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Propuestas Económicas Productivas

Hace menos de un mes mi columna se titulaba “tejiendo diálogos y puentes”, después de aquella semana “intensa, visceral, para infartos, de empecinamientos y temores”. La semana que hoy concluye, cuando el 2008 es todavía niño, ha sido también intensa pero cordial, abierta a escuchar a los otros, franca en lo que se ha dicho, constructora de esperanza crítica.

Ha sido una semana presta a tender puentes. En realidad, a tejerlos, porque se trata de una encrucijada de muchos puentes con tramas y urdimbres que tienen que irse entrelazando con grandes dosis de sueño compartido y de voluntad, humildad y escucha para que de ahí surja un nuevo país viable que nos acerque al que soñamos.

Bajemos a lo operativo, a eso que llaman “el arte de lo posible” que, de todos modos, tiene que ir siempre alimentado y estimulado por una utopía. Abundando en lo mucho que ya se ha dicho y escrito estos días, me limitaré a expresar mi punto de vista en un aspecto fundamental.

Ante todo, el hecho de que el encuentro madre haya sido entre el Presidente con su equipo y los nueve prefectos, ha sido muy oportuno, porque ese es, en este momento, el puente de los puentes. Ya no es sólo un puente trillizo sino “nueve-llizo” y con un anillo circular en el centro, que pueda ir articulándolo todo hacia una creciente convergencia.

Un elemento estructural clave de los problemas vividos es el vacío mal resuelto que se creó después de las históricas elecciones de diciembre 2005, las primeras que fueron dobles: generales y prefecturales. La mayoría del país, absoluta y contundente como nunca, apostó por Evo y el MAS. Pero al nivel departamental, más operativo, esos mismos electores dieron su confianza, en la mayoría de los casos, a prefectos de otras líneas. Nos decían: votamos por vd. pero también por otro.

Era un avance que fuera el pueblo quien elegía a su prefecto, gobernador o como quiera llamársele. Y se necesitaron figurillas para encajarlo en la Constitución vigente. Lo mismo ha estado ocurriendo esos años, por ejemplo en Perú y Ecuador. Pero desde la elección, hemos vivido un permanente tira y afloja para fijar o ganarse las nuevas atribuciones de este cargo, cualitativamente distinto de un funcionario nombrado directamente por el Presidente. De por medio se jalaban otros muchos intereses políticos y económicos.

El último capítulo del forcejeo es entre la nueva Constitución ya lavada y fumigada, con todos los bemoles del caso, pero aún no sacramentada, y los estatutos lanzados ya a la cancha por algunos departamentos de la Media Luna, al margen de la Constitución actual y descalificando la que ya casi está gestada pero de la que PODEMOS y afines se desentendieron desde agosto.

Aquel walk over deliberado no puede resolverse exigiendo ahora partir de fojas cero. Tampoco es la vía trancarse diciendo que el nuevo texto ya está sellado. Pasen esas expresiones como retóricas. Pero no más.

El nuevo puente tendido esta semana entre Evo y representantes del Comité Suprapartidario, para trasmitirles lo que escuchó de los prefectos, da la pista. Cuando las plenarias de la Constituyente estaban bloqueadas en Sucre, ese Comité de constituyentes fue vital para seguir concertando textos y, gracias a ello, el resultado de aquellas sesiones finales, aceleradas por las circunstancias, aunque anómalas no fue tan arbitrario. No fueron tampoco detallitos algunas de las modificaciones de última hora incorporadas por la Comisión revisora antes de pasar el texto al Presidente; por ejemplo, retornar a las dos cámaras legislativas.

Los constituyentes tienen aún una última sesión pendiente, tras conocerse los resultados del referéndum sobre el tamaño máximo de las propiedades agrarias, y ahí cabrá incorporar formalmente los últimos ajustes, esperemos que con la presencia de quienes se marginaron desde agosto. No se trata de abrir de nuevo una caja de Pandora, pero sí de llegar a un mayor punto de encuentro, sobre todo en esa bisagra necesaria entre la nueva Constitución y las autonomías, tanto departamentales como indígenas, que son las piezas fundamentales del nuevo diseño estatal.

 

Que al precisar ese paso ahora cada uno se meta en el pellejo del otro.

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