo -que desde CIPCA veníamos proponiendo desde hace varios años-, pues son casi 25 años desde que se efectuó el último y, actualmente, no se cuenta con información actualizada y confiable sobre la producción agropecuaria en el país. Esto pone en dificultades a autoridades de diferentes niveles, a organizaciones de productores de diversos tipos, a instituciones públicas y privadas y a la cooperación internacional, a la hora de formular e implementar políticas, planes, programas y estrategias de desarrollo agropecuario en diferentes niveles y rubros. Esperamos que el censo ahora programado cuente con la activa participación de todos los sectores involucrados y refleje la real dimensión de la producción agropecuaria.

Será muy útil saber cuánto aportan a la economía, a la alimentación de la población y al empleo, las actividades económicas de las mujeres y los hombres del mundo rural boliviano: de los productores de maíz de Tupiza, Torotoro, Monteagudo y Charagua; de quienes se dedican a la crianza de camélidos en el altiplano sur, centro y norte; de los productores de arroz de Mojos, Guarayos, Alto Beni y Chapare; de los productores de durazno en los valles de Cochabamba y Valle Grande; de los viticultores de Tarija, Camargo y Cotagaita; de las productoras de queso de Viacha, Collana, Carracollo y Challapata. Igualmente importante será disponer de información acerca de la recolección de bosque (castaña, cacao, asaí, majo, copoazú, entre muchos otros) en Baures, Puerto Rico, Riberalta, Guayaramerín. No olvidemos la pesca con fines comerciales y de autoconsumo en los ríos de la amazonía, el Chaco y en los lagos Titicaca y Poopó; tampoco, la producción de artesanía en Tajsara por las mujeres chapacas o las mujeres guarayas y guaraníes, especialistas en el tejido de las hermosas hamacas en Guarayos, Urubichá o el Isoso. No dejemos de lado la recopilación de datos sobre los cultivos ampliamente diversificados en la mayoría de las unidades productivas, para conocer su cuantificación, su forma de organización, etc.

En fin, tomar en cuenta a mujeres y hombres del área rural en su condición de productoras y productores –antes que con el rótulo de “pobres”- será otra forma de superar la discriminación y la exclusión, de valorar su aporte a las cuentas y a la riqueza nacionales para que, a partir de los resultados, también ellos puedan recibir beneficios y atención con políticas, acciones e inversiones orientadas a sentar bases económicas más sólidas y con perspectivas a largo plazo.

El mismo Estado estará en condiciones de sustentar mejor las políticas y estrategias de producción agropecuaria, impulsar la seguridad alimentaria y negociar en mejores condiciones los tratados comerciales.

He ahí la importancia del III Censo Nacional Agropecuario.

 

 (* ) El autor es Director General de CIPCA.

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